José Ramón Frutos

José Ramón Frutos

José Ramón Frutos, odontólogo valenciano de 39 años, es, pese a su juventud, uno de los miembros más veteranos de nuestra familia, ya que se vinculó a Odontología Solidaria siendo todavía estudiante, y llegó a ostentar cargos de gran responsabilidad en la entidad. Hoy en día, dirige su propia clínica privada, y se mantiene como socio de la Fundación.

— Te implicaste en Odontología Solidaria cuando todavía estabas en la Facultad. ¿Cómo fue?

— Sí, estaba estudiando tercero de Odontología. Hablamos de 1997. Fue porque unas compañeras de clase acudieron a una reunión con un dentista de aquí de Valencia, que era Modesto Revert Bravo. Yo acudí con ellas a esa reunión en la Facultad de Odontología, y allí empezamos a fraguar el proyecto.

— ¿Qué te motivó a acudir a aquella primera reunión y a vincularte al proyecto?

— Siempre he estado vinculado a temas sociales y demás. Y como estaba estudiando, me pareció una buena idea.

— ¿Cómo se consiguió abrir la Clínica Solidaria de Valencia?

— Estuvimos unos años en los que solamente nos reuníamos. Íbamos recaudando dinero, hasta que por fin conseguimos un local, y el mobiliario de la clínica, que nos cedió un dentista de Alicante que se jubiló. Con este material y el dinero recaudado, montamos la Clínica Solidaria donde todavía está hoy día, en la calle Balmes de Valencia. Abrimos en el año 1999.

— ¿Y qué tal esos inicios?

— Fueron muy bonitos, pero también muy duros. Hubo que trabajar muchísimo. Modesto estuvo de delegado el primero, y luego lo fui yo. Dedicábamos muchas horas, tanto de trabajo en clínica como de papeleo, porque teníamos que pedir subvenciones y ayudas, recaudar dinero, hacer socios, dar a conocer Odontología Solidaria. Hicimos un montón de charlas que daban los compañeros. Enseguida se corrió la voz y empezaron a colaborar muchos dentistas, la verdad es que tuvimos bastante ayuda.

— Por lo tanto, ¿consideras que este es un sector solidario?

— A partir de mi experiencia creo que sí. Hombre, no todo el mundo está motivado, pero creo que hay gente que es solidaria de muchas maneras. No se trata solo de ir a colaborar a la clínica, hay personas que no podían pero nos daban aportaciones, o colaboraban puntualmente… Yo me he encontré con muchísima gente, con profesionales muy buenos que colaboraron con nosotros. Es cierto que eso son etapas de la vida, porque a la larga puede hacerse pesado y la gente puede acabar abandonando, pero yo sí creo que hay una importante actividad solidaria en la odontología.

— Estuviste también un tiempo en el Patronato. Háblanos un poco de tu experiencia.

— La verdad es que estuvo muy bien. Conocí a gente de toda España bastante interesante. Al principio estábamos un poco encajonados en Valencia, pero al entrar en el Patronato hacíamos reuniones con gente de todas partes. Ya no era solo por la actividad solidaria, sino por formar parte de un equipo que funcionaba bastante bien.

— Por lo que dices, se deduce que había un aspecto de “familia”, por así decirlo.

— Exacto, sí. Había esta parte de familia, porque había a gente que tenías las sensación de conocer como si fueran amigos tuyos desde hacía muchísimo tiempo. Me acuerdo mucho de José Manuel Díaz López-Dóriga, de Burgos, una persona fantástica que me alegro de haber encontrado.

— ¿Cuanto tiempo estuviste implicado tan activamente a la clínica de Valencia?

— Unos ocho años. El proyecto fue creciendo luego muchísimo, porque teníamos ya algunos trabajadores contratados. Entonces, tenías que dedicar un montón de horas a hacer tu labor como odontólogo, pero también a reuniones, al papeleo, a dirigir algunos aspectos como si fuese ya una empresa… creció muchísimo y llegó un momento en que yo me sentí un poco saturado, pero la verdad es que todo el esfuerzo mereció la pena. Por supuesto que mereció la pena.

— ¿Qué fue lo mejor de esos años?

— Lo mejor, sin duda, fueron los pacientes. De eso no cabe duda. Ver a un paciente satisfecho, ver a una persona que necesitaba un tratamiento y que se lo has podido realizar sin que ella tuviera que costearlo, es una gratificación importante. El agradecimiento de los pacientes ya merece la pena.

— Para acabar, ¿aconsejarías a un estudiante de Odontología, como lo eras tu cuando nos conociste, que se acercara a la Fundación? ¿Qué argumentos le darías?

— Sí. Le diría que va a aprender varias cosas. Primero, el trato con los compañeros. Pasa mucha gente, y captas conocimiento de todo el mundo. Y segundo, va a aprender a tratar con las personas, con unos pacientes muy determinados que a veces tienen muchos problemas, y necesitan que alguien les escuche. No se trata solamente de hacer tratamientos odontológicos, a veces hay que aplicar un poco de psicología. Van aprender a tratar pacientes del mundo real, lo que les va a venir muy bien.

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