Alejandro Leirós

Alejandro Leirós, odontólogo de 24 años, se licenció en junio de 2016. Vive en Pontevedra, pero recorre a menudo la distancia desde la ciudad donde reside hasta A Coruña para hacer voluntariado en nuestra Clínica Solidaria. En esta conversación, ahondamos en su trayectoria en nuestra entidad y los motivos de su vinculación a Odontología Solidaria.

— ¿Desde cuando eres voluntario en la clínica de A Coruña?

— Fui un par de veces como higienista cuando estaba estudiando el último año de carrera. Luego, al terminar los estudios, empecé a trabajar como odontólogo en una clínica de Madrid, que es donde estudié. Al regresar a Galicia, me incorporé a la clínica de A Coruña.

— ¿Cómo supiste de Odontología Solidaria?

— Por internet. Hace ya tiempo, la clínica todavía no estaba abierta. Me puse en contacto con la central, y me conectaron con la gente de A Coruña. Fui a conocerlos, y a ver donde se instalaría la clínica. En esa época todavía estaba estudiando en Madrid. Fue mi primer contacto.

— ¿Qué te motivó a contactar con nosotros y, más tarde, implicarte como voluntario?

— Siempre me atrajo la idea de hacer algo así, de ayudar. Quería echar una mano, y lo de viajar al extranjero haciendo un voluntariado no me atraía. Cuando descubrí Odontología Solidaria pensé que era ideal para mi, porque me permitía hacer un voluntariado cerca de casa, atendiendo a la gente de aquí que necesita ayuda.

— ¿Con qué frecuencia vas a la clínica?

— Actualmente voy dos días a la semana. Un día entero, y una tarde.

— Desde de Pontevedra a A Coruña hay un buen trecho. ¿No es mucho trajín?

— Yo voy a gusto. El viaje en tren se me hace muy rápido. Y, en todo caso, me compensa el viaje. A parte de hacer la labor que hacemos con los pacientes, allí hay un ambiente de trabajo inmejorable. Los voluntarios somos como una piña, sé que me lo pasaré bien.

— ¿Qué hay del trato con los pacientes?

— Los pacientes son agradables, simpáticos. Son personas muy agradecidas. Por lo general yo me dedico a hacer prótesis dentales, y eso implica una relación larga con el usuario, aproximadamente mes y medio. Te da tiempo de ir charlando, de conocer a la persona y de coger confianza. Te encuentras con personas que han pasado por situaciones muy duras, y eso te da perspectiva. Te das cuenta de que no todo en la vida es tan fácil como hayas podido tenerlo tu. Impresiona bastante, pero escuchando esas experiencias aprendes lo que es la vida… Al final del tratamiento, ves lo contentos que están con dientes, y ese momento es el que más me gusta: lo disfruto y es algo que me llena. Yo soy odontólogo porque me gusta lo que hago, nunca hice la carrera solamente para ganar dinero. Evidentemente, hay que ganar dinero para vivir, pero al margen de eso me gusta ayudar a la gente.

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