Entrevistas

“La solidaridad llena un hueco que todos tenemos en el corazón”

Carlos Lucas

Carlos Lucas, médico estomatólogo de 67 años de edad, mantuvo operativa su propia clínica dental en Albacete durante 35 años. Se jubiló en febrero de 2015. Aunque ya no ejerce como dentista al estar dado de baja en el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos albaceteño, sigue vinculado al mundo odontológico colaborado en la Clínica Solidaria de la ciudad castellano-manchega, donde presta ayuda técnica. Esta es su historia.

— Colaboras en la Clínica Solidaria de Albacete desde muy al principio. ¿Cómo empezó todo?

— Yo estaba en Inglaterra para celebrar el cumpleaños de mi única nieta, y leí en la edición digital de La Tribuna de Albacete que al cabo de unos meses abriría la Clínica Solidaria. En cuanto llegué a Albacete establecí contacto con María Dolores Cuenca para ofrecerme como colaborador en el aspecto práctico: subsanar averías técnicas de poca importancia, colocar el letrero de Odontología Solidaria… cosas así. Como no puedo ejercer como odontólogo, pensé que era otra manera de cooperar con el proyecto.Y así seguimos. De vez en cuando me llaman, o yo paso por allí, y hago lo que se requiera. Es un papel poco visible, pero necesario.

— Entre otras cosas, estás pendiente de ajustar los equipos…

— Bueno, si una turbina no acaba de ir bien la engraso, y cosas así. Ten en cuenta que cuando yo establecí mi propia consulta en Albacete no había ningún servicio técnico de equipos dentales en la ciudad. Entonces, para evitar los costes que suponía el traslado de un técnico de Madrid a Albacete, tuve que aprender a reparar las averías de mis equipos. Esos pequeños conocimientos alguna vez nos han permitido no dejar de usar un equipo en la Clínica Solidaria de Albacete.

— ¿Por qué, al conocer que se abría la Clínica Solidaria de Albacete, decidiste implicarte?

— Porque ayudar a las personas en riesgo de exclusión social, y darles como mínimo un tratamiento dental básico, me parece una causa noble. Hay que hacerles un hueco y trabajar para ellos.

— ¿Es una manera de hacer un poco más justo nuestro mundo?

— Por supuesto. Hoy en día hay muchas organizaciones no gubernamentales que ayudan a los necesitados. Es una nota de calidad y de acercamiento a estas personas, y desde luego la Clínica Solidaria de Albacete ha marcado un hito en la ciudad. Ninguna otra especialidad tiene una clínica de estas características, quizá porque la enfermedad dental ataca con mucha más frecuencia a las personas que están en una situación económica complicada.

— En tu opinión, ¿por qué es interesante ser solidario?

— Es una manera de llenar un hueco que tenemos todos en el corazón. Hay mucha gente necesitada y tenemos que colaborar, darle un a estas personas tratamiento básico y que puedan masticar y disfrutar un poco comiendo. Esto supone una satisfacción para el que lo hace.

“La solidaridad surge de una profunda empatía”

Zulma Rodríguez

Zulma Rodríguez

Zulma Beatriz Rodríguez Predrouzo es voluntaria de la Clínica Solidaria de Madrid desde el año 2011. Nacida en Buenos Aires, empezó a ejercer la odontología en la capital argentina, hasta que como tantos de sus compatriotas tuvo que emigrar a causa del tristemente célebre corralito. Establecida en España desde 2002, Zulma trabaja en una clínica privada de Madrid, actividad que compagina con el voluntariado en la Fundación.

–  ¿Por qué te uniste a Odontología Solidaria?

— Por varias cosas. Yo siempre hice mucha actividad en la profesión aparte de estar atendiendo en la consulta. Hice docencia, y siempre trabajé a favor de la salud de los demás, sin importarme si era gratis o no. En Argentina, yo he atendido en hospitales sin que me pagaran nunca nada, y en la Facultad también tratábamos a personas que no podían pagar privadamente los tratamientos. Me encontré con gente muy humilde que iban allí muy acomplejaditos, y yo les explicaba que debían exigir y decir lo que les pasaba. Cuando llegué a España y me puse a trabajar, yo buscaba hacer actividades de este tipo, y leyendo una revista profesional vi que en Madrid existía Odontología Solidaria.

— Son ya muchos años los que llevas colaborando en la clínica madrileña. ¿Qué tal la experiencia?

— Muy buena. Hay algo que yo no había experimentado con anterioridad: el estar atendiendo en simultáneo a gente de muy distintas etnias, culturas y estilo de vida. Hay gente que viene de todos lados. Eso me sorprendió. Trabajar en la clínica de Madrid me da la posibilidad de conversar con estos pacientes, explicarles el por qué de las dolencias que tienen, hablarles de la importancia de un correcto cepillado… O sea, que también hago prevención, una prevención adaptada a la persona que tengo en frente. Tengo la posibilidad de dar a conocer a la gente que es importante incorporar la salud a sus hábitos vitales. Tengo la filosofía de que el que aprende esto se convierte en un agente de salud, porque transmite estos hábitos a su entorno.

— ¿Qué nos cuentas del ambiente de trabajo en la clínica?

— Tenemos todos los recursos materiales y, por supuesto, humanos. Estoy encantadísima con las compañeras del equipo técnico. A mi me resulta un ambiente lindísimo, porque OS comparte la filosofía que te expuse antes. También hay mucha gente recién licenciada, con diferentes niveles de conocimientos pero siempre con buena actitud, lo que de alguna manera es como estar viviendo en una especie de cátedra. Es una muy buena experiencia a nivel odontológico pero también a nivel humano. Otra cosa que quiero destacar es que se siguen las normas de bioseguridad a rajatabla: estoy muy contenta con este aspecto.

— Com has dicho anteriormente, tu acción solidaria en el mundo de la odontología viene de lejos. ¿De dónde surge esta motivación?

— Yo fui siempre así, Cuando era muy niña me preguntaban qué quería hacer de mayor y yo decía que quería ser maestra para tratar bien a los niños… quería hacer algo útil para los demás. No tengo ninguna idea política ni nada, es un sentimiento, o un estilo de vida. Es una empatía profunda, querer al prójimo.

— ¿Ayudar al prójimo resulta reconfortante?

— Yo pienso que sí. No todo el mundo tiene la oportunidad de tener una carrera que está dedicada al otro. Nosotros, si no tenemos pacientes, no somos dentistas ni médicos. Si un paciente me necesita y yo puedo ayudarlo, se establece una comunicación. Y esa es la satisfacción, la recompensa de todo el esfuerzo económico e intelectual que comporta hacer la carrera y mantenerse actualizado. Yo veo que la mayoría de la gente está contenta: conversa, vuelve sonriente, se le van los miedos…

— ¿Tienes la sensación de que, más allá de solucionar un problema concreto, contribuyes a la felicidad de los pacientes?

— Posiblemente sí, porque ellos nos hacen también felices. A veces veo chicas jovencitas que no pueden ni sonreír de la cantidad de caries que tienen, y cuando luego ves que recuperan la sonrisa, y te cuentan que están buscando trabajo, la verdad es que sientes una alegría bárbara.

“Estar en Odontología Solidaria comporta un choque de realidad”

Carlos Bello

Carlos Bello, odontólogo de 24 años, es uno de los voluntarios que forman parte del equipo de la Clínica Solidaria de Zaragoza. Licenciado en 2016, trabaja en la clínica odontológica de su familia en la capital aragonesa. Conoció la Fundación mediante un compañero de Facultad, y según dice en esta entrevista la acción solidaria le ha permitido descubrir otra cara de la odontología.

— ¿Cuando empezaste a colaborar en la Clínica Solidaria de Zaragoza?

— En septiembre del año pasado, recién licenciado. Conocí Odontología Solidaria por un amigo de la Facultad, Raúl, que empezó el voluntariado conmigo, pero tuvo que dejarlo porque se fue a Francia. Cuando me comentó que existía la Fundación, enseguida me pareció que era una buena manera de emplear el tiempo que tenía libre para ayudar a otras personas. Actualmente, voy a la clínica una vez por semana, todos los lunes. El ambiente es fantástico, hay muy buena gente, y he hecho unos cuantos amigos.

— ¿Odontología Solidaria es tu primera experiencia con una ONG?

— No, en la Facultad ya colaboré con Cruz Roja. Con otro amigo colaboramos en sesiones informativas sobre la salud oral dirigidas a la gente de Huesca. Me gusta ayudar a la gente, de algún modo me hace sentir realizado. Cuando empecé a colaborar con Odontología Solidaria me di cuenta que las personas que vienen a la clínica de Zaragoza son muy agradecidas. Saben que lo que estás haciendo supone un esfuerzo añadido, que lo haces sin ganar nada, y creo que lo valoran mucho.

— Entre nuestros pacientes, en ocasiones hay gente con situaciones personales muy problemáticas…

— Sí, es verdad. Gente con problemas muy serios. Tratar con estas personas te da un choque de realidad. A veces vivimos en nuestro pequeño mundo, cada cual el suyo, pero cuando empiezas a conocer el mundo de los demás te das cuenta de que hay mucha gente que pasa por situaciones difíciles. Los pacientes comparten sus problemas contigo, te los cuentan, y te vas dando cuenta de cosas…

— Este “choque de realidad” del que hablas, ¿ha ido modificando tu punto de vista?

— En parte sí. El contacto con los pacientes de Odontología Solidaria me llena mucho a nivel personal. Puede que al principio pensara que esta era una manera de practicar, de “hacer mano” aprovechando el tiempo libre. Pero eso solo fue el primer mes. Cuando empecé a ver la gente que va, y como está, empecé a mirarme las cosas de otra manera. Aquí descubres otra cara de la odontología.

“Los pacientes nos enseñan valores”

Modest Revert

Modest Revert formó parte del grupo de profesionales del sector bucodental que, en 1999, pusieron en marcha la Clínica Solidaria de Valencia. Médico estomatólogo de 59 años, Modest tiene su propia clínica dental en la ciudad, y sigue colaborando con la Fundación. En esta entrevista conversamos sobre el pasado, el presente y los objetivos de Odontología Solidaria.

— Tu estabas al frente de la clínica de Valencia cuando abrió sus puertas…

— Sí, yo entonces era el delegado de Odontología Solidaria aquí. La iniciativa de la clínica partió de un grupo de diez o doce odontólogos, estomatólogos y estudiantes de Valencia. La inauguración oficial de la clínica fue en julio de 1999, pero la idea se empezó a trabajar un par de años antes. La principal dificultad fue encontrar un local en condiciones adecuadas. Al final, mediante Cáritas, encontramos el que todavía tenemos. En aquellos años todavía no era tan descabellado montar una clínica en un primer piso…

— ¿Había muchos voluntarios en esos primeros tiempos?

— No, muchos no. Piensa que en esa época había muchos menos dentistas que ahora. Aunque nunca nos faltaron voluntarios, la demanda de pacientes era superior. Lo importante es que siempre había gente dispuesta a echar una mano, y buena colaboración con el ICOEV y otras instituciones. Estuve unos cuatro años de delegado, y luego tomó el testigo José Ramón Frutos, otro de los compañeros que formaban parte del grupo inicial.

— Volvamos a ese grupo inicial que decidió organizar OS en Valencia. ¿Qué os motivó?

— Vimos que era algo que hacía falta. Hasta aquel momento, los servicios sociales del Ayuntamiento de Valencia mandaban a los usuarios a las clínicas privadas. El usuario presentaba dos presupuestos de dos clínicas distintas, el Ayuntamiento aprobaba uno, y mandaba a esa persona a la clínica elegida para que le pusieran una prótesis o le hicieran el tratamiento que necesitaba. Este sistema no permitía atender a muchos usuarios. Cuando plateamos la idea al Ayuntamiento, lo vieron muy bien. Se dieron cuenta de que se podría atender a más gente, ya que nosotros no perseguimos un beneficio económico.

— Sigues colaborando con la Fundación. ¿Qué actividades has hecho recientemente?

— Últimamente hemos realizado un curso de periimplantitis a beneficio de Odontología Solidaria con el Dr. Juan Rumeu, de Barcelona. Él ya colaboró con nosotros en los comienzos de la Fundación en Valencia. Tuvimos una buena asistencia, y contamos con la colaboración de entidades como Straumann, INIBSA, Dental Cervera, el ICOEV y la Universidad de Valencia.

—  ¿Crees que, por lo general, los profesionales de la odontología son personas solidarias?

—  Creo que en general sí, y cada vez más, conforme va entrando gente más joven y concienciada. Es un reflejo de la sociedad. Los odontólogos y estomatólogos no somos diferentes al resto, y hoy en día el espíritu solidario ha aumentado considerablemente en todos los ámbitos.

 — Pongámonos en la piel de un chico o una chica que, por ejemplo, esté acabando sus estudios de odontología. ¿Qué crees que le aportaría a esa persona colaborar con Odontología Solidaria?

— Yo diría que esta es una experiencia que le será útil. Si colabora en la clínica, podrá tratar a unos pacientes que siempre te dan más de lo que tu les puedes dar a ellos. Hay cosas que no se aprenden en la Universidad, que sólo las aprendes con experiencia, y tratando a personas que, como nos puede pasar a todos en un momento dado, pasan por un mal momento económico, pero tienen una calidad humana indescriptible. A esos jóvenes yo los animaría, porque estar en Odontología Solidaria es una especie de master: un master social y humano que les va a enriquecer mucho, y que les va a ser muy útil para su práctica diaria profesional. Si después de acabar los estudios pasan un par de años con nosotros como voluntarios, van a ver el mundo de otra forma. Lo digo en el sentido de que no todo es ganar dinero y tener cosas. Hay otros valores humanos que estos pacientes nos muestran día a día.

“No me hice odontólogo solamente para ganar dinero”

Alejandro Leirós

Alejandro Leirós, odontólogo de 24 años, se licenció en junio de 2016. Vive en Pontevedra, pero recorre a menudo la distancia desde la ciudad donde reside hasta A Coruña para hacer voluntariado en nuestra Clínica Solidaria. En esta conversación, ahondamos en su trayectoria en nuestra entidad y los motivos de su vinculación a Odontología Solidaria.

— ¿Desde cuando eres voluntario en la clínica de A Coruña?

— Fui un par de veces como higienista cuando estaba estudiando el último año de carrera. Luego, al terminar los estudios, empecé a trabajar como odontólogo en una clínica de Madrid, que es donde estudié. Al regresar a Galicia, me incorporé a la clínica de A Coruña.

— ¿Cómo supiste de Odontología Solidaria?

— Por internet. Hace ya tiempo, la clínica todavía no estaba abierta. Me puse en contacto con la central, y me conectaron con la gente de A Coruña. Fui a conocerlos, y a ver donde se instalaría la clínica. En esa época todavía estaba estudiando en Madrid. Fue mi primer contacto.

— ¿Qué te motivó a contactar con nosotros y, más tarde, implicarte como voluntario?

— Siempre me atrajo la idea de hacer algo así, de ayudar. Quería echar una mano, y lo de viajar al extranjero haciendo un voluntariado no me atraía. Cuando descubrí Odontología Solidaria pensé que era ideal para mi, porque me permitía hacer un voluntariado cerca de casa, atendiendo a la gente de aquí que necesita ayuda.

— ¿Con qué frecuencia vas a la clínica?

— Actualmente voy dos días a la semana. Un día entero, y una tarde.

— Desde de Pontevedra a A Coruña hay un buen trecho. ¿No es mucho trajín?

— Yo voy a gusto. El viaje en tren se me hace muy rápido. Y, en todo caso, me compensa el viaje. A parte de hacer la labor que hacemos con los pacientes, allí hay un ambiente de trabajo inmejorable. Los voluntarios somos como una piña, sé que me lo pasaré bien.

— ¿Qué hay del trato con los pacientes?

— Los pacientes son agradables, simpáticos. Son personas muy agradecidas. Por lo general yo me dedico a hacer prótesis dentales, y eso implica una relación larga con el usuario, aproximadamente mes y medio. Te da tiempo de ir charlando, de conocer a la persona y de coger confianza. Te encuentras con personas que han pasado por situaciones muy duras, y eso te da perspectiva. Te das cuenta de que no todo en la vida es tan fácil como hayas podido tenerlo tu. Impresiona bastante, pero escuchando esas experiencias aprendes lo que es la vida… Al final del tratamiento, ves lo contentos que están con dientes, y ese momento es el que más me gusta: lo disfruto y es algo que me llena. Yo soy odontólogo porque me gusta lo que hago, nunca hice la carrera solamente para ganar dinero. Evidentemente, hay que ganar dinero para vivir, pero al margen de eso me gusta ayudar a la gente.

“Me motiva contribuir a paliar las desigualdades”

Rafael Pla

Rafael Pla

Rafael Pla García forma parte del equipo de voluntarios que garantizan el funcionamiento de la Clínica Solidaria de Albacete. Médico estomatólogo de 59 años de edad, Pla dirige su propia clínica privada, y forma parte también de la Junta del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos albaceteño, institución que jugó un rol decisivo en la implantación de Odontología Solidaria en la ciudad.

—  Formas parte del equipo de la Clínica Solidaria del Albacete desde el principio, cuando esta era todavía un proyecto. ¿Cómo fue el proceso?

— Todo empezó cuando María Dolores Cuenca propuso al Colegio que le echara una mano con el proyecto, cuando todo se estaba empezando a fraguar. Las primeras reuniones que se tuvieron con la Fundación Odontología Solidaria fueron en la sede colegial. María Dolores fue quien empezó con esta iniciativa, pero el Colegio decidió implicarse enseguida…

— Para llegar a buen puerto, también fueron necesarias otras complicidades, ¿verdad?

— Sí. Sobretodo del Ayuntamiento y la Diputación, que nos cedió un local, primero en una ubicación, y más adelante en la actual. Las instituciones respondieron muy bien. También se tuvieron contactos con Cáritas, con la Cruz Roja y con los Servicios Sociales del Ayuntamiento, para que encauzaran la admisión de pacientes. Esta es una parte muy importante del protocolo que se sigue en Odontología Solidaria.

— ¿Cómo ha acogido la ciudad esta iniciativa?

— Muy bien. Hay un ímpetu que hace que en Albacete se conozcan los servicios que estamos prestando. De hecho, el problema que tenemos es que se nos va acumulando la lista de espera. Con la crisis, mucha gente tuvo que limitarse a los tratamientos que ofrece la Seguridad Social. Hemos visto como se les hacen las extracciones y luego se interrumpe el tratamiento porqué no hay más cobertura. Faltaba un eslabón que hemos aportado nosotros, ya que hacemos mucho trabajo en odontología conservadora y en tratamientos periodontales. También es verdad que en ocasiones hay un poco de confusión con cierta franquicia que hace gala de una “odontología social”, lo que hace que alguna gente se confunda, cuando en realidad no tiene nada que ver con lo nuestro. Nos da mucha rabia esta confusión, porque esta franquicia se ampara en lo social cuando es mentira. En realidad, se aprovechan de compañeros y hacen muy mala práctica. Pero creo que cada día la gente está sabiendo diferenciar más lo que hace esta franquicia y lo que hacemos en Odontología Solidaria.

—  Hablabas antes de la limitada cobertura odontológica que de la Seguridad Social. ¿Crees que la situación se podría revertir a corto o medio plazo?

— Yo creo que no. La Seguridad Social cada vez está más en quiebra, y es imposible que cambie la situación por mucho que los políticos quieran hacer demagogia. Supondría un coste económico que, en mi opinión, la Seguridad Social no puede asumir en este momento.

— Una vez abierta la Clínica Solidaria de Albacete, también te implicaste en la misma como voluntario…

— Claro que sí. Es algo muy gratificante. Cuantas más veces vas yendo, mejor te sientes. Yo voy con mi auxiliar. Estamos encargándonos de la prótesis. También va una hija mía otra tarde cada quince días, con su auxiliar. Todos lo que hacemos voluntariado salimos muy satisfechos: ves que puedes ayudar, te encuentras con buena gente y prestas un servicio a quien lo necesita… Yo se lo recomiendo a todos los compañeros, porque con la demanda que tenemos, si fuéramos más voluntarios podríamos ampliar el horario. Próximamente celebraremos la asamblea del Colegio y expondremos el tema, a ver si podemos captar más colaboradores.

– Personalmente, ¿qué te motiva?

— Poner mi granito de arena, colaborar para paliar un poquito la desigualdad que hay. Ofrecer lo que mejor sabes hacer a quien más lo necesita.

— ¿Es tu primera experiencia en una ONG?

— Sí. Anteriormente había colaborado en algunas iniciativas pero de una manera muy puntual, no con la continuidad de ahora. Si embargo, mis hijos dentistas sí que han estado vinculados con entidades de este tipo, trabajando en países como Birmania, Ecuador o República Dominicana.

— ¿Qué nos cuentas del trato con los pacientes que acuden a la Clínica Solidaria?

— Lo primero es intentar ponerte a su nivel. Encuentras muchos inmigrantes, y a veces también a gente que ha tenido muy mala vida. Para que los pacientes se sientan bien atendidos, yo pienso que es importante preguntarles por sus cosas, y en ocasiones te encuentras con historias muy duras. Hace un tiempo, atendí a un antiguo compañero de colegio en la escuela primaria que se había pasado 22 años en la cárcel por un tema de tráfico de drogas, y que afortunadamente ahora está rehabilitado. Son situaciones que te dan qué pensar, y que sin duda te hacen crecer como persona. Vivimos en un mundo muy alejado de estas situaciones, y aunque leemos cosas de este tipo, nunca es lo mismo que estar hablando con estas personas, con las que acabas empatizando.

“Siento que tengo un deber hacia la gente que no ha tenido tanta suerte como yo”

Conchi Lanza

Conchi Lanza empezó a trabajar hace veinte años como protésica, y más tarde se formó como higienista dental, profesión que ejerce en una clínica de Madrid, y que compagina con los estudios universitarios de la carrera de Odontología. Nuestra compañera, de 44 años, es también voluntaria en la Clínica Solidaria de la capital, y formó parte de la primera expedición de Odontología Solidaria a Tetuán (Marruecos) a finales de 2016.

 — ¿Cuando empieza tu vinculación con Odontología Solidaria?

— Hace algo más que un año. Anteriormente estuve colaborando con otra ONG relacionada con la odontología, Dental Coop. Participé con ellos en un proyecto en los campamentos saharauis. Cada dos días íbamos a los hospitales de la zona, que están como medio abandonados, y además de atender a la gente preparábamos a los auxiliares que había, dándoles un poco de formación, sobretodo en el tema de la desinfección.

— ¿Y qué te llevó hasta nuestra entidad?

— Yo quería hacer un trabajo más continuado. Una compañera mía, higienista dental, me habló de la clínica de Odontología Solidaria en Madrid, a la que empecé a ir todas las semanas. El ambiente es muy bueno, aunque nos faltan más voluntarios. A los pacientes siempre les explico la importancia de tener una buena higiene, les advierto de que si no lo hacen pueden perder los dientes que les quedan. Creo que si a la gente le explicas el porqué de las cosas será más consciente y pondrá más de su parte.

— ¿Qué te motivó para implicarte primero en Dental Coop y posteriormente en Odontología Solidaria?

—  Yo me siento afortunada, y creo que tengo un deber hacia la gente que no ha tenido tanta suerte como yo. Para mi es una obligación. Y además es una obligación que me hace sentir bien. Si quieres también es una obligación un poco egoísta, porque uno mismo gana mucho. Poner tu granito de arena para que otra persona tenga una mejor calidad de vida o sea más feliz, comporta una cierta satisfacción personal. Soy una persona con mucha empatía, me afectan las cosas, y pienso que si hago algo que hace sentir mejor a otra persona, yo también me sentiré mejor.

— El pasado mes de diciembre viajaste a Tetuán con la primera brigada de Odontología Solidaria en el proyecto conjunto que tenemos con la Asociación Hanan. ¿Qué balance haces de esa experiencia?

— Me gustó mucho, y me ha sabido muy mal no poder haber ir al segundo viaje, porque tenía un examen en esas fechas. En el primer viaje hubo que hacer mucho trabajo previo, preparar el gabinete, y solo pudimos trabajar con pacientes un par de días. La experiencia me gustó mucho, por las características del proyecto, que atiende a gente con discapacidades en un lugar donde hay mayor pobreza. Sientes que ayudas más. Cuando vas a sitios en los que cualquier cosa que hagas significa mucho para ellos, todavía es mejor. Tengo muchas ganas de regresar a Tetuán.

— Antes de viajar a Marruecos, participaste en las jornadas de formación previas que se hicieron en Extremadura. ¿Te resultó interesante?

— Sí, guardo muy buen recuerdo. En realidad se me hicieron cortas, porque pienso que todavía tengo mucho que aprender. La experiencia de estar en quirófano me dio mucho respeto, porque creo que es una responsabilidad tratar a niños con estas problemáticas, pero me gustó mucho. También me resultó interesante a nivel profesional. Aunque yo aquí en Madrid no trabaje con este tipo de pacientes, lo que aprendí allí también me aporta conocimientos.

— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?

— Mira, yo se lo comento a amigas en la profesión, pero pienso que al final eso tiene que salir de uno mismo. Pienso que hay que tener empatía para ayudar más. La empatía también hace que hagas mejor tu trabajo, que entiendas mejor al paciente. Estamos trabajando en el ámbito de la salud, no vendiendo chaquetas. Ser voluntario para aprender y coger mano está muy bien, porque todos aprendemos con el voluntariado, pero hay que tener claros los valores. Hay que atender a estos pacientes igual que los atenderías en el sector privado.

“Odontología Solidaria vive un momento de renovación”

Rafa Monta

Rafa Montaña

Rafa Montaña forma parte del primer grupo de profesionales del sector que, en 1994, fundó Odontología Solidaria. Protésico dental de 56 años de edad, tiene su propio laboratorio en Granollers (Barcelona), ocupación que compagina con sus responsabilidades como vicepresidente de la Fundación, donde se encarga de la coordinación de clínicas. Así ve el presente y el futuro de nuestra entidad.

— Ante todo, cuéntanos brevemente como nació Odontología Solidaria.

— Todo empezó cuando un grupo de gente, como Mercè Morató y otros compañeros, coincidimos haciendo acción solidaria en los campos de refugiados del Sahara. Luego creamos la asociación Odontología Solidaria en Granollers. Al cabo de poco tiempo, descubrimos que había otras asociaciones similares en España, como Dentistas Sin Fronteras y Odontología Sin Fronteras. Nos reunimos con ellas en Menorca y les propusimos unirnos en una única entidad. Odontología Sin Fronteras estuvo de acuerdo y Dentistas Sin Fronteras no.

— ¿Qué supuso la unión con Odontología Sin Fronteras?

— Que pasamos a tener una estructura en todo el territorio español. Nos motivaban las mismas cosas. Fíjate que ambas entidades teníamos la palabra “odontología” en el nombre, lo que indica la voluntad de abarcar todo el sector. A raíz de la fusión, teníamos presencia en Madrid y Barcelona, y realizamos muchos proyectos en países en vías de desarrollo. Hasta que una de las socias fundadoras de Odontología Sin Fronteras, Blanca Gómez de Balugera, nos cedió una clínica en Madrid, lo que nos permitió empezar a trabajar aquí.

— En la actualidad son ocho las clínicas que trabajan bajo el paraguas de Odontología Solidaria, y eres tu quien las coordina. ¿Qué implica esta responsabilidad?

— Mi trabajo es intentar que todas las clínicas funcionen igual y bien, además de animar a los grupos de voluntarios para lograr una mejor atención a nuestros usuarios con una unidad de criterio. Que las clínicas compartan protocolos es algo muy importante, pero ha habido épocas en las que no había una persona que se ocupase de este aspecto, lo que comportaba algún problema. Ahora se han unificado procesos de trabajo y precios.

— ¿Qué diferencia a Odontología Solidaria de las otras ONG del sector?

— En primer lugar quiero remarcar que todas las ONG del sector bucodental hacen un gran trabajo. Son compañeros nuestros y tenemos buena relación con ellos. En nuestro caso, creo que lo que nos diferencia es que trabajamos sobretodo en España, lo que se traduce en un esfuerzo continuado a lo largo de todo el año que implica a 400 voluntarios y a los 15 trabajadores de nuestras clínicas. Esto es un gran esfuerzo diario.

— ¿Qué es lo mejor de las clínicas de OS y qué aspecto de su funcionamiento habría que mejorar en primer lugar?

— Lo mejor es la gente que tenemos en las clínicas, y con ello me refiero tanto a los voluntarios como a los equipos técnicos. Es cierto que tenemos menos voluntariado que antes, pero es un voluntariado más fiel, con lo que los equipos funcionan mucho mejor. Esto facilita que podamos atender bien a la gente, pero también atendemos a menos usuarios de la que querríamos, porque hay días que nos faltan voluntarios.

— Según tu experiencia, ¿por qué hace voluntariado la gente?

— Creo que hay dos tipos de personas. Hay un voluntariado que viene a hacer curriculum. Por otra parte, tenemos al voluntario fiel, la persona que hace esto para sentirse mejor. Colaborar a hacer la vida más fácil a los demás le hace mejor a uno mismo. Es mi caso. Yo trabajo unos días en mi laboratorio para ganar dinero, y otros días soy voluntario en Odontología Solidaria para sentirme bien.

— ¿También para denunciar una situación injusta?

— También. Yo creo que las cosas se demuestran haciéndolas. Si solo vamos repitiendo que las cosas están mal, no cambiamos nada. Hay que demostrar que los cambios son posibles en la práctica.

— ¿En qué momento está la Fundación a tu entender?

— En un momento de renovación, iniciado el último año. Creo que es importante destacar que en el nuevo Patronato hay gente muy implicada desde hace tiempo en el trabajo diario de las clínicas, y esto me hace ser optimista.

— ¿Cómo ves Odontología Solidaria dentro de cinco años?

— Más grande y más fuerte. En los últimos años hemos profesionalizado los equipos técnicos, y yo creo que esto ya está dando sus frutos, y dará aún más. Se podrá atender a más gente y con toda seguridad tendremos más clínicas.

“Nos sentimos afortunados colaborando con Odontología Solidaria”

Abdeslam Bakouri

Abdeslam Bakouri

El Dr. Abdeslam Bakouri preside desde hace cerca de 25 años la Asociación Hanan de Tetuán (Marruecos), entidad con la que Odontología Solidaria comparte un proyecto centrado en la atención bucodental de niños y niñas con discapacidad. Médico de 68 años de edad, compagina las responsabilidades en Hanan con el ejercicio profesional en su laboratorio de análisis clínicos. Formado en nuestro país –estudió la carrera en Valencia y la especialidad en Madrid–, el Dr. Bakouri nos habla de la trayectoria y objetivos de la asociación que preside, así como de la colaboración con Odontología Solidaria.

— ¿Con qué objetivos se fundó la Asociación Hanan?

— La Asociación Hanan se fundó en 1969, y su objetivo es el cuidado de los niños con discapacidad y su educación, tanto dentro del centro como en lo relativo a la integración en las escuelas ordinarias. También tenemos bastantes talleres para la formación profesional. Nuestro objetivo fundamental es la integración de los niños con discapacidad. A nosotros no nos gusta llamarlos niños con necesidades especiales, preferimos definirlos como niños con poderes especiales, y pensamos que teniendo estos poderes especiales pueden estudiar, pueden trabajar y pueden integrarse.

— ¿A cuántos niños y niñas atienden en la actualidad?

— Son casi quinientos. Trabajamos en la atención temprana, cuando se detecta la discapacidad, con el objetivo de conseguir su integración cuanto antes mejor. Intentamos prepararlos para que a los seis años se puedan integrar en las escuelas normales. De esta manera, dejamos el centro de educación especial sólo para discapacidades graves, o para los chicos que no encuentran centro, porque en este ámbito no sólo hay que matricularlos, también hay que adaptar las escuelas y formar a los profesores. Afortunadamente, ahora tenemos unos doscientos niños que están integrados en escuelas ordinarias y van muy bien. Cuando salen de las escuelas, vuelven a la asociación para obtener un título de formación profesional reconocido por el Ministerio de Educación.

— ¿Cuáles son las discapacidades más frecuentes?

— Tenemos discapacidades auditivas y sensoriales, que son una tercera parte, y en la mayoría de los casos problemáticas intelectuales, tanto síndrome de Down, como autismo y otras… Tratamos con todo tipo de discapacidad excepto en el caso de las personas invidentes, que tienen una fundación especialmente para ellas. Como somos los pioneros, desde el principio nos vinieron todo tipo de personas. Hasta el año 1990 teníamos internado, y acudía gente de todo Marruecos. Actualmente no tenemos internado porque afortunadamente hay centros de educación especial por todo el país.

— ¿Cómo se financia la asociación?

— Mediante las cuotas de nuestros socios, que son unos 1.800. La ciudad de Tetuán es muy solidaria con la asociación, y apoya cualquier proyecto. Por otro lado, hemos tenido muchos proyectos con la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo, y con lugares como AndalucíaValenciaBarcelona o Bilbao. Nuestro mayor problema es el día a día, porque en la asociación trabajan 120 personas. Además de la parte educativa, tenemos comedor, transporte… necesitamos muchos especialistas como ortofonistas, fisioterapeutas o psicólogos. 

— ¿Qué impresión tuvo cuando se establecieron los primeros contactos con Odontología Solidaria?

— Tuvimos una gran suerte cuando nos visitó Núria Camps por primera vez. En poco tiempo hicimos un convenio y vino un primer equipo. Ahora van a venir de nuevo, el próximo día 26 de febrero. Se han encargado del equipamiento que faltaba para la consulta de odontología. Somos afortunados.

— ¿De qué modo contribuye Odontología Solidaria a los objetivos de la Asociación Hanan?

— Para nosotros esta es una cuestión muy importante, ya que los niños con discapacidad suelen tener muchos problemas de higiene bucal. Nos faltaba una colaboración y un aliado en este aspecto, y la hemos encontrado con Odontología Solidaria. Ha sido importantísimo por el material que hemos conseguido a través del proyecto, y también por las personas que han venido. Son gente muy competente como el Dr. Jesús Rueda, que tiene mucha experiencia en atención odontológica a niños con discapacidad. Todos los que han venido son gente con mucha dedicación. Estamos muy contentos de haber conseguido un convenio con una Fundación tan importante y tan seria.

— Por lo tanto, es usted optimista respecto al futuro de la colaboración entre la Asociación Hanan y Odontología Solidaria…

— Sí. A veces se inician proyectos solamente para un año, y siempre existe la posibilidad de que no haya una continuidad. Pero el convenio que firmamos con Odontología Solidaria es para tres años, con equipamiento total. Y, sobretodo, con la buena voluntad de la gente de la Fundación, que ha visto que Hanan necesita esta colaboración, y está involucrada. 

— ¿Por qué decidió usted en su día implicarse en la Asociación Hanan?

— Cuando estudiaba en España conocí varias ONG y me pareció fenomenal lo que estaban haciendo. Al regresar a Marruecos, vi que en mi país había muy pocas entidades solidarias. Me hice miembro de la Asociación Hanan con el antiguo presidente, quien antes de morir en 1993 me pidió que me hiciera cargo de la asociación. Al principio no pensaba que iba a estar tan involucrado, pero con el tiempo uno está contento de lo que está haciendo, porque hay buenos resultados. Hemos crecido, hemos tenido apoyos muy importantes tanto en Marruecos como en España, y esto te estimula.

— ¿Tiene usted a alguna persona con discapacidad en su familia?

— No, ni en mi familia ni en mi círculo cercano. Es cierto que mucha gente se implica con la Asociación como consecuencia de tener personas con discapacidad en su familia, pero no es mi caso. Aunque también le digo que, para mi, Hanan es mi familia…

— ¿De dónde surge su motivación solidaria? 

—  Si pensamos que en el mundo hay dos tipos de gente, personas con necesidad y personas sin necesidad, estamos equivocados. Todos podemos tener una necesidad en cualquier momento. Uno no debe ser egoísta y pensar: este problema no es el mío. ¡Es problema de todos! Si yo tengo posibilidades, debo pensar en quien no tiene esas posibilidades. Tenemos que ayudar, porque como dice el refrán, es de bien nacido ser agradecido. Los que ahora no tenemos problemas debemos estar contentos y ser solidarios, porque algún día vamos a necesitar también que otra gente sea solidaria con nosotros. 

“Sin ayudar a los demás, la vida no tiene sentido”

Marisol Velarde

Marisol Velarde

Marisol Velarde, de 38 años, es odontóloga endodoncista. Estudió la carrera en su Bolivia natal, para trasladarse luego a Madrid, donde empezó a colaborar con Odontología Solidaria. Actualmente reside en Andalucía, y es la Delegada Social de la Clínica Solidaria de Fuengriola (Málaga).

— ¿Cómo entraste en contacto con la Fundación?

— Fue hace cuatro años, cuando estaba haciendo la homologación en la Universidad Complutense de Madrid, y unos compañeros de la facultad me hablaron de Odontología Solidaria y de la posibilidad de hacer voluntariado. Miré por internet de qué se trataba, y luego entré en contacto con la Clínica Solidaria de Madrid, que está en Vallecas.

— ¿Era tu primera experiencia en el mundo del voluntariado?

— No. Ya en Bolivia, cuando terminé la carrera, estuve colaborando en un centro de niños con discapacidad mental, donde había una clínica dental. Estuve un par de años en ese centro como voluntaria, luego me pasé a un psiquiátrico… Cuando vine a España y tuve la oportunidad de hacer otra vez voluntariado, encontré Odontología Solidaria, que es lo mejor en verdad, porque es lo que yo se hacer. La vida me lleva por caminos de voluntariado. Me hace sentir mejor, por supuesto. Soy completamente feliz.

— Estuviste dos años de voluntaria en Madrid, y ahora estás en la clínica de Fuengirola.

— Sí, pronto hará también dos años. Cambié de ciudad por razones personales, y todo fue por casualidad. Cuando vine de Madrid a Fuengirola, fui a una entrevista de trabajo y me encontré con Ana Campi, que me contó que hacía pocos meses se había abierto la clínica de Fuengirola. Yo estaba encantada, porque al principio de vivir aquí no tenía trabajo, y podía ir todos los días a Odontología Solidaria. Ahora mi situación laboral ha cambiado, trabajo como autónoma en diferentes clínicas, y no puedo ir tanto, me queda libre un turno por semana haciendo todo lo posible.

— ¿Es bueno el trato con los compañeros?

— Claro. Esto es casi como una religión. Las personas que van allí son como tu, así que el ambiente es estupendo. Todos son un amor, aportan su tiempo y su trabajo. Los compañeros de OS son diferentes, tienen otro punto de vista sobre la odontología, en el sentido de que tu trabajo no es algo que haces por dinero, sino por vocación.

— ¿Y cómo es tu relación con los usuarios, que muchas veces pasan por situaciones personales bastante duras?

— Yo vengo de una familia humilde, ha sido un poco complicado salir adelante, y tengo mucha empatía con la gente. No soy empática porque el trabajo lo requiera, por psicología, sino porque me sale del alma. Hay una conexión humana con los pacientes.

— Eres la Delegada Social de la clínica de Fuengirola. Háblanos un poco de esta responsabilidad…

— Bueno, eso surgió porque yo era de las que más iba a la clínica, y conocía a casi todos los voluntarios. Me plantearon que fuera yo la delegada y lo acepté. Sigo siendo la misma, sólo intento que los voluntarios participen un poquito más, y procuro estar pendiente de la gente…

— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?

— Le diría que la vida sin ayudar a los demás no tiene ningún sentido. Y más en el ámbito de la odontología, que es una cosa muy cara e inaccesible para muchas personas.

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