Entrevistas

“Odontología Solidaria vive un momento de renovación”

Rafa Monta

Rafa Montaña

Rafa Montaña forma parte del primer grupo de profesionales del sector que, en 1994, fundó Odontología Solidaria. Protésico dental de 56 años de edad, tiene su propio laboratorio en Granollers (Barcelona), ocupación que compagina con sus responsabilidades como vicepresidente de la Fundación, donde se encarga de la coordinación de clínicas. Así ve el presente y el futuro de nuestra entidad.

— Ante todo, cuéntanos brevemente como nació Odontología Solidaria.

— Todo empezó cuando un grupo de gente, como Mercè Morató y otros compañeros, coincidimos haciendo acción solidaria en los campos de refugiados del Sahara. Luego creamos la asociación Odontología Solidaria en Granollers. Al cabo de poco tiempo, descubrimos que había otras asociaciones similares en España, como Dentistas Sin Fronteras y Odontología Sin Fronteras. Nos reunimos con ellas en Menorca y les propusimos unirnos en una única entidad. Odontología Sin Fronteras estuvo de acuerdo y Dentistas Sin Fronteras no.

— ¿Qué supuso la unión con Odontología Sin Fronteras?

— Que pasamos a tener una estructura en todo el territorio español. Nos motivaban las mismas cosas. Fíjate que ambas entidades teníamos la palabra “odontología” en el nombre, lo que indica la voluntad de abarcar todo el sector. A raíz de la fusión, teníamos presencia en Madrid y Barcelona, y realizamos muchos proyectos en países en vías de desarrollo. Hasta que una de las socias fundadoras de Odontología Sin Fronteras, Blanca Gómez de Balugera, nos cedió una clínica en Madrid, lo que nos permitió empezar a trabajar aquí.

— En la actualidad son ocho las clínicas que trabajan bajo el paraguas de Odontología Solidaria, y eres tu quien las coordina. ¿Qué implica esta responsabilidad?

— Mi trabajo es intentar que todas las clínicas funcionen igual y bien, además de animar a los grupos de voluntarios para lograr una mejor atención a nuestros usuarios con una unidad de criterio. Que las clínicas compartan protocolos es algo muy importante, pero ha habido épocas en las que no había una persona que se ocupase de este aspecto, lo que comportaba algún problema. Ahora se han unificado procesos de trabajo y precios.

— ¿Qué diferencia a Odontología Solidaria de las otras ONG del sector?

— En primer lugar quiero remarcar que todas las ONG del sector bucodental hacen un gran trabajo. Son compañeros nuestros y tenemos buena relación con ellos. En nuestro caso, creo que lo que nos diferencia es que trabajamos sobretodo en España, lo que se traduce en un esfuerzo continuado a lo largo de todo el año que implica a 400 voluntarios y a los 15 trabajadores de nuestras clínicas. Esto es un gran esfuerzo diario.

— ¿Qué es lo mejor de las clínicas de OS y qué aspecto de su funcionamiento habría que mejorar en primer lugar?

— Lo mejor es la gente que tenemos en las clínicas, y con ello me refiero tanto a los voluntarios como a los equipos técnicos. Es cierto que tenemos menos voluntariado que antes, pero es un voluntariado más fiel, con lo que los equipos funcionan mucho mejor. Esto facilita que podamos atender bien a la gente, pero también atendemos a menos usuarios de la que querríamos, porque hay días que nos faltan voluntarios.

— Según tu experiencia, ¿por qué hace voluntariado la gente?

— Creo que hay dos tipos de personas. Hay un voluntariado que viene a hacer curriculum. Por otra parte, tenemos al voluntario fiel, la persona que hace esto para sentirse mejor. Colaborar a hacer la vida más fácil a los demás le hace mejor a uno mismo. Es mi caso. Yo trabajo unos días en mi laboratorio para ganar dinero, y otros días soy voluntario en Odontología Solidaria para sentirme bien.

— ¿También para denunciar una situación injusta?

— También. Yo creo que las cosas se demuestran haciéndolas. Si solo vamos repitiendo que las cosas están mal, no cambiamos nada. Hay que demostrar que los cambios son posibles en la práctica.

— ¿En qué momento está la Fundación a tu entender?

— En un momento de renovación, iniciado el último año. Creo que es importante destacar que en el nuevo Patronato hay gente muy implicada desde hace tiempo en el trabajo diario de las clínicas, y esto me hace ser optimista.

— ¿Cómo ves Odontología Solidaria dentro de cinco años?

— Más grande y más fuerte. En los últimos años hemos profesionalizado los equipos técnicos, y yo creo que esto ya está dando sus frutos, y dará aún más. Se podrá atender a más gente y con toda seguridad tendremos más clínicas.

“Nos sentimos afortunados colaborando con Odontología Solidaria”

Abdeslam Bakouri

Abdeslam Bakouri

El Dr. Abdeslam Bakouri preside desde hace cerca de 25 años la Asociación Hanan de Tetuán (Marruecos), entidad con la que Odontología Solidaria comparte un proyecto centrado en la atención bucodental de niños y niñas con discapacidad. Médico de 68 años de edad, compagina las responsabilidades en Hanan con el ejercicio profesional en su laboratorio de análisis clínicos. Formado en nuestro país –estudió la carrera en Valencia y la especialidad en Madrid–, el Dr. Bakouri nos habla de la trayectoria y objetivos de la asociación que preside, así como de la colaboración con Odontología Solidaria.

— ¿Con qué objetivos se fundó la Asociación Hanan?

— La Asociación Hanan se fundó en 1969, y su objetivo es el cuidado de los niños con discapacidad y su educación, tanto dentro del centro como en lo relativo a la integración en las escuelas ordinarias. También tenemos bastantes talleres para la formación profesional. Nuestro objetivo fundamental es la integración de los niños con discapacidad. A nosotros no nos gusta llamarlos niños con necesidades especiales, preferimos definirlos como niños con poderes especiales, y pensamos que teniendo estos poderes especiales pueden estudiar, pueden trabajar y pueden integrarse.

— ¿A cuántos niños y niñas atienden en la actualidad?

— Son casi quinientos. Trabajamos en la atención temprana, cuando se detecta la discapacidad, con el objetivo de conseguir su integración cuanto antes mejor. Intentamos prepararlos para que a los seis años se puedan integrar en las escuelas normales. De esta manera, dejamos el centro de educación especial sólo para discapacidades graves, o para los chicos que no encuentran centro, porque en este ámbito no sólo hay que matricularlos, también hay que adaptar las escuelas y formar a los profesores. Afortunadamente, ahora tenemos unos doscientos niños que están integrados en escuelas ordinarias y van muy bien. Cuando salen de las escuelas, vuelven a la asociación para obtener un título de formación profesional reconocido por el Ministerio de Educación.

— ¿Cuáles son las discapacidades más frecuentes?

— Tenemos discapacidades auditivas y sensoriales, que son una tercera parte, y en la mayoría de los casos problemáticas intelectuales, tanto síndrome de Down, como autismo y otras… Tratamos con todo tipo de discapacidad excepto en el caso de las personas invidentes, que tienen una fundación especialmente para ellas. Como somos los pioneros, desde el principio nos vinieron todo tipo de personas. Hasta el año 1990 teníamos internado, y acudía gente de todo Marruecos. Actualmente no tenemos internado porque afortunadamente hay centros de educación especial por todo el país.

— ¿Cómo se financia la asociación?

— Mediante las cuotas de nuestros socios, que son unos 1.800. La ciudad de Tetuán es muy solidaria con la asociación, y apoya cualquier proyecto. Por otro lado, hemos tenido muchos proyectos con la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo, y con lugares como AndalucíaValenciaBarcelona o Bilbao. Nuestro mayor problema es el día a día, porque en la asociación trabajan 120 personas. Además de la parte educativa, tenemos comedor, transporte… necesitamos muchos especialistas como ortofonistas, fisioterapeutas o psicólogos. 

— ¿Qué impresión tuvo cuando se establecieron los primeros contactos con Odontología Solidaria?

— Tuvimos una gran suerte cuando nos visitó Núria Camps por primera vez. En poco tiempo hicimos un convenio y vino un primer equipo. Ahora van a venir de nuevo, el próximo día 26 de febrero. Se han encargado del equipamiento que faltaba para la consulta de odontología. Somos afortunados.

— ¿De qué modo contribuye Odontología Solidaria a los objetivos de la Asociación Hanan?

— Para nosotros esta es una cuestión muy importante, ya que los niños con discapacidad suelen tener muchos problemas de higiene bucal. Nos faltaba una colaboración y un aliado en este aspecto, y la hemos encontrado con Odontología Solidaria. Ha sido importantísimo por el material que hemos conseguido a través del proyecto, y también por las personas que han venido. Son gente muy competente como el Dr. Jesús Rueda, que tiene mucha experiencia en atención odontológica a niños con discapacidad. Todos los que han venido son gente con mucha dedicación. Estamos muy contentos de haber conseguido un convenio con una Fundación tan importante y tan seria.

— Por lo tanto, es usted optimista respecto al futuro de la colaboración entre la Asociación Hanan y Odontología Solidaria…

— Sí. A veces se inician proyectos solamente para un año, y siempre existe la posibilidad de que no haya una continuidad. Pero el convenio que firmamos con Odontología Solidaria es para tres años, con equipamiento total. Y, sobretodo, con la buena voluntad de la gente de la Fundación, que ha visto que Hanan necesita esta colaboración, y está involucrada. 

— ¿Por qué decidió usted en su día implicarse en la Asociación Hanan?

— Cuando estudiaba en España conocí varias ONG y me pareció fenomenal lo que estaban haciendo. Al regresar a Marruecos, vi que en mi país había muy pocas entidades solidarias. Me hice miembro de la Asociación Hanan con el antiguo presidente, quien antes de morir en 1993 me pidió que me hiciera cargo de la asociación. Al principio no pensaba que iba a estar tan involucrado, pero con el tiempo uno está contento de lo que está haciendo, porque hay buenos resultados. Hemos crecido, hemos tenido apoyos muy importantes tanto en Marruecos como en España, y esto te estimula.

— ¿Tiene usted a alguna persona con discapacidad en su familia?

— No, ni en mi familia ni en mi círculo cercano. Es cierto que mucha gente se implica con la Asociación como consecuencia de tener personas con discapacidad en su familia, pero no es mi caso. Aunque también le digo que, para mi, Hanan es mi familia…

— ¿De dónde surge su motivación solidaria? 

—  Si pensamos que en el mundo hay dos tipos de gente, personas con necesidad y personas sin necesidad, estamos equivocados. Todos podemos tener una necesidad en cualquier momento. Uno no debe ser egoísta y pensar: este problema no es el mío. ¡Es problema de todos! Si yo tengo posibilidades, debo pensar en quien no tiene esas posibilidades. Tenemos que ayudar, porque como dice el refrán, es de bien nacido ser agradecido. Los que ahora no tenemos problemas debemos estar contentos y ser solidarios, porque algún día vamos a necesitar también que otra gente sea solidaria con nosotros. 

“Sin ayudar a los demás, la vida no tiene sentido”

Marisol Velarde

Marisol Velarde

Marisol Velarde, de 38 años, es odontóloga endodoncista. Estudió la carrera en su Bolivia natal, para trasladarse luego a Madrid, donde empezó a colaborar con Odontología Solidaria. Actualmente reside en Andalucía, y es la Delegada Social de la Clínica Solidaria de Fuengriola (Málaga).

— ¿Cómo entraste en contacto con la Fundación?

— Fue hace cuatro años, cuando estaba haciendo la homologación en la Universidad Complutense de Madrid, y unos compañeros de la facultad me hablaron de Odontología Solidaria y de la posibilidad de hacer voluntariado. Miré por internet de qué se trataba, y luego entré en contacto con la Clínica Solidaria de Madrid, que está en Vallecas.

— ¿Era tu primera experiencia en el mundo del voluntariado?

— No. Ya en Bolivia, cuando terminé la carrera, estuve colaborando en un centro de niños con discapacidad mental, donde había una clínica dental. Estuve un par de años en ese centro como voluntaria, luego me pasé a un psiquiátrico… Cuando vine a España y tuve la oportunidad de hacer otra vez voluntariado, encontré Odontología Solidaria, que es lo mejor en verdad, porque es lo que yo se hacer. La vida me lleva por caminos de voluntariado. Me hace sentir mejor, por supuesto. Soy completamente feliz.

— Estuviste dos años de voluntaria en Madrid, y ahora estás en la clínica de Fuengirola.

— Sí, pronto hará también dos años. Cambié de ciudad por razones personales, y todo fue por casualidad. Cuando vine de Madrid a Fuengirola, fui a una entrevista de trabajo y me encontré con Ana Campi, que me contó que hacía pocos meses se había abierto la clínica de Fuengirola. Yo estaba encantada, porque al principio de vivir aquí no tenía trabajo, y podía ir todos los días a Odontología Solidaria. Ahora mi situación laboral ha cambiado, trabajo como autónoma en diferentes clínicas, y no puedo ir tanto, me queda libre un turno por semana haciendo todo lo posible.

— ¿Es bueno el trato con los compañeros?

— Claro. Esto es casi como una religión. Las personas que van allí son como tu, así que el ambiente es estupendo. Todos son un amor, aportan su tiempo y su trabajo. Los compañeros de OS son diferentes, tienen otro punto de vista sobre la odontología, en el sentido de que tu trabajo no es algo que haces por dinero, sino por vocación.

— ¿Y cómo es tu relación con los usuarios, que muchas veces pasan por situaciones personales bastante duras?

— Yo vengo de una familia humilde, ha sido un poco complicado salir adelante, y tengo mucha empatía con la gente. No soy empática porque el trabajo lo requiera, por psicología, sino porque me sale del alma. Hay una conexión humana con los pacientes.

— Eres la Delegada Social de la clínica de Fuengirola. Háblanos un poco de esta responsabilidad…

— Bueno, eso surgió porque yo era de las que más iba a la clínica, y conocía a casi todos los voluntarios. Me plantearon que fuera yo la delegada y lo acepté. Sigo siendo la misma, sólo intento que los voluntarios participen un poquito más, y procuro estar pendiente de la gente…

— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?

— Le diría que la vida sin ayudar a los demás no tiene ningún sentido. Y más en el ámbito de la odontología, que es una cosa muy cara e inaccesible para muchas personas.

“Nuestra sociedad avanzará gracias a la solidaridad”

Robert Monzó

Robert Monsó

Robert Monsó, médico odontólogo de 58 años, colabora en la Clínica Solidaria SOPS Badalona, que atiende a pacientes con VIH, a la que acude como voluntario quincenalmente. Sus motivaciones solidarias tienen un doble vector, espiritual y social, del que nos habla en esta conversación.

— Tu vinculación con Odontología Solidaria viene de lejos…

— Sí. Llegué a través de una odontóloga conocida mía que colaboraba en la Fundación y me comentó el funcionamiento. Empecé como voluntario en SPOTT Barcelona, donde estuve un par de años colaborando. Luego lo dejé, y unos cuatro años después volví a contactar con Odontología Solidaria para reprender la colaboración. Desde hace cuatro años, estoy como voluntario en SOPS Badalona.

— ¿Por qué decidistie reengancharte?

— Quería hacer un voluntariado en mi ámbito laboral. Com ya tenía la experiencia de mi primera etapa con Odontología Solidaria, decidí regresar. Yo soy cristiano evangélico, y sigo la enseñanza de Jesús en cuanto a acercarse a los demás, ayudarlos y entender sus necesidades. En este sentido, colaboro en distintas entidades. Soy voluntario de Amics de la Gent Gran, donde hago acompañamiento a una abuela de 103 años, que es la veterana de la ONG. En la comunidad de mi iglesia hacemos donación de alimentos, y también colaboro con la ONG Nova Vida del barrio del Raval en Barcelona, donde hacemos cenas para personas sin techo.

— Dejando de lado la motivación que deriva del aspecto religioso, ¿en esta actividad hay también un componente social?

— Claro que sí. Mi motivación de fondo es espiritual, pero lo que buscaba Jesús, como busco yo, era la justicia social, algo que no existe en el mundo. Se trata de dar un poco de lo que recibes a la gente que lo necesita.

— En Badalona se trata a pacientes con VIH. ¿Qué características especiales tiene trabajar con estas personas?

— Básicamente, son personas que están mal de salud. Hay que estar atento a los tratamientos que se hacen, especialmente en las extracciones, por el tema de la coagulación. Pero para otros aspectos no hay ninguna diferencia.

— ¿Tu experiencia al tratar con estos usuarios?

— Muy buena, hay una relación muy buena. Ellos saben que nosotros somos voluntarios, y siempre hay una disposición especial, y muy buen entendimiento en general, aunque siempre puede haber alguna excepción. Las personas que vienen agradecen mucho el trabajo que hacemos y quedan contentos con él. A parte de prestar un servicio, también recibes mucho de la gente que viene, básicamente su agradecimiento, o el hecho de ver que están contentos cuando salen de la clínica con la boca arreglada, que es algo muy importante para ellos por temas de trabajo. Es la satisfacción de hacer feliz a la gente,

— Esa es tu recompensa, ¿no?

— Sí, aunque no hago esto para buscar una recompensa. Pero sí, te alegra ver que realmente estás haciendo un trabajo necesario, porque hay gente que no tiene posibilidades de ser tratada en otros lugares.

— ¿Crees que en general esta profesión es solidaria?

— Creo que últimamente la cosa ha ido a más, quizá porque en el ámbito profesional en este momento hay más oferta que demanda. En estos últimos años ha habido un cambio bastante importante en la profesión. Existen varias entidades que trabajan en este tema, y otras que trabajan fuera de nuestro territorio. Yo he tenido la posibilidad de colaborar en África. Esto significa que, poquito a poco, esta está siendo una profesión más solidaria.

— Háblanos de la experiencia en África que has mencionado hace un momento…

— Estuve en Guinea Ecuatorial. Estuve 15 días en una clínica odontológica. Hice este voluntariado con una ONG que se llama Más que Salud, que es una entidad cristiana evangélica. Fuimos allí profesionales de diferentes especialidades médicas: medicina general, pediatría, odontología…

— Decías antes que la profesión es más solidaria ahora que antes. ¿Dirías que nuestra sociedad también?

— Yo creo que sí. Y que gracias a ello nuestra sociedad avanzará. Si lo esperásemos de los de arriba, mal irían las cosas. Yo creo que hay mucha solidaridad, mucha gente que se mueve. Creo que en general tenemos consciencia de que hay que ser solidario con el prójimo, porque en un momento determinado puedes ser tu quien necesite ayuda. La vida da muchas vueltas y nunca sabes donde puedes ir a parar. Hoy en día hay mucha información, se mueven muchas cosas, existen muchas entidades, y creo que quien quiere colabora. En este momento no puedes escudarte en el desconocimiento. No hay excusa para no colaborar.

— ¿Y qué habría que hacer para que los de arriba también hicieran lo que corresponde?

— Buena pregunta… Creo que tendrían que ir a pie y tocar un poco más de calle, conocer más la realidad. Me parece que también son conscientes de ello. Últimamente hay partidos políticos que enfatizan más el problema social, ya sea en cuanto a la pobreza energética o el tema alimentario. Yo creo que el dinero puede redistribuirse se otra manera, y que en nuestro mundo no tendría que haber las carencias y diferencias que existen actualmente. Hace falta un cambio de mentalidad a nivel político, que poco a poco va llegando.

“Todos tenemos capacidades para mejorar este mundo”

Dimitrii Chursin

Dimitrii Chursin

En 2014, Dimitrii Chursin llegó procedente de Moscú a nuestro país, donde se instaló con su familia. Odontólogo de 33 años, es uno de los voluntarios de la Clínica Solidaria de Valencia, experiencia que valora muy positivamente a lo largo de la conversación que hemos mantenido con él.

— ¿Cuanto tiempo llevas en Odontología Solidaria?

— Empecé la primavera pasada. Me invitó mi esposa, Mariia, que también es voluntaria en la clínica de Valencia. Yo nunca había trabajado en una entidad solidaria, y decidí probarlo. Ahora puedo decir que estoy muy satisfecho con la experiencia, y le doy las gracias a mi mujer por invitarme a la Clínica Solidaria. Hasta ese momento, en realidad yo no sabía que me gustaba ayudar a la gente. Me gusta cuando veo que un paciente está contento, que sale de la consulta con una sonrisa, feliz. Cuando esto pasa, tengo también una sensación de alegría, me da muchas fuerzas para mi mismo. Me da fuerzas para seguir adelante. A veces nuestro trabajo es muy duro, pero cuando ves a un paciente contento, y que te comenta que su vida ha mejorado mucho, es algo que vale mucho la pena. Es un gran estímulo

—  ¿Por qué dices que vuestro trabajo es muy duro?

— A veces hay mucho estrés. Se deben tomar decisiones, tenemos una responsabilidad. Los pacientes que acuden a la clínica tienen muchos problemas, y a menudo un problema conlleva otro problema. Normalmente, su estado bucal es un reflejo de su estado general, de la vida que llevan. Nosotros entendemos perfectamente que nuestros pacientes son personas que tienen muchas dificultades, y podemos solucionar al menos una parte de estas dificultades. Para un paciente es muy importante volver a sonreír, no tiene precio.

— Coméntanos un poco cómo es el trato con los usuarios de la clínica en el día a día…

— Depende de las personas. Hay casos muy complicados, sobre todo en los pacientes que tienen algún tipo de discapacidad. Debemos estar preparados para estos casos, prestarles la misma atención, y en ocasiones es algo difícil, porque nos enfrentamos a situaciones bastante complicadas. También hay ocasiones en las que debemos explicar al paciente cuestiones básicas de higiene oral, explicarle por qué su salud bucal es importante y el modo en que ésta influye en su vida. Cualquier tratamiento, por más bueno que sea, no aguantará mucho sin que el propio paciente se esfuerce en mantenerlo: su salud bucal también depende de él. La educación de los pacientes es muy importante.

— ¿Dirías que en Odontología Solidaria has aprendido más a nivel profesional o a nivel humano?

— En los dos niveles. Como te decía, en la parte odontológica nos enfrentamos a casos clínicos complicados que implican tomar decisiones. Normalmente, hablo con mis colegas, con  protésicos dentales y con otros odontólogos, para poder elegir una mejor solución para mi paciente. Pero el factor humano influye mucho. Ahora entiendo perfectamente como es trabajar con personas con dificultades de varios tipos, con problemas graves. Es muy importante saber tratar a estas personas, y es la mejor experiencia posible. Para mi todos los pacientes son iguales; según los casos, el abordaje es diferente, pero el resultado tiene que ser siempre el mismo, un buen tratamiento.

— ¿Cómo definirías el ambiente de trabajo?

— Es un ambiente de respeto mutuo, que te aporta la sensación de equipo. En cualquier momento puedes pedir ayuda a tus compañeros de trabajo, siempre funciona el apoyo entre nosotros. Si un compañero no alcanza a atender a su paciente debido al trabajo que tiene, yo me encargo de atender a este paciente para que no espere. Es como una familia, el componente de amistad está presente. Y el respeto, insisto: sin respeto no puede existir un un equipo, ni una familia.

— ¿Cómo explicarías lo que hacemos en Odontología Solidaria a alguien que no supiera nada de nosotros? 

— Le diría que lo que hacemos es mucho más que solo trabajo, es otro nivel. Como personas de un mundo abierto, del espacio único que es nuestro planeta, es mejor que nos ayudemos entre nosotros compartiendo nuestra experiencia independientemente del país, de la religión o de lo que sea. Cada uno de nosotros tiene capacidad para mejorar este mundo. Yo no sé hacer muchas cosas, pero soy odontólogo, y si mi trabajo hace un poco mejor este mundo, no deseo más. Cada día vemos como cambiamos la vida de nuestros pacientes, y esto es lo mejor de todo.

“La gente que lo pasa mal no es tan distinta de cualquiera de nosotros”

Lara Vivero

Lara Vivero

Conversamos con Lara Vivero, que desde fechas recientes es Delegada Social de la Clínica Solidaria de Madrid. Odontóloga de 23 años, en estos momentos está cursando dos masters, uno en Ciencias Odontológicas y otro de Especialista en atención odontológica integrada en el niño con necesidades especiales, ambos en la Universidad Complutense de Madrid.

— ¿Cuando empieza tu vinculación con Odontología Solidaria?

— Hace algo más de año y medio. Empecé como estudiante, y me he quedado después como odontóloga. Supe de la Fundación por internet. Me puse a buscar ONG que trabajaran en odontología, y encontré OS. Contacte por teléfono, visité la clínica de Madrid, y ya me quedé como voluntaria. Se veía bastante buen ambiente, compañerismo, y me sentí a gusto enseguida. Cuando todavía era estudiante hacía trabajo de auxiliar, ayudaba a los odontólogos, recogía el instrumental, hacía que las cosas fueran más rápidas. Por parte de los odontólogos, ellos me enseñaron mucho, me explicaban lo que iban haciendo, lo que en parte fue un complemento a mi formación. Yo creo que a ellos les gustaba tener a una estudiante ayudando, como a mi me ocurre ahora como odontóloga: me hace ilusión poder transmitir mi conocimiento y contribuir a que la persona que está conmigo sea mejor profesional en un futuro.

— ¿Tenías alguna experiencia previa en organizaciones solidarias?

— Ninguna. Se me había ocurrido muchas veces, pero por falta de tiempo y de información nunca había dado el paso. Entré en Odontología Solidaria cuando ya había terminado cuarto de carrera, tenía todo el verano libre, y quise buscarme alguna actividad relacionada con lo mío y, sobretodo, con la que pudiera ayudar a la gente que lo necesitaba.

— ¿Cómo se percibe Odontología Solidaria en el ambiente estudiantil? ¿Se conoce lo suficiente?

— No, yo creo que no se conoce lo suficiente. Los que eran mis compañeros de clase conocieron Odontología Solidaria porque iba yo, y de hecho tenía un par de compañeros que venían también a la clínica conmigo. Pero en general se conoce poco. Creo que esta es un área que podría potenciarse.

—  ¿Qué enseñanzas has sacado de tu experiencia con OS a nivel humano?

— Bastantes. Acabas aprendiendo que realmente la gente que está pasando necesidad o está en riesgo de exclusión social no es tan distinta de ninguno de nosotros. Hay mucha gente que no conoce este sector de la población, que nunca ha tratado con ellos, por lo que a nivel social se aprende mucho. No se trata solo de lo que aportas, creces mucho en lo personal y en lo profesional. Yo comparto plenamente la filosofía de Odontología Solidaria. Creo que los tratamientos odontológicos básicos los tendría que cubrir la Seguridad Social, aunque de momento lo veo lejos, porque la odontología es costosa, y en España no tenemos esa cultura.

— ¿Crees que los poderes públicos reconocen suficientemente la labor que realiza Odontología Solidaria?

— Creo que en este momento estamos empezando a tener un poco más de reconocimiento, estamos recibiendo más subvenciones de organismos que no nos habían dado subvenciones antes… pero también creo que todavía nos queda camino por recorrer en esta dirección.

— Háblanos del día a día en la Clínica de Madrid.

— Hay mucho cambio de voluntarios en el sentido de que alguna gente solo puede venir un par de meses, o luego tiene que dejar de venir por motivos de trabajo, y va entrando gente nueva. También estamos unos cuantos que llevamos ya más tiempo. Pero como te decía antes el ambiente es muy bueno, los trabajadores nos ayudan mucho siempre que tenemos cualquier problema, e intentamos ayudarnos entre todos.

— Eres Delegada Social desde hace poco. ¿Cómo afrontas esta nueva responsabilidad?

— Sí, desde hace poquito. Yo soy una especie de puente entre los voluntarios y la organización. Lo afronto con ilusión, porque entre los voluntarios y la entidad tampoco hay muchos problemas. Nos entendemos bastante bien.

“Todavía podemos hacer cosas entre todos para mejorar la sociedad”

José Sanchis

José Sanchis

Desde hace unas semanas, José Sanchis es el nuevo Delegado Social de la Clínica Solidaria de Valencia, que desde 1999 trabaja por la salud oral de las personas que no pueden acceder a la salud oral en condiciones de mercado a causa de su situación socioeconómica. José, protésico dental de 52 años, colabora con Odontología Solidaria desde 2008, y afronta con ilusión sus nueva responsabilidad.

— Llevas ya bastantes años implicado en el trabajo solidario de la Fundación. ¿Por qué decidiste dar el paso y formar parte de este proyecto?

— Inicialmente hubo una cosa que me llamaba la atención. Cuando me movía en los ambientes del sector, veía a menudo el adhesivo de Odontología Solidaria. Era algo que me llamó la atención, y sin conocerlo aún, ya intuía que me iba a gustar. Hasta que un día que estaba por la zona de la clínica, me decidí a subir y preguntar. Entonces vi la dinámica de OS, me gustó, y me decidí a colaborar en la medida de lo posible. A partir de este momento, poquito a poquito, fue ampliándose el foco: empecé a conocer a la gente, la manera de trabajar… y hasta el día de hoy. Estoy a gusto con la labor que hacemos.

— ¿Habías colaborado con alguna entidad de acción social anteriormente?

— Sí, pero lo dejé por circunstancias personales durante unos años. Desde bien pequeño, 13 o 14 años, estuve colaborando con Cruz Roja. En Odontología Solidaria he retomado este camino. He visto que no es nada fácil, porque hay que lidiar con bastantes cosas, pero al final las satisfacciones y las recompensas son muchas.

— Háblanos un poco de estas satisfacciones y recompensas de tipo personal…

— La situación social en la calle ahora mismo todos sabemos como está, especialmente en el sector de población que solemos tratar. Ver a las personas que salen de la clínica con esa sonrisa sincera, sin ese temor, sin llevarse la mano a la boca tapándose “la cicatriz” de ir desdentado… la verdad es que llena mucho, te inclina a pensar que todavía se pueden hacer cosas entre todos para mejorar la sociedad. Hay sitio y tiempo para todo y para todos.

— ¿Cómo has visto la evolución de la Clínica Solidaria de Valencia desde que empezaste hasta ahora?

— Poco a poco se ha ido afianzando, y una vez ha tenido una base firme he visto que ha ido bastante ligera, que está funcionando de un modo bastante dinámico. Veo que el ambiente de trabajo en la clínica es muy cordial. Los voluntarios vienen con mucha ilusión, y tratan muy bien a los pacientes, lo cual me encanta. En algunos casos, hay pacientes que parecen temer que les regañen por la situación de su cavidad bucal, pero al ver que mis compañeros les tratan con dulzura y empatía, cambian enseguida. Entre los compañeros el ambiente es muy bueno. Si no hubiera buen ambiente y cordialidad, lo que allí se hace no se podría llevar a cabo.

— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para invitarle a formar parte de Odontología Solidaria?

— Depende de quien fuera, siempre hay que buscar el lado humano de cada persona. Toda las explicaciones que le pudiera dar serían positivas, pero lo realmente bueno sería que nos conociera, que viera a los pacientes… lo que esa persona viviese al conocer como funcionamos.

— ¿Cómo afrontas la responsabilidad de ser el nuevo Delegado Social de la clínica de Valencia?

— Mi labor consiste en ver las posibles deficiencias que pueda tener la clínica y, sobretodo, las posibles mejoras que se puedan aplicar. También ver de que forma podemos hacer que la dinámica de la clínica sea más fluida. Siempre hay pequeños detalles que pulir. Yo lo afronto con ilusión, por supuesto. Espero colaborar a que la clínica sea todavía más funcional, y que sea beneficiosa para todos: para los pacientes y para los voluntarios. Todo el mundo puede y debe aprender de los demás.

“Facilitar a los dentistas que puedan realizar labores solidarias es uno de los objetivos de nuestro Colegio”

José Luis Rocamora

José Luis Rocamora

El doctor José Luis Rocamora Valero se licenció primero en Medicina y Cirugía General (1983), para después hacerlo en Odontología en 1986, año en el que comienza el ejercicio de la profesión de dentista en Alicante. En 1995 entró en la Junta del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Alicante (COEA) como secretario y en 2003 asumió la presidencia, cargo que actualmente desempeña. El COEA cuenta en la actualidad con más de 1.000 colegiados.

— ¿Cuales son las principales dificultades a las que se enfrentan los profesionales encuadrados en el Colegio de Alicante?

— La situación es similar a la del resto de profesionales de España. La crisis ha afectado a todos los sectores. También al nuestro. Por desgracia, hoy, un recién licenciado tiene muchas posibilidades de engrosar las listas del paro, de trabajar por contratos precarios o de tener que marcharse al extranjero para poder trabajar dignamente. Pero esto también ocurre en muchas otras profesiones. No es mi intención parecer corporativista, pero sí debo decir alto que es peligroso para la salud que los profesionales que nos encargamos de ella estemos viviendo esta situación de plétora profesional. Somos demasiados dentistas. Alicante ha superado por primera vez en su historia la cifra de los 1.000 dentistas colegiados. Tenemos casi un 40% más de los dentistas que aconseja la Organización Mundial de la Salud.

— ¿Es el COEA un colegio abierto a los ciudadanos?

— Entre las funciones del Colegio está la defensa de la odontología y la defensa de los pacientes. Por ello, nuestro Colegio es también el colegio de todos los pacientes alicantinos y entre nuestras labores está la de informar a los pacientes de los derechos que tienen. También es nuestra función mediar entre el paciente y el dentista para intentar solucionar los problemas que puedan surgir de la mejor manera posible. Cualquier persona que tenga una queja con su dentista puede ponerse en contacto con nosotros.

— Usted se ha mostrado varias veces en contra del denominado “mercantilismo dental”. ¿Puede definir este concepto? ¿Qué solución o soluciones cree usted que tiene?

— En España, cualquier empresario puede abrir una clínica odontológica. Así, cuando una persona llega a la consulta con un problema de salud bucodental, lo primero que podría pasar es que el empresario sólo vea al cliente que tiene delante. No al paciente. Podría solo ver números y aplicar el “todo vale” en los negocios, utilizando sin consideración todos los recursos a su alcance, desde publicidad engañosa a contratos en precario a odontólogos recién licenciados. Este mercantilismo, que no se puede atribuir a todos los empresarios pero que sí está ocurriendo en nuestro país, está haciendo un daño, muchas veces irreparable, en la salud bucodental de los ciudadanos, y está provocando un evidente perjuicio a los profesionales de la odontología, con un creciente desprestigio de los dentistas ante la sociedad. Desde el Colegio de Dentistas de Alicante apostamos por una odontología sin asteriscos, sin letra pequeña en el contrato, sin trampa ni cartón.

— Usted conoce la Fundación Odontología Solidaria. ¿Qué le parecen nuestras finalidades y métodos de trabajo?

— Efectivamente, la conozco, sobre todo a través de nuestra vocal responsable en el COEA del área solidaria. Tengo que destacar su carácter solidario y sus finalidades, basadas en mejorar la salud bucodental de los más desfavorecidos a través de diversas actuaciones. Facilitar a los dentistas alicantinos que puedan destinar parte de su tiempo a esta actividad solidaria es uno de los objetivos del Colegio. Y es muy necesario su trabajo, el de entidades, fundaciones y ONG que nos hagan posible a los profesionales colaborar.

— ¿Desearía y cree posible que algún día se pusiera en marcha una Clínica Solidaria en Alicante? En tal caso, ¿cual sería el grado de implicación del Colegio?

— Como decía antes, es un objetivo de esta Junta Directiva del COEA facilitar a los dentistas alicantinos que puedan destinar parte de su tiempo a la solidaridad. De hecho, por ejemplo colaboramos con algunas ONG para que nuestros colegiados puedan participar en acciones solidarias en países en desarrollo o en campamentos de refugiados. También participamos en la recogida de material necesario para esas actuaciones solidarias. Y desde hace un tiempo estamos poniendo todo nuestro empeño en la creación de una Clínica Solidaria en Alicante, pero todavía están por concretar algunos aspectos y me gustaría dar la noticia a nuestra colegiación cuando realmente sea efectiva. Lo que sí le puedo adelantar es que ya tenemos un amplio listado de dentistas dispuestos a aportar su tiempo en esta futura Clínica Solidaria.

— La sanidad pública no contempla los tratamientos odontológicos que serían deseables. ¿Cree que a medio plazo estas prestaciones formarán parte del sistema público de salud? ¿Cuál es la actitud de las administraciones públicas ante esta cuestión? ¿Y la de los profesionales de la odontología?

— Sinceramente no tengo muy claro que la sanidad pública vaya a incrementar sus prestaciones en materia de salud bucodental, ya que tiene otras prioridades hacia el ciudadano. No creo que a medio plazo cambie mucho la situación, al menos la Administración no ha mostrado interés en ello en los últimos años. Ahora bien, los profesionales de la odontología pensamos diferente. Todo dentista al que le guste su profesión tiene como primer objetivo conseguir una mejor salud para su paciente. Da igual si lo hace en su clínica privada o atendiendo a nivel público. La salud es nuestra finalidad. Ojalá la Seguridad Social cubra, con el mejor sistema posible, las necesidades de la población en materia de salud bucodental.

— Una última pregunta de carácter más filosófico o ideológico: ¿Por qué hay que ser solidario?

— Solidaridad. Del latín, solicitas, lo que hace referencia a una realidad homogénea, entera, unida, donde los elementos que formaban ese todo tenían la misma naturaleza. El ser humano es uno y tiene en su naturaleza ser solidario. Hoy por ti, mañana por mí. A la próxima puedo ser yo o mis hijos los que necesiten ayuda. Es una obligación de todos. Sin excepción. Ser solidario es estar comprometido con la vida. Eso es Justicia. Ser solidario es ser justo.

“Mañana podemos ser nosotros quienes necesitemos ayuda”

Íñigo San Luis

Íñigo San Luis

Íñigo San Luis Bugallo es uno de los voluntarios que dedican tiempo y conocimientos en favor de los más desfavorecidos en una de nuestras clínicas. Tiene su propio centro dental en Bergondo, pero cada quince días, este odontólogo de 50 años acude a la Clínica Solidaria de A Coruña, donde atiende a personas que, a causa de su situación, no pueden acceder a tratamientos de salud bucodental en condiciones de mercado. Hemos hablado con él sobre las motivaciones y experiencias de este voluntariado.

— Empezaste en la Clínica Solidaria de A Coruña la primavera pasada. Anteriormente, ¿habías colaborado con alguna ONG?

— No, ninguna. Era algo que siempre tenía en mente. Hace años había pensado que estaría bien implicarme en temas de cooperación internacional, en Suramérica o en África, pero fue algo que nunca concreté. Era algo que siempre tenía en mente, pero que no hice hasta que conocí este proyecto de Odontología Solidaria, que me pareció fenomenal.

— ¿Y por qué esta vez decidiste dar el paso?

— En mi consulta privada estaba escuchando dramas familiares continuamente, sobre lo mal que lo está pasando la gente por la situación actual, por la crisis. Poco a poco fui viendo que la gente no puede más. A partir de estas constataciones fui tomando más consciencia del tema, y eso fue lo que me llevó a sacar un poquito de mi tiempo. Actualmente colaboro con Odontología Solidaria yendo a la clínica una tarde cada quince días. Con Odontología Solidaria tengo la oportunidad de ayudar aquí, donde realmente se necesita mucho.

— ¿Qué tal la experiencia hasta el momento?

— Muy bien, muy buena. Muy buenos compañeros. Y en cuanto a los pacientes, ves que son gente que valoran tu trabajo, valoran que estés sacando tu tiempo para esto.

— A veces, te encontrarás con pacientes con situaciones personales especialmente duras…

— Si, por supuesto. Y eso lo veo también en la privada, como te decía antes. La situación es muy dura.

— En lo personal, ¿qué te aporta el trabajo solidario?

— Es muy gratificante poder ayudar a las personas en algo de lo que tienes conocimientos. Pero además, también tenemos que pensar que el futuro de la odontología es incierto, y el de nuestras pensiones también. El día de mañana quizás seamos nosotros los que necesitemos ayuda. Hoy estás arriba y mañana no. Es una forma de solidarizarte con toda la gente que tiene problemas, porque yo también puedo ser uno mañana. Eso también me ha llevado a colaborar, pero por supuesto que es muy gratificante y es muy agradecido poder actuar en un campo en el que sé que puedo ayudar.

— ¿Qué te parecen los protocolos, el método de trabajo de las clínicas?

— Creo que está muy bien. Lógicamente, sobre la marcha nos vamos dando cuenta de cosas que se pueden mejorar. Cuando esto ocurre, se plantea y poco a poco se van solventando todas las cuestiones. Las cosas se ajustan sin mayor problema.

—  ¿Qué le dirías a un compañero odontólogo para que se implicara en nuestra organización?

— Que es un campo que conocemos, y qué mejor que ayudar en esto. Este compañero, en su consulta, estará dándose cuenta de la triste realidad social igual que yo. Lo animaría diciéndole que se iba a sentir mucho mejor pudiendo ayudar.

“Ser solidario da felicidad”

Javier García Asensio

Javier García Asensio

Despedimos el mes de septiembre entrevistando a nuestro compañero Javier García Asensio, odontólogo de 38 años de edad que forma parte del equipo de voluntarios de la Clínica Solidaria de Fuengirola. Javier, que tiene su propia clínica dental en la población malagueña de Ronda, nos habla en esta conversación de las motivaciones y valores implícitos en su acción solidaria.

— Fuiste de los primeros voluntarios de la Clínica Solidaria de Fuengirola. ¿Cómo has visto la evolución de la clínica desde que empezó a atender pacientes hasta la fecha?

— Al principio había muchas reticencias por parte de la gente. Como ha habido tantos timos, tantos engaños, a mucha gente no le quedaba claro si esto era una forma de captar pacientes o realmente era algo con un fin social. Pero a medida que han ido viendo lo que estamos haciendo, la situación ha cambiado. Cada vez hay más gente, y cada vez la gente se va más contenta. A nivel de clínica estamos muy bien. Pero yo veo que le falta un poco que haya más voluntarios que se impliquen. La clínica tiene un potencial estupendo, tiene buenos equipos, está en un sitio ideal, y creo que todavía no se aprovecha este potencial todo lo que se podría. Lo importante es que durante este tiempo la clínica se ha ido ganando la confianza de la gente. Tenemos incluso pacientes que vienen de Jaén, que está a hora y media de Fuengirola.

— Dices que debería haber más voluntarios. ¿Cómo convencerías a un colega odontólogo para que se implicara en el proyecto?

— Yo creo que el sentido final de nuestra profesión es muy bueno, ya que consiste en ayudar a la gente. Implicarse en Odontología Solidaria es una forma de poder cumplir con la vocación de nuestra profesión, añadiéndole el hecho de no hacerlo por dinero.

— ¿Y qué te motivó a ti para entrar como voluntario en la clínica? ¿Conocías ya la existencia de Odontología Solidaria?

— Sí, sabía que existía Odontología Solidaria desde hacía años, pero la situaba sobretodo en Madrid y Barcelona, no sabía que se estaban abriendo clínicas en otros sitios. Recibí una carta del Colegio de Odontólogos informando del proyecto de Fuengirola, y la verdad es que al principio no le di más importancia… fue mi mujer la que me animó para que me informara más y me implicara. Nosotros somos cristianos, y pensamos que por encima de todo hay que ayudar a los demás. Y si hay la oportunidad de ayudar a la gente, y encima en el ámbito de nuestra profesión, es ideal. La cuadratura del círculo, vamos…

— Así pues, en tu caso ser solidario es un deber…

— Sí. Creo que cada uno tiene el deber de ayudar a los demás en lo que sepa hacer o en lo que esté preparado para hacer. Además, yo pienso que ser solidario da felicidad. Cuando tú eres capaz de ayudar a los demás, a parte de que los demás se benefician, tú mismo te beneficias porque te sientes mejor, porque eres más feliz. Pero también hay una cuestión de justicia social. ¿Cómo no nos vamos a ayudar entre nosotros? Si al lado tengo una persona con una necesidad y se la puedo resolver y tengo los medios para hacerlo gracias a una ONG como Odontología Solidaria, ¿cómo no lo voy a hacer?

— A nuestras clínicas solidarias acuden pacientes que, en ocasiones, tienen una biografía personal muy dura. ¿Qué te aporta el trato con los pacientes?

— Sobretodo perspectiva. Cuando empiezas a hablar con ellos y te cuentan la situación en la que están, te das cuenta de que eres un privilegiado. Piensas que tu sigues teniendo problemas, porque todos los tenemos, pero en comparación con los de estas personas son muy leves. Eso te lleva a pensar que tienes que estar agradecido y tienes que estar contento.

— Como reflejábamos en nuestro último boletín, este verano has colaborado con la ONG Escuela de Solidaridad de Granada. ¿Has hecho más colaboraciones con otras entidades a nivel odontológico?

— Hace unos años estuve en Perú, en la parte amazónica del país. A través de un misionero que conocía, estuve allí un mes. Había montado un equipo dental en el consultorio médico. Nos movíamos por poblaciones que en unos casos solo tenían electricidad unas pocas horas, y en otras simplemente no tenían. Así que durante el día hacíamos extracciones, y cuando daban la luz aprovechábamos para hacer empastes. Había que aprovechar cada minuto. Fue una experiencia muy interesante, y me han quedado ganas de repetir en algún otro proyecto internacional.

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