Entrevistas

“La solidaridad es un valor implícito en nuestra profesión”

Enrique Llobell

Enrique Llobell

Pasado el período vacacional, conversamos con Enrique Llobell, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia (ICOEV). El colegio valenciano concede los Premio Solidaridad, distinción que Odontología Solidaria recibió en 2014 (junto a la ONG Una Sonrisa Para Centroamérica) y, de modo íntegro, en 2015. Cirujano maxilofacial y estomatólogo de 62 años de edad, el Dr. Llobell preside desde hace 6 años el ICOEV, entidad que agrupa a unos 2.000 colegiados. El presidente del Colegio aboga por la inclusión de los tratamientos odontológicos en el sistema público de salud, y destaca que la profesión sanitaria implica una vocación solidaria.

— ¿Qué les impulsó a instaurar el Premio Solidaridad ICOEV?

—  Se presentaron trabajos de colegas que realizaban labores sociales por todo el mundo, y creímos que estas iniciativas merecían una ayuda. Como había varios proyectos que solicitaban nuestro apoyo, decidimos que lo mejor era crear unos premios. Al final, hemos decidido darlo a proyectos que se desarrollen en la Comunidad Valenciana. No es que los otros proyectos no sean interesantes, pero pensamos que una acción en el Amazonas, por decir un lugar del mundo, quedaba muy diluido para el colegio profesional de Valencia, y preferimos potenciar más lo que ayuda a los necesitados de nuestra propia comunidad.

— Quizás esta decisión tiene un sentido más marcado en tiempos de crisis como los actuales…

— Sin duda. Si no tuviéramos necesidades en la Comunidad, pensaríamos que sería interesante dar esta ayuda solidaria a otros lugares del mundo. Pero es que en este momento, con la crisis que hay, mucha gente de aquí lo necesita.

— ¿La instauración del Premio denota una afinidad ideológica, por así decirlo, con las personas que emprenden acciones solidarias?

— La gente que emprende estos proyectos merece ayuda y toda nuestra consideración, ya que realizan una labor social que a veces es muy difícil y muy desagradecida. Tienen todo nuestro apoyo.

— ¿Qué razones impulsan a un profesional a ser solidario?

— La respuesta empieza ya en la propia profesión. Somos profesionales sanitarios, y creo que ser solidario es algo que va implícito con nuestra vocación.

— Sin embargo, habrá excepciones…

— Es verdad que en el mundo de la odontología estamos viendo a gente que, por ejemplo, se dedica a poner implantes porque es donde se gana el dinero, y no hace empastes porque no gana tanto. Eso implica poca solidaridad, y también implica poco amor a la profesión, poco interés por conservar los dientes de los ciudadanos. A algunos se les puede tachar de poco solidarios, pero yo insisto en que en el mundo de la sanidad todo empieza con una intención solidaria, una voluntad de ayuda a los demás.

— ¿El sistema público de salud debería ampliar sus prestaciones en materia odontológica?

— Es algo que llevo pidiendo desde mucho antes de ser presidente del ICOEV. Lo de la Seguridad Social en materia odontológica es absolutamente vergonzoso. No sólo debería ampliar las prestaciones, debería cubrir la salud odontológica. Es indecente que se cubran algunas prestaciones que no necesito nombrar, y que a la gente sin posibilidades que no tenga dientes no se le permita llevar una dentadura.

— ¿Tardaremos mucho en conseguir esta cobertura?

— Yo creo que no lo veré. Creo que no hay absolutamente ningún interés por realizar una labor en pro de las personas que no pueden pagarse una dentadura. Esto siempre dependerá de una decisión política, pero mi impresión es que no interesa que la odontología esté dentro de la Seguridad Social, aunque desde la profesión lo pidamos.

— ¿Cree que este es un anhelo mayoritario en la profesión?

— Yo creo que sí. Creo que cualquier persona de bien quiere que el sistema sanitario español cubra todas las necesidades… y la necesidad de poder comer es bastante importante.

— Usted ha visitado en varias ocasiones la Clínica Solidaria de Valencia. ¿Qué ambiente ha percibido en estas visitas?

— Siempre me han recibido en un ambiente excelente, y también me parecen excelentes las personas que hay allí. Es un ambiente positivo, sonriente, como pienso que debería ser siempre el ambiente cuando se trata a los pacientes. Creo que todos los que están allí dentro van para hacer el bien, y por eso tienen la sonrisa ya puesta.

— En estos y otros contactos habrá conocido los métodos y valores de Odontología Solidaria. ¿Qué les parece nuestra ONG?

— Me parece muy bien, y opino que debería tener más apoyo por parte de los políticos. Creo que deberían implicarse un poco más, apoyar más de lo que ya apoyan en aspectos como la mejora del local o en ayudas económicas.

“La solidaridad es una forma de estar agradecido a la vida”

Ismael Tárraga

Ismael Tárraga

En Odontología Solidaria no caminamos solos. Siendo el voluntariado la fuerza motriz de la Fundación, nuestros proyectos son también posibles gracias a la complicidad de otras entidades e instituciones. Sirva de ejemplo el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Albacete, cuya colaboración fue vital en el caso de la puesta en marcha de la Clínica Solidaria de la ciudad castellanomanchegaIsmael Tárraga, de 56 años, preside desde 2014 este Colegio, que agrupa a unos 230 profesionales.

— El Colegio de Albacete acompañó a Odontología Solidaria en este proyecto desde muy temprana hora. ¿Cómo se produjo el primer contacto?

— Fue a los pocos días de haber tomado yo posesión como presidente del Colegio. Coincidí con Dolores Cuenca en la calle de forma casual, y me habló de su intención de montar una clínica solidaria en Albacete. Yo le dije que contara conmigo, porque esa era también mi idea. Ella fue la que propuso la vinculación con Odontología Solidaria, porque ya conocía el funcionamiento de la clínica solidaria de Valencia. Lo tratamos en la Junta del Colegio, y nos pareció bien desde el primer momento. La decisión fue unánime. De hecho, varias personas de la Junta están colaborando actualmente como voluntarios en la clínica.

— Posteriormente, ¿cómo se fue concretando la colaboración del Colegio?

— Sobretodo, en el ámbito institucional. Hicimos gestiones ante la Diputación para solicitar una ayuda. En principio iban a darnos un local, pero como al final no fue posible, solicitamos una ayuda equivalente al global del alquiler del año. Hablamos también con el Ayuntamiento de Albacete en lo relativo a la colaboración de los Servicios Sociales. A la inauguración de la clínica vinieron tanto el alcalde de la ciudad, como la vicepresidenta de la Diputación, además del el obispo de Albacete. También pusimos el proyecto en conocimiento de todos nuestros colegiados, que estuvieron mayoritariamente a favor, y en muchos casos colaboran en la medida que pueden. Así mismo, hemos hecho gestiones ante otras entidades para intentar que nos concedieran ayudas… El Colegio colabora en todo lo que puede y un poco más. La colaboración permanece porque este es un proyecto que también consideramos nuestro, y con este fin estamos trabajando para su continuidad y su éxito.

— ¿Qué balance hace de los primeros meses de actividad de la clínica?

— Un balance muy positivo. Los voluntarios (ya sean higienistas, auxiliares o dentistas), están contentos con el trabajo que se está haciendo. Los pacientes ya están viendo los resultados, y se nota que también están contentos. Han venido muchos usuarios, se está haciendo un gran número de visitas. Yo creo que estamos en la buena línea. Cada día se van incorporando nuevos voluntarios. La profesión se ha implicado con el proyecto, porque ha venido a cubrir un hueco importante. Anteriormente, todos, en nuestras clínicas, hemos hecho cosas de forma altruista con algunos pacientes, y por suerte ahora tenemos una clínica solidaria en la ciudad que hace precisamente eso.

— Esta implicación de la profesión que menciona, denota que existe un espíritu solidario entre los odontólogos de la zona. En su opinión, ¿por qué hay que ser solidario?

— Hay que serlo simplemente porque los que estamos en una mejor situación tenemos que estar agradecidos a la vida. Hay que ayudar a las personas necesitadas de nuestro entorno, ya que formamos parte de una sociedad de la que no nos podemos abstraer. Tenemos que estar en la realidad social. Nuestro trabajo es cuidar sonrisas, y no se me ocurre nada mejor que ver una sonrisa en la cara de las personas que, por sus condiciones económicas, no han podido acceder a una serie de tratamientos. Todas las actuaciones que se hacen en bien del entorno social, acaban por repercutir en una mejor justicia social. Hay que estar presente para compensar un poquito las desigualdades.

— ¿Qué opinión tiene sobre el modo de trabajar y los protocolos de Odontología Solidaria?

— Me parecen bien. Personalmente, creo que hay algo que podría revisarse. Actualmente no se realizan ortodoncias, y yo pienso que se podrían intentar hacer actuaciones ortodóncicas. Lo digo pensando sobretodo en los niños, que son los más perjudicados cuando una familia tiene una situación social desfavorable. Una corrección ortodóncica va a mejorar su salud y su autoestima. Creo que este es un aspecto a reconsiderar.

— ¿Qué impacto tiene la clínica en la población más desfavorecida de la zona? 

— Positivo, sin duda. Todo el mundo tendrá que reconocer, y en realidad ya reconoce, que es una gran labor la que estamos haciendo. Cada vez que comento con alguien cosas del proyecto, recibo opiniones positivas. Eso es a diario. Creo que tiene un impacto importante para la profesión, y para situarnos socialmente en el sitio que nos corresponde. Tenemos que hacer esta labor.

— Habla de la necesidad de hacer esta labor como si fuera una obligación moral…

— Exactamente. Todo el mundo tiene la obligación moral de intentar ayudar a los demás. Y cuando digo todo el mundo hablo de los odontólogos, los médicos, los conductores, los albañiles, los carpinteros… Por ejemplo, cuando estábamos acondicionando la clínica de Albacete vinieron carpinteros a ayudarnos, que trabajaron casi de forma altruista. También hay que destacar la colaboración solidaria del ingeniero técnico en el proyecto. De algún modo, todos necesitamos ser solidarios en algún momento.

“Un poquito de cada uno es mucho para todos”

Jesús López Espinosa

Jesús López Espinosa

Jesús López Espinosa, odontólogo de 34 años, empezó como voluntario en la Clínica Solidaria de Madrid hace dos años y medio. Estudió la carrera en la Universidad Europea de Madrid. En la actualidad tiene su propia clínica en la ciudad, y también colabora como especialista en otros centros. Esta es su experiencia y opinión acerca del trabajo que desarrolla Odontología Solidaria.

— ¿Por qué te enrolaste como voluntario en la clínica de Odontología Solidaria en Madrid?

— En un momento dado empecé a buscar sitios donde hacer voluntariado. Mi primera idea era viajar, pero me encontré con el proyecto de Odontología Solidaria en Madrid. Decidí probar, y hasta hoy. La experiencia está siendo muy positiva. Yo solo hago endodoncia, y como hay muchos pacientes que lo necesitan, procuro aprovechar al máximo todo el tiempo que estoy en la clínica, para hacer cuantas más endodoncias pueda. Voy ligerito, y aunque no ando mucho charlando con la gente, el trato con los pacientes es bueno. Entiendo que si puedo hacer una endodoncia más es mejor para ellos que si estoy ahí preguntándoles por la familia y tal. En mi clínica hablo más con la gente, pero aquí procuro sacar todo el trabajo posible, porque es lo que hace falta. La primera idea era ir a la clínica un día cada dos semanas, pero no es raro que me pidan que vaya algún día más, cosa que hago encantado.

— ¿Qué te motiva para ser voluntario?

— La necesidad de la gente. Entiendo que hace falta, y que no es necesario ir muy lejos para colaborar, ya que en el mismo Madrid hay gente que lo pasa mal y a la que podemos atender. Me parece que un poquito de cada uno es mucho para todos. Si tu aportas un granito de arena, contribuyes a que haya un poquito más de justicia social. Hay gente a la que la vida no le ha ido bien, que no ha tenido tanta suerte como nosotros, y no es justo que esta gente o sus hijos no tengan acceso a los tratamientos odontológicos. Yo quiero dedicar una parte de mi tiempo a intentar paliar esto, porque me parece que es lo más justo. Imagínate que todos los dentistas de España lo hicieran, que fueran media hora cada quince días a ver a uno o dos pacientes: todo el mundo, incluida la gente que no tiene recursos, estaría cubierto.

— Hace unas semanas, participaste en la formación que se dio en Badajoz centrada en el trato a pacientes con discapacidad. ¿Qué tal la experiencia?

— Fue interesante. Fuimos a ver el protocolo del Servicio Extremeño de Salud para los niños con discapacidad, porque trabajaremos con la Asociación Hanan de Tetuán en un proyecto de estas características. Me gustó mucho la experiencia de Badajoz, ver como tienen los protocolos y como funciona el tratamiento de pacientes especiales en el hospital con anestesia. Fue muy interesante tratar con el Dr. Rueda. Yo lo conocí en noviembre en Barcelona cuando recibió el Premio OS. Al final de su charla fui a saludarle, pero no hablamos mucho. Cuando estuve en Extremadura con él se estableció una buena relación muy buena.

—  ¿Crees que Odontología Solidaria está en un buen momento?

— La parte organizativa no la conozco muy bien. Pero en el día a día veo que va funcionando bien. Creo que damos un buen servicio a los pacientes, y que es una cosa muy bonita. También te digo que siempre se pueden mejorar las cosas.

“Estamos en el mundo para hacer más fácil la vida a los demás”

Irene Iglesias Rubio

Irene Iglesias Rubio

Conversamos con Irene Iglesias Rubio, odontóloga de 41 años residente en Segovia. Irene conoció Odontología Solidaria cuando estaba estudiando en la Universidad Complutense de Madrid, y rápidamente empezó a colaborar en la Fundación, llegando a formar parte del Patronato de nuestra entidad. También es una destacada bloguera en temas de salud bucodental.

—  Háblanos de tu trayectoria en Odontología Solidaria. ¿Cómo empezó todo?

— Pues cuando todavía estudiaba la carrera en la Complutense. Un amigo tenía que hacer la tesina sobre un tema de prevención que implicaba ver niños, y fue Odontología Solidaria quien le proporcionó la oportunidad de trabajar con ellos. A partir de ahí empecé a colaborar. Primero iba a la Clínica Solidaria de Madrid a ayudar a este compañero, y luego ya me quedé como voluntaria. Mientras estaba estudiando, iba a ayudar a los dentistas. Limpiaba: era muy feliz limpiando los sillones. Desde que estaba en el instituto había querido ser dentista, y con el mero acercamiento a un sillón dental ya estaba muy contenta. Era feliz limpiando los sillones, limpiando los armarios, ordenando el material… No era ni es política de Odontología Solidaria que los estudiantes trabajen con los pacientes, y yo lo compartía. Un tiempo después, a partir del año 2001, entré a formar parte del Patronato, en el que estuve un par de legislaturas. Actualmente no tengo tanta disponibilidad como en los primeros años, pero sigo vinculada de un modo más puntual. Tengo mi “microproyecto” solidario en la cárcel de Segovia, aunque igual sólo me encuentro cada dos años con un paciente que pueda ser atendido con los criterios que tenemos nosotros. Hace escasas semanas he puesto una prótesis, pero creo que no lo hacía desde hacía unos años.

— ¿Por qué al conocer Odontología Solidaria te implicaste tan rápidamente y con tanto entusiasmo?

— Al principio, por ayudar y por conocer de cerca lo que era una clínica dental. Me hizo sentir útil desde el primer momento, y además había muy buen ambiente de trabajo. Pero sobre todo por ayudar, porque cuando tú ayudas, recibes más de lo que das. Ves mundo a través de los ojos de los pacientes, cosas que no verías si te quedaras encerrada en tu mundo de composites e implantes “megaguais”…  También por la prevención. La prevención la he conocido solo y exclusivamente a través de Odontología Solidaria: la no agresión, el tener cuidado para que lo que hagas no sea peor que lo que ya trae el paciente. Eso lo aplico constantemente en mi clínica, y es lo que me recuerda mi vocación. Pero insisto en que la motivación principal es ayudar. La solidaridad es importante porque mañana puedes ser tú quien está al otro lado. ¿Cuanta gente estaba bien situada hace cinco o seis años y ahora son pacientes de Odontología Solidaria? Yo creo que estamos puestos en el mundo para hacerle la vida más fácil a los demás. En este aspecto, la odontología, yo puedo ayudar a que la gente tenga la vida más fácil, y otro me ayudará a mi en otra cosa. Cada uno sabe lo que sabe, y yo creo que tenemos la obligación moral de compartir el conocimiento con el resto de las personas.

— ¿La experiencia en el Patronato, fue positiva?

— Totalmente. Fue una época de aprendizaje muy intenso. Yo no era nada al lado de todo lo que sabían mis compañeros, de todo lo eran capaces de dar. Eran gente que estaba muy por encima de mi, como personas y como dentistas. También me di cuenta de que llevar a cabo toda esta labor requiere un trabajo de oficina tremendo, que muchas veces los voluntarios no pueden valorar porque no lo conocen directamente. Las decisiones que se toman nunca son las de una sola persona, siempre son consensuadas, y a veces hay disparidades de criterio, con lo que tenemos de ponernos de acuerdo para que las cosas sigan adelante. Este proceso es muy bonito también.

— ¿Ves a la Fundación en un buen momento?

— Hemos crecido un montón. Ya somos mayores, hemos dejado atrás la fase adolescente en la que nos encontrábamos cuando entré yo. Creo que estamos caminando sobre seguro y que somos la referencia en temas de salud oral y solidaridad en España y en Europa.

— Hace un par de años, empezaste con tu blog Evidientemente, dedicado a temas de salud oral. ¿Con qué objetivo lo lanzaste?

— Surgió porque creo que la odontología es una profesión que la gente no conoce, simplemente la teme. Y creo que la gente tampoco sabe lo barato, lo fácil y lo eficaz que es tener salud bucodental. Hacer llegar este conocimiento paciente a paciente es muy lento, no eres un agente multiplicador. A través de las redes, te das cuenta de que llegas a mucha más gente y eres capaz de conseguir mejor los objetivos de salud. La gente tiene dudas que son muy fáciles de resolver por parte de los dentistas, pero no se lo preguntan. Y a veces los dentistas solo están centrados en arreglar las caries, o en decidir si te ponen una restauración de una porcelana o de otra. Pero eso no arregla la salud, eso solo son parches. Los sanitarios tenemos de comunicar, sabernos explicar, y esto a través de las redes es muy fácil, muy barato, y creo que no se me da mal. El objetivo es explicarle a la población lo que hacemos los dentistas y como prevenir las enfermedades.

— En tu blog afirmas que en el gremio existen ciertos prejuicios contra la lactancia, un tema del que te has ocupado a menudo…

— Hay un desconocimiento atroz de los temas de lactancia entre los dentistas. Es lo mismo que pasa cuando a un pediatra le preguntas sobre dientes, que no tiene ni idea. A veces, dentistas y pediatras dicen cosas que no tienen ninguna evidencia científica. Lo primero que recomiendan ante un niño que tiene caries y al que han visto mamando en la sala de espera es destetar… sin interesarse por la dieta, por el consumo de azúcares, por las condiciones del cepillado, o por el entorno familiar en el que vive el niño. Me da mucha pena que la lactancia, que es un período tan bonito que pasas con tu hijo –y puede durar lo que quieras tú y lo que quiera el niño–, se deje de lado sin investigar más allá.

— De hecho, tu trabajo como bloguera se centra mucho en la salud oral durante el periodo de cero a tres años. ¿Qué especificidades tiene la odontología en este caso concreto?

— Tiene hechos patológicos muy frecuentes como son las maloclusiones y las caries, y los condicionantes de relación que tienen los niños. Cuando tu estás atendiendo a un niño, en realidad no atiendes a un paciente, atiendes a una familia, como mínimo a la díada madre-bebé. No me vale solo explorar al niño, tengo que explorar la unidad familiar. Tengo que conocer como tienen la boca los padres, tengo que ver como es la relación entre madre e hijo y entre los padres, ya que muchas veces si hay mala relación entre los padres esto puede repercutir directamente en la salud bucodental de los niños. El niño puede tener enfermedades, claro que sí, pero no olvidemos que estamos en dentición de leche, y esto es un ensayo para lo que será la dentición definitiva. Si los factores de riesgo que tenemos de bebé siguen más adelante, vamos a tener un adulto enfermo. Esta edad es muy buena para corregir.

“Aquí he encontrado a gente con mucha calidad humana”

Rosa M. Tarragó

Rosa M. Tarragó

Hablamos con Rosa María Tarragó durante una pausa de unas jornadas en Badajoz en las que se imparte formación a los voluntarios de Odontología Solidaria que participarán en el proyecto que la Fundación tiene con la Asociación Hanan de Tetuán (Marruecos). Higienista bucodental de 39 años residente en Zaragoza, Rosa María tiene amplia experiencia en el trato con pacientes discapacitados como los que se atenderán en el mencionado proyecto.

— ¿Cómo te implicaste en este proyecto?

— Fue un poco por casualidad. En mayo de 2015, yo formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación Profesional de Higienistas Bucodentales de Aragón, que organizó una carrera solidaria a beneficio de Odontología Solidaria. En una reunión con la gente de la Fundación en Zaragoza, se nos habló del proyecto de Marruecos. En ese momento yo trabajaba en el Servicio Extremeño de Salud con el Doctor Jesús Rueda, en una unidad en la que atendíamos a pacientes discapacitados. Lo comenté, la Fundación se puso en contacto con el Dr. Rueda, y desde Odontología Solidaria sugirieron que colaboráramos en la formación de los voluntarios que irán a Marruecos. Estamos formando a los compañeros que viajarán a Tetuán para tratar a personas con discapacidad.

— ¿Qué características especiales tiene el trabajo con este tipo de pacientes?

— El trabajo con estas personas necesita mucha paciencia y mucha formación específica. A veces es parecido a la odontopediatría, pero mucho más complicado. Son pacientes que ha tienen una patología de base, con lo cual están más polimedicados. Lo hay que tienen la lengua más grande de lo normal, o que no pueden abrir bien la boca. También los hay que no degluten bien, o que tienen movimientos incontrolados. El trabajo con el paciente es muy complejo, y además cada discapacidad tiene una singularidad que debes conocer, porque no es lo mismo tratar a una persona con síndrome de Down que a una con autismo, por ejemplo.

— ¿Qué tipo de equipos humanos exige el tratamiento con personas discapacitadas?

— Equipos multidisciplinares. Ya no estamos hablando solo de lo fundamental, del dentista y el higienista, sino que también hay que hablar mucho con los educadores, los centros, las familias… Es muy importante hacer un buen trabajo en cuanto a prevención, intentar que los cuidadores cepillen muy bien a estos pacientes, ya que por muy buen trabajo que tu puedas hacer técnicamente, luego las mejoras deben mantenerse. El discapacitado depende totalmente del cuidador, por lo que es necesario hacer formación en colegios y centros de día tanto para los profesores como para los logopedas como los cuidadores. Se colabora también con terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales y enfermeras de geriatría. Esto de aporta bastante, aprendes muchísimo.

— ¿Y en cuanto al trato con las familias de los pacientes?

— Es fundamental. Con los padres aprendes mucho en lo relativo al trato con los pacientes. Mientras que en odontopediatría lo recomendable es que los padres no estén presentes mientras trabajamos –aunque a veces les dejamos–, en este caso es al revés. El padre y la madre tienen que estar dentro, porque te van a indicar como es el niño: como podemos actuar para que se distraiga o que colabore. Cada paciente tiene una singularidad muy especial, y aunque ya tengas técnicas y experiencia, es complicado trabajar con él sin esta ayuda.

— ¿Esta colaboración con Odontología Solidaria es tu primera experiencia en una ONG?

— Sí, es la primera vez. Con mi marido, que también es sanitario, siempre habíamos hablado de colaborar con una organización así, de manera que cuando conocí Odontología Solidaria estuve encantada. Estoy dispuesta a ayudar en todo lo que pueda para tratar de hacer un mundo más justo. En la Fundación he conocido a gente estupenda y muy solidaria, con mucha calidad humana. Además de ayudar a la gente, creo que también está muy bien conocer a otros profesionales con los que tienes valores en común.

“Para mi, la solidaridad es una obligación moral”

Mayte García Reguero

Mayte García Reguero

Hay personas que, debido a su vinculación a Odontología Solidaria, conocen nuestra Fundación desde distintos prismas. Es el caso de Mayte García Reguero, que ha ocupado distintas responsabilidades en la entidad, desde el voluntariado cuando aún era estudiante, hasta la presidencia de la organización, pasando por otras etapas también significativas. Odontóloga de 38 años de edad, Mayte trabaja en su propia clínica en Madrid, y ha hablado con nosotros de su experiencia en la Fundación.

— ¿Como supiste de la entidad?

— Todavía estaba estudiando. Era estudiante de tercero de odontología, sería en el año 1999. Supe de la existencia de la Fundación por una odontóloga de una clínica a la que yo iba a hacer prácticas. Ella iba de voluntaria a la clínica de Madrid, había colaborado con Mercè Morató en un proyecto que se hizo en la India, y como sabía que yo hacía de voluntaria en Cruz Roja, me habló de Odontología Solidaria. A través de ella conocí la Fundación, porque por aquel entonces no teníamos página web ni nada.

— A partir de este momento, desarrollas una intensa actividad en Odontología Solidaria…

— Empecé a colaborar en la clínica de Madrid, primero como auxiliar porque todavía era estudiante. Cuando acabé la carrera me quedé como voluntaria. Luego estuve trabajando para OS en un proyecto que teníamos con la Comunidad de Madrid. Hacíamos un programa de rehabilitación de drogodependientes en colaboración con la Agencia Antidroga. Odontología Solidaria ganó el concurso público de este programa, y yo me quedé como odontóloga con otra doctora. Hablamos del año 2001. Estuve unos cuantos años trabajando en este proyecto. Más tarde me invitaron a formar parte del Patronato. Entré como vocal, y ya en 2004 colaboré en el proyecto que teníamos en Angola. Fui con Fede Gerona, y unos años después también estuve en Sierra Leona. En paralelo, mientras José Manuel Díaz era presidente de Odontología Solidaria, yo fui vicepresidenta. Y al dejar él el cargo en 2010, la presidencia recayó en mi. Estuve dos mandatos.

— El voluntariado te interesó desde muy joven. ¿Por qué razón?

— Realmente, más que interesarme, para mi es una obligación moral. Para mi, ayudar a la gente en  la medida que uno puede es importante, ha sido y sigue siendo una parte muy importante de mi vida. Las cosas hay que mejorarlas. Está muy bien quejarse, pero además de quejarse hay que implicarse y actuar. Siempre lo he pensado. Antes de conocer Odontología Solidaria ya hacía de voluntaria en otros sitios porque, para mi, es algo vital. Siempre he querido aportar, quizá por un cierto afán de justicia social, y en el caso de la odontología, para reivindicar el derecho a la salud bucodental.

— ¿Qué fue lo mejor y lo peor de ser presidenta de Odontología Solidaria?

— Lo mejor, el bagaje personal y lo que aprendí de mis compañeros. La gente me enseñó muchas cosas. Como voluntario, uno siempre está muy satisfecho y muy lleno por el agradecimiento de las personas a las que ayuda. Como presidenta fue una etapa para mi dura, porque yo soy de estar a pie de trinchera y hacer lo que me gusta. Pero hay otras labores que también son necesarias y que quizá son menos gratificantes, más orientadas a la gestión y otras cuestiones que a lo mejor no son una manera de ayudar al prójimo tan bonita ni tan directa. Aprendí mucho de las personas que estaban conmigo en el Patronato, hubo un enriquecimiento personal al tener contacto con gente tan diferente, con pensamiento a veces distinto al mío, pero interesante de todos modos. Aprendí a ver Odontología Solidaria con otros ojos, y a valorar el trabajo que también hace la gente que no está con la mano en el diente, como digo yo, pero que aporta cosas muy importantes. A veces fue duro porque pasamos una época con muchas dificultades económicas, y porque estaba en peligro la sostenibilidad de la entidad. Afortunadamente, gracias al trabajo de todos y a esos malos ratos, hoy estamos donde estamos, y seguimos creciendo.

— Antes nos hablabas de los proyectos en Angola y Sierra Leona en los que trabajaste. ¿Qué recuerdo tienes de estas experiencias en África?

— Creo que es de lo mejor que he hecho en Odontología Solidaria. Conocía bien la situación aquí, pero siempre había querido colaborar en el exterior. Es una de las experiencias más gratificantes que he tenido, porque te abre los ojos a una realidad que hasta entonces solo ves en el Telediario, pero no la hueles, no la tocas, no la palpas. Cuando estás allí ves directamente situaciones que a veces son muy difíciles, ves a la gente pasar hambre y morir de hambre. Fue positivo porque me enseñó lo que es importante en la vida, por qué cosas hay que preocuparse y por qué cosas no hay que preocuparse. Yo ya sabía que era una privilegiada, pero cuando fui allí lo corroboré, y me impulsó a recalibrar mi escala de valores. Cuando llegas allí, quieres ayudar mucho más de lo que puedes realmente. Nosotros, una ONG pequeñita, fuimos con unas expectativas, pero luego la realidad se impone, y ves otras cosas que hay por encima. Pero creo que eso nos hizo ser más realistas, y nos ayudó a plantearnos los proyectos desde otro nivel, mucho más práctico y efectivo, y en colaboración con gente del territorio.

— ¿Cómo ves Odontología Solidaria en este momento? ¿Qué piensas del futuro de la Fundación?

— Habiendo pasado un poco por todos los escalones, estoy muy contenta. Es como un niño pequeñito al que ves empezando a andar solo. Antes éramos pocas clínicas, y nos conocíamos todos. Ahora estamos implantados prácticamente a nivel nacional, hemos crecido, tenemos un voluntariado muy fuerte, y las perspectivas desde luego son muy buenas. Siempre habrá cosas que mejorar, pero como yo he vivido los momentos difíciles, me hace muy feliz ver el punto en el que estamos.

“Siendo voluntaria me siento mejor conmigo misma”

Esther Serrano

Esther Serrano

La Clínica Solidaria de A Coruña tiene dos Delegadas Sociales: Sandra Rabuñal, a quien entrevistamos hace poco tiempo, y Esther Serrano, con quien conversamos hoy. Odontóloga de 40 años originaria de Murcia, en cuya Universidad realizó sus estudios, Esther compagina su trabajo en una clínica privada de la ciudad gallega con el voluntariado en Odontología Solidaria.

— ¿Desde cuando estás en la Clínica Solidaria de A Coruña?

— Desde antes de su apertura. Yo quería hacer un voluntariado aquí, y mi primera idea fue hacerlo en la Asociación Contra el Cáncer, porque como le ha ocurrido a tanta gente, en mi familia ha habido casos de esta enfermedad. Hice unas primeras gestiones en ese sentido, pero justo en aquel momento me acordé de que existía Odontología Solidaria, aunque en aquella época no conocía muy bien la organización, seguramente había visto alguna cosa en Facebook y poco más. Busqué en internet, mandé un correo, y me dijeron que estaba previsto abrir en A Coruña, aunque entonces aún no se sabía en qué fecha exacta. En paralelo, conocí a  Brais Andújar, sin saber yo todavía que él formaba parte de Odontología Solidaria, y le pregunté si sabía algo de la Fundación. ¡Y por supuesto que lo sabía, ya que él y Ana Otero eran quienes impulsaban el proyecto! A partir de este momento me vinculo al proyecto y a la entidad.

— Has dicho que en aquella época habías decidido implicarte como voluntaria en alguna organización. ¿Qué te motivó a dar este paso?

— Hace unos años, mi marido decidió irse a formar a Boston, y yo me fui con él. Como sabes, en Estados Unidos le dan mucha importancia al voluntariado, y yo me metí en una asociación de dentistas hispanos que hacía mucho trabajo con las comunidades hispanas, y también captaba chicos para carreras dentales, ya fuera higiene, auxiliar dental, odontología… Esa experiencia me gustó mucho, y cuando volví a España quise seguir vinculada al mundo del voluntariado. Antes de ir a Estados Unidos nunca había explorado esta faceta, y descubrí que me motiva más que muchas otras cosas. Me resulta muy motivador, porque –y a lo mejor es algo completamente egoísta– me siento mucho mejor conmigo misma. Me parece que el trabajo que hacemos en Odontología Solidaria es un modo de hacer justicia, por decirlo de alguna manera… No todo el mundo tiene la suerte que he tenido yo en la vida, y esto es una manera de devolverla.

— Háblanos de tu experiencia en la clínica de A Coruña.

— Fenomenal, la verdad. Desde el primer día. La clínica funciona muy bien, hay muy buena relación con los compañeros, y va aumentado el número de voluntarios. ¡Fíjate si hay buen ambiente, que incluso tenemos una antigua paciente que se ha involucrado como voluntaria! Es una chica venezolana que estudió Comunicación en su país, y ahora viene de voluntaria administrativa… Hay buen rollo y yo creo que se nota mucho. En cuanto al trato con los pacientes, es también muy bueno. Son gente que a menudo te cuenta cosas de su vida que te hacer pensar en lo bien que estás tú. Te ayudan a ganar perspectiva sobre la vida, y a entender que no te puedes quejar ni de la mitad de lo que te quejas. Son muy buena gente y muy buenos pacientes, muy respetuosos y agradecidos.

— ¿Y qué nos dices de tus responsabilidades como delegada social?

— Yo básicamente lo que intento hacer es captar voluntarios, le hablo a todo el mundo de Odontología Solidaria por si quiere colaborar: compañeros de trabajo de otras clínicas, gente de la universidad, lo intento con todo el mundo. Para tratar de convencerlos, les digo básicamente que vengan a vernos y estén un día en la clínica con nosotros. Y luego, que hagan lo que quieran. Lo que hacemos aquí me parece mucho más motivador que el trabajo en una clínica privada, y como todo el mundo se lleva tan bien… creo que esta es nuestra mejor carta de presentación.

“Debemos centrarnos en atender a la población más desfavorecida de nuestro entorno”

Rosa Maria Gutiérrez de Pando

Rosa Maria Gutiérrez de Pando

Rosa Maria Gutiérrez de Pando trabajó muy intensamente con Odontología Solidaria durante la década pasada, realizando proyectos tanto en América Latina como en nuestro país. Médico estomatólogo de 59 años, actualmente desarrolla su labor profesional en un Centro de Atención Primaria de Mataró (Barcelona), labor que combina con su actividad en el sector privado. Rosa Maria ha charlado con nosotros de todo lo vivido, y del rumbo actual de la Fundación.

— ¿De qué época data tu vinculación más activa a Odontología Solidaria?

— Hablamos del año 2000, aproximadamente. Hice algunos trabajos de campo internacionales, y luego participé en la puesta en marcha de la Clínica Solidaria de Granollers.

— ¿Dónde hiciste acción internacional?

— En Bolivia. Estuve el el sur del país, con el proyecto de Izizog, con los indios guaraníes. Conseguimos que se estableciera un dentista allí, y que el enfermero se formara también como protésico. En este momento, funcionan perfectamente por sí solos, trabajan para la comunidad sin ayuda externa. Eso es lo interesante del proyecto, y creo que es uno de los grandes éxitos que ha tenido Odontología Solidaria en el apartado de cooperación internacional. Recuerdo que el dentista boliviano que te comentaba antes se casó con una chica guaraní, de modo que está totalmente integrado en la comunidad. Realicé varios viajes a Bolivia, y tengo muy buenos recuerdos de aquella época. Había otros centros de salud en comunidades más pequeñas, y recorríamos la zona en ambulancia. Se vacunaba a los niños, se desparasitaba, y aprovechábamos también para sacar dientes cuando era necesario. Nos ayudaron el Colegio de Dentistas de Santa Cruz, y unas monjas que había en el área. Gracias a los promotores de salud pudimos hacer una importante labor de prevención, enseñando a los niños de las escuelas y a los adultos de las comunidades higiene oral.

— Como decías, algo más tarde participas en la puesta en marcha de la clínica de Granollers. ¿Cómo fue?

— Hasta entonces, algunos de nosotros, en la consulta privada, atendíamos a personas económicamente desfavorecidas que nos llegaban mediante asistentes sociales o por otros medios, pero esa manera de trabajar no era eficaz ni adecuada. De ahí que se planteara abrir una clínica solidaria como las que ya funcionaban en Madrid o Valencia. Recuerdo que el Doctor Oriol Montaña nos ayudó mucho en esos inicios, hasta que conseguimos un local y empezamos a montar el centro y a trabajar con muchísima ilusión. Teníamos muy claro que esa clínica respondía a una necesidad, por supuesto, pero que también era una forma de reivindicar ante las instituciones, de señalar que nosotros estábamos haciendo un trabajo que, en realidad, les competía a ellas.

— Estuviste también en el Patronato de la Fundación…

— Sí, dos veces, durante dos legislaturas. Fue una experiencia muy interesante, porque en el ámbito del Patronato había muchas visiones distintas. Éramos gente de todas partes. Entre todos fuimos llegando a la conclusión de que, aunque se pudiera hacer acción internacional, lo más importante era lo que teníamos más cerca. Aquí tenemos una gran demanda, a la que es necesario responder.

— Antes de entrar en Odontología Solidaria, ¿habías formado parte de alguna otra ONG?

— No, anteriormente no. Yo supe de Odontología Solidaria gracias a la información que enviaba Mercè Morató desde Menorca dando a conocer la entidad. Me puse en contacto, y un tiempo después fui conociendo a la gente como Alfred Miranda, un protésico que trabajaba en el proyecto SPOTT, Xavier Maristany, Marta Pulido, Rafa Montaña… gente fantástica, un muy buen equipo con el que empezamos a realizar proyectos.

— ¿Cómo valoras la situación actual de Odontología Solidaria?

— Ahora por motivos laborales estoy un tanto desvinculada. Creo que los fundamentos de la entidad siguen siendo los mismos. Son los que son y así debe ser. Pero también veo que se buscan nuevos caminos, cosa que es necesaria. Pienso que hay que buscar nuevas fórmulas para atender a la población más desfavorecida de nuestro entorno. Podemos hacer asesorías internacionales, colaborar en proyectos, pero creo que los recursos deben destinarse mayoritariamente aquí. Hay que agradecer la ilusión, el esfuerzo y la profesionalidad de nuestros voluntarios, que con su trabajo desinteresado han hecho posible que nuestras clínicas distribuidas por toda España puedan atender a tantas personas El voluntariado es imprescindible para continuar nuestra labor, y desde aquí invito a más personas de nuestra profesión a que se unan a nosotros.

“Todavía veo lejos que la odontología entre en la sanidad pública”

Blanca Gómez de Balugera

Blanca Gómez de Balugera

La primera clínica de Odontología Solidaria empezó a funcionar en Madrid en 1995. Fue posible gracias a la generosidad de Blanca Gómez de Balugera, que cedió su propia clínica a nuestra entidad para tal fin. Blanca, odontóloga de 58 años, actualmente reside ente Ávila y Górliz (Vizcaya). En esta entrevista, nos habla de las circunstancias vividas en aquellos primeros años de andadura de Odontología Solidaria, de la que fue presidenta durante un par de años.

— Procedes de Odontología sin Fronteras, la entidad que en su día se fusionó con Odontología Solidaria. ¿Cómo recuerdas el momento de la fusión de ambas organizaciones? ¿Por qué tomasteis esta decisión?

— Nos pareció que era algo lógico. Supimos de la existencia de Odontología Solidaria y de otra entidad que se dedicaba a lo mismo que nosotros. Nos reunimos en Menorca con esta finalidad, pero esa tercera entidad se salió, no quería saber nada con el resto. Las otras dos decidimos que, como te decía, fusionarnos era lo más lógico. ¡Cómo íbamos a ir separados si lo que queríamos hacer era lo mismo! Se trataba de aunar esfuerzos.

— Previamente a la fusión, ¿cómo te habías implicado en Odontología Sin Fronteras?

— En mi consulta privada había empezado a tratar niños de la Fundación Anar. Conocí a una monja que trabajaba con estos niños, muchachos que estaban acogidos en casas, y les dije que si querían venir a la clínica yo les haría el tratamiento que necesitaran de modo gratuito, para que tuvieran una atención odontológica todos los años. Ese fue el principio. Eran niños que, o bien la Comunidad de Madrid los tutelaba, o bien eran niños sin padres, que vivían en casas con estas monjas, o con psicólogas… Luego fui a Médicos del Mundo para preguntarles si sabían de algún sitio para hacer voluntariado en odontología, y me hablaron de Chema Renilla, de Odontología Sin Fronteras. Entonces me puse en contacto con él y empezamos a trabajar juntos.

— Más tarde, desempeñas un papel muy importante para que se pueda establecer la primera Clínica Solidaria de Madrid, ya que la cedes tu…

— Sí, en 1995. Esa era mi clínica. Yo la dejé porque el tema privado no me gustaba nada, de manera que cedí la clínica.

— Sin embargo, aunque dejaras la actividad, podrías haberla vendido a otro dentista. Pero preferiste cederla a la organización antes que hacer negocio…

— Bueno, sí. Pero como yo tenía ingresos por otro lado, lo pude hacer. La cosa surgió así. Necesitábamos una clínica, y ya está.

— ¿Por qué dices que la odontología privada no te gusta nada?

— Porque a mi me parece que la medicina no debería ser privada. A mi realmente lo que me gusta es la medicina. Veo la odontología como una rama de la medicina, y reivindico que la odontología entre en la sanidad pública. Pero mi sensación es que todavía queda lejos…

— También fuiste presidenta de Odontología Solidaria un tiempo. ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?

— Sí, algo así como un par de años. Yo estaba en Madrid, y a la hora de hacer papeles era más fácil que fuese yo la presidenta. Era por una razón práctica. Tengo un recuerdo muy bueno de esa primera época de Odontología Solidaria. En la clínica de Madrid la gente era muy maja, hicimos un grupo con gente muy agradable y muy solidaria. De primeras estuve como voluntaria. Luego, al establecer los primeros contactos con universidades, y al entrar gente joven, me centré en los temas más institucionales.

— Volvamos al presente. ¿Qué te parece el actual rumbo de la Fundación?

— Pues la verdad es que cuando estuve en la reunión del veinte aniversario, vi que estaba fenomenal, que funcionaba fenomenal. Tuvimos una época de crisis en la que estábamos muy asfixiados, pero con lo que he visto últimamente estoy encantada. Veo que se ha incorporado gente joven y que las cosas funcionan muy bien.  Me quedé agradablemente sorprendida.

“Hay una importante actividad solidaria en la odontología”

José Ramón Frutos

José Ramón Frutos

José Ramón Frutos, odontólogo valenciano de 39 años, es, pese a su juventud, uno de los miembros más veteranos de nuestra familia, ya que se vinculó a Odontología Solidaria siendo todavía estudiante, y llegó a ostentar cargos de gran responsabilidad en la entidad. Hoy en día, dirige su propia clínica privada, y se mantiene como socio de la Fundación.

— Te implicaste en Odontología Solidaria cuando todavía estabas en la Facultad. ¿Cómo fue?

— Sí, estaba estudiando tercero de Odontología. Hablamos de 1997. Fue porque unas compañeras de clase acudieron a una reunión con un dentista de aquí de Valencia, que era Modesto Revert Bravo. Yo acudí con ellas a esa reunión en la Facultad de Odontología, y allí empezamos a fraguar el proyecto.

— ¿Qué te motivó a acudir a aquella primera reunión y a vincularte al proyecto?

— Siempre he estado vinculado a temas sociales y demás. Y como estaba estudiando, me pareció una buena idea.

— ¿Cómo se consiguió abrir la Clínica Solidaria de Valencia?

— Estuvimos unos años en los que solamente nos reuníamos. Íbamos recaudando dinero, hasta que por fin conseguimos un local, y el mobiliario de la clínica, que nos cedió un dentista de Alicante que se jubiló. Con este material y el dinero recaudado, montamos la Clínica Solidaria donde todavía está hoy día, en la calle Balmes de Valencia. Abrimos en el año 1999.

— ¿Y qué tal esos inicios?

— Fueron muy bonitos, pero también muy duros. Hubo que trabajar muchísimo. Modesto estuvo de delegado el primero, y luego lo fui yo. Dedicábamos muchas horas, tanto de trabajo en clínica como de papeleo, porque teníamos que pedir subvenciones y ayudas, recaudar dinero, hacer socios, dar a conocer Odontología Solidaria. Hicimos un montón de charlas que daban los compañeros. Enseguida se corrió la voz y empezaron a colaborar muchos dentistas, la verdad es que tuvimos bastante ayuda.

— Por lo tanto, ¿consideras que este es un sector solidario?

— A partir de mi experiencia creo que sí. Hombre, no todo el mundo está motivado, pero creo que hay gente que es solidaria de muchas maneras. No se trata solo de ir a colaborar a la clínica, hay personas que no podían pero nos daban aportaciones, o colaboraban puntualmente… Yo me he encontré con muchísima gente, con profesionales muy buenos que colaboraron con nosotros. Es cierto que eso son etapas de la vida, porque a la larga puede hacerse pesado y la gente puede acabar abandonando, pero yo sí creo que hay una importante actividad solidaria en la odontología.

— Estuviste también un tiempo en el Patronato. Háblanos un poco de tu experiencia.

— La verdad es que estuvo muy bien. Conocí a gente de toda España bastante interesante. Al principio estábamos un poco encajonados en Valencia, pero al entrar en el Patronato hacíamos reuniones con gente de todas partes. Ya no era solo por la actividad solidaria, sino por formar parte de un equipo que funcionaba bastante bien.

— Por lo que dices, se deduce que había un aspecto de “familia”, por así decirlo.

— Exacto, sí. Había esta parte de familia, porque había a gente que tenías las sensación de conocer como si fueran amigos tuyos desde hacía muchísimo tiempo. Me acuerdo mucho de José Manuel Díaz López-Dóriga, de Burgos, una persona fantástica que me alegro de haber encontrado.

— ¿Cuanto tiempo estuviste implicado tan activamente a la clínica de Valencia?

— Unos ocho años. El proyecto fue creciendo luego muchísimo, porque teníamos ya algunos trabajadores contratados. Entonces, tenías que dedicar un montón de horas a hacer tu labor como odontólogo, pero también a reuniones, al papeleo, a dirigir algunos aspectos como si fuese ya una empresa… creció muchísimo y llegó un momento en que yo me sentí un poco saturado, pero la verdad es que todo el esfuerzo mereció la pena. Por supuesto que mereció la pena.

— ¿Qué fue lo mejor de esos años?

— Lo mejor, sin duda, fueron los pacientes. De eso no cabe duda. Ver a un paciente satisfecho, ver a una persona que necesitaba un tratamiento y que se lo has podido realizar sin que ella tuviera que costearlo, es una gratificación importante. El agradecimiento de los pacientes ya merece la pena.

— Para acabar, ¿aconsejarías a un estudiante de Odontología, como lo eras tu cuando nos conociste, que se acercara a la Fundación? ¿Qué argumentos le darías?

— Sí. Le diría que va a aprender varias cosas. Primero, el trato con los compañeros. Pasa mucha gente, y captas conocimiento de todo el mundo. Y segundo, va a aprender a tratar con las personas, con unos pacientes muy determinados que a veces tienen muchos problemas, y necesitan que alguien les escuche. No se trata solamente de hacer tratamientos odontológicos, a veces hay que aplicar un poco de psicología. Van aprender a tratar pacientes del mundo real, lo que les va a venir muy bien.

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