Entrevistas

“Trabajando desinteresadamente, siento lo que es ser odontólogo”

Brais Andújar

Brais Andújar

Antes de finalizar el año, hemos querido charlar con nuestro compañero Brais Andújar, impulsor de la Clínica Solidaria de A Coruña, que empezó a atender a los primeros usuarios el pasado mes de abril. Brais, odontólogo de 35 años, trabaja en su propia clínica privada en la ciudad gallega, y destina su tiempo libre al voluntariado. Forma parte del Patronato deOdontología Solidaria en calidad de Tesorero. En esta conversación, nos revela los valores que sustentan su trabajo solidario.

— ¿Cómo descubriste Odontología Solidaria?

— En 2009, mi mujer Ana y yo, decidimos montar una clínica dental solidaria, pero no sabíamos de la existencia de Odontología Solidaria. Buscando por internet clínicas parecidas a la que queríamos abrir, dimos con la Fundación. Llamamos, nos invitaron a conocer la clínica de OS en Madrid, y empezamos a establecer lazos.

— ¿Por qué habías decidido montar una clínica dental solidaria? ¿Qué te impulsó a ello?

— Al acabar la carrera, yo había trabajado en Guatemala durante un par de años en una clínica dental solidaria de una fundación norteamericana. Al regresar, quería continuar con este trabajo, quería hacer algo parecido aquí.

— ¿Qué te aportó esta experiencia previa en Guatemala que luego quisiste repetir aquí?

— Cuando trabajas como profesional de la salud sin que el paciente te tenga que remunerar, sientes lo que es verdaderamente la odontología, cual es verdaderamente tu valor como profesional. Sin embargo, cuando hay un intercambio económico, se desvirtúa un poco esta relación con los pacientes. Trabajando desinteresadamente, siento lo que es ser un odontólogo, encuento, por así decirlo, la parte más pura de mi profesión.

— Regresemos a tu primer contacto con Odontología Solidaria. ¿Cómo fue?

— Nos recibieron genial, nos comentaron un poco de qué iba, y un tiempo después conocimos aRafa Montaña, que había venido a Galicia a dar unas charlas en el Colegio de Higienistas. Y poco a poco me fui implicando. Me pareció que Odontología Solidaria era una Fundación sencilla, abarcable y trasparente, de la que inmediatamente quise formar parte. No es como esas ONGs de tamaño enorme, que a veces no sabes muy bien de qué van ni por donde entrar. Odontología Solidaria tiene una función muy clara, está todo muy estructurado.

— ¿En qué momento entras a formar parte del Patronato?

— En 2010, justo cuando la Diputación de A Coruña nos cedió el local. En ese momento se consideró que debíamos tener representación en el Patronato.

— Desde las primeras gestiones hasta que la Clínica Solidaria de A Coruña se puso en marcha pasó bastante tiempo. ¿Cómo fue el proceso? ¿Resultó angustioso en algún momento?

— Pasaron casi seis años, sí. Hubo momentos algo angustiosos, en efecto, porque pasaron lapsos de tiempo de inactividad absoluta y de falta de noticias, episodios de bloqueo institucional y burocrático. Pero es cierto que también contamos con complicidades. La Diputación tiene unos trabajadores sociales magníficos, que siempre han estado ahí, y ellos se encargaron de transmitir nuestro proyecto al político de turno. Gracias a estos trabajadores sociales y al Jefe de Patrimonio, conseguimos que a pesar de los tres cambios de gobierno que hubo durante todo este tiempo, el proyecto siguiera vivo y se consiguiera sacarlo adelante. El papel de estas personas fue fundamental.

— ¿Cómo están las cosas en la Clínica Solidaria de A Coruña en este momento? ¿Se respira buen ambiente de trabajo?

— Actualmente la clínica abre cuatro mañanas a la semana, y tiene un equipo de 35 voluntarios entre higienistas, auxiliares y odontólogos. Hace unos días hemos visto al paciente número 100. En cuanto al ambiente, es muy positivo. De todos los voluntarios que han venido, se han debido de ir un par, porque han cambiado de ciudad. La sensación que da el proyecto es de estabilidad, de crecimiento estable. Cada vez hay más voluntarios, la gente que viene pide trabajar más días, y cada vez nos vienen más pacientes. La gente está comprometida con el proyecto.

— Para acabar, y tras la reciente experiencia de la Asamblea Anual celebrada en noviembre, dinos como ves el presente de la Fundación.

— Creo que esta es una Fundación que da un servicio muy necesario. Y que nunca haremos lo suficiente. Por eso creo que debemos esforzarnos en hacer ver al Gobierno, la necesidad que hay de incorporar al sistema público de sanidad los tratamientos que hacemos. Creo que a través de nuestra Fundación tenemos de trabajar para convencer a las administraciones de que es posible que la sanidad pública asuma estos tratamientos. Estamos creciendo y somos un ejemplo de como se puede gestionar la atención dental a toda la población de una manera viable económicamente.

“Pensaba que los dentistas eran poco solidarios, y descubrí que no”

Mercè Morató

Mercè Morató

Hoy hablamos con Mercè Morató, médico estomatólogo que 62 años, que fue la principal impulsora y primera presidenta de Odontología Solidaria. Barcelonesa afincada en la isla de Menorca desde hace más de tres décadas, Morató tiene su popia clínica en Es Mercadal. En esta entrevista, explica las circunstancias que culminaron con la fundación de nuestra entidad, así como los primeros pasos de Odontología Solidaria.

– La “prehistoria” de Odontología Solidaria, por así decirlo, tiene que ver con un iniciativa personal tuya, dirigida a captar recursos para mejorar la salud bucodental en los campos de refugiados saharauis.

– Cierto. En 1992, viajé junto a un grupo de médicos de Menorca a los campos, donde no había ningún dentista, aunque sí técnicos que se habían formado en Cuba como ayudantes dentales, y que asumían esta labor. Éramos gente de diversas especialidades, pero la que más trabajo tuvo era yo. Allí conocí al Ministro de Sanidad de la RASD, que me dijo que lo que necesitaban con más urgencia eran dentaduras postizas. De vuelta a Menorca, cogí la Guía Puntex y escribí a todos los odontólogos de España pidiendo ayuda económica para enviar prótesis a los campamentos.

– ¿Cuántos dentistas debía haber en España en aquel momento?

– Unos 20.000. Diseñé un díptico explicando la situación, y pensé que para que las cartas no parecieran publicidad y fueran directamente a la basura, lo mejor era escribir los sobres a mano. Para hacer estos sobres, conté con ayuda de mucha gente: escuelas, asociaciones de vecinos, incluso los militares del cuartel. Entre dípticos, sobres y franqueo, me gasté 85.000 pesetas, que en aquella época era mucho dinero. De los 20.000 dentistas a los que había escrito, me contestaron unos 150, que está muy bien. Yo siempre había pensado que la gente de nuestra profesión no era muy solidaria, pero la verdad es que me respondió gente de toda España. Algunos me decían que no podían aportar dinero, pero ofrecían material. La campaña fue creciendo, me entrevistaron en Gaceta Dental, y entonces fueron los laboratorios los que también ofrecían ayuda.

– A partir de aquí, se forma Odontología Solidaria.

– Sí. Empecé a conocer gente de todas partes interesada en el proyecto. Con Rafa Montaña y August Bruguera, nos fuimos al Sahara a llevar el material que habíamos recogido, y fundamos Odontología Solidaria como asociación en 1994. Poco después, en unas jornadas de salud que se organizan cada año en Menorca, nos reunimos las tres ONGs de nuestro sector que había en aquel momento: estaban Antonio Bascones de Denistas Sin Fronteras, Chema Renilla de Odontología sin Fronteras, y nosotros, además de representantes de diversas entidades como Médicos Sin Fronteras, gente de la Universidad… La intención era juntarnos las tres organizaciones, pero Dentistas Sin Fronteras no quiso sumarse a la iniciativa. Al final, Odontología sin Fronteras y nosotros nos fusionamos bajo el nombre de Odontología Solidaria.

– ¿Qué supuso la unión de ambas entidades?

– Se incrementó el campo de acción. Odontología Sin Fronteras hacían más trabajo en el interior, tenían un “dentobus” con el que atendían a gente en España, y nosotros tocábamos más el ámbito internacional. Con la unión de las dos ONGs, se agruparon dos líneas de trabajo interesantes.

– Háblanos un poco de los proyectos internacionales en los que trabajaste…

– Hicimos un par de proyectos en Cuba, continuamos con proyectos en el Sahara, donde convertimos dos vehículos en clínicas móviles que creo que aún están en funcionamiento y también trabajamos con grupos de mujeres y escuelas. Desde Menorca, y con el apoyo de instituciones como el Govern Balear y el Fons Menorquí de Cooperació, pudimos acometer más proyectos. Fui dos años a India en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, además de trabajar en Ghana, Tailandia

– ¿Tu motivación personal para implicarte en estos proyectos?

– Es una mezcla del afán por colaborar a que el mundo sea un poco más justo, lo que hace mucha falta, con una necesidad de viajar y conocer a otra gente. Hay una parte egoísta, de enriquecimiento personal en el terreno vital. La gente de los países donde trabajábamos me decía que les daba mucho, y yo pensaba que era al revés. Cuando trabajas con los promotores de salud de los países a los que vas, entras en casa de la gente, ves como viven de verdad, comprendes como están, y eso a mi me motivaba mucho.

– Para finalizar, cuéntanos qué te parece el trabajo de Odontología Solidaria en la actualidad.

– En este momento estoy algo desconectada, pero veo como se trabaja y me gusta mucho. Me parece estupendo que se vayan abriendo clínicas, y que se trabaje sobretodo en España. Respecto a los proyectos internacionales, por mi experiencia creo que solo funcionan cuando la contraparte es la verdadera responsable del proyecto. Hay que trabajar con organizaciones potentes que lleven el peso del proyecto desde allí.

“Si no te implicas, la realidad no cambiará”

Marisa Fernández

Marisa Fernández

Marisa Fernández es una de las dos Delegadas Sociales de la clínica de Odontología Solidaria en Madrid. Odontóloga de 32 años, trabaja en dos clínicas privadas de la capital, y saca horas de su vida personal para el voluntariado. Se implicó en la Fundación al poco de acabar sus estudios en la Universidad Alfonso X el Sabio de la capital, aunque ya tenía experiencia previa en el voluntariado desde muy joven, como nos cuenta en esa entrevista.

– Llegaste a la Fundación gracias a internet, ¿verdad?

– Así es. En mi Universidad no sabíamos mucho de Odontología Solidaria, esa es la verdad. Al acabar la carrera, no me salía trabajo, y pensé que al menos podría ayudar a los demás de alguna manera. Así que me puse a buscar por internet alguna ONG relacionada con la materia, y al final contacté con Odontología Solidaria. Años antes ya había colaborado con otras entidades. Siendo adolescente, con la Asociación Española Contra el Cáncer, y cuando fui un poquito más mayor con la Cruz Roja.

– ¿Qué te motivó, siendo todavía adolescente, a implicarte en una entidad de este tipo?

– Eso es como una necesidad de ayudar. Si todos nos quedamos cómodos en nuestro pequeño mundo, sin intentar ayudar a alguien más, tampoco podremos ver más allá… A la Asociación Española Contra el Cáncer empecé a ir con doce o trece años, participando en talleres y, algunos días, compartiendo juegos con niños que estaban en tratamiento. Mi madre me inculcó desde pequeña que hay que intentar ayudar a los demás, y a mi siempre me ha gustado y he seguido haciéndolo todo lo que he podido. Mientras mi situación me lo permita, seguiré con ello. Yo creo que hay que intentar cambiar la realidad, al menos la que tienes más cerca, porque si no te implicas, al final todo queda igual. Si permaneces en tu zona de confort, no cambia nada.

– En Odontología Solidaria se atiende a usuarios que, en algunos casos, pasan por situaciones personales muy complicadas. ¿Cómo es el trato con ellos?

– Sí, la gente que llega a la clínica lo hace a través de los trabajadores sociales. Son personas que no se pueden permitir un tratamiento odontológico por su alto coste. A veces acarrean otros problemas como la depresión, y en en ocasiones también tratamos a personas que, anteriormente, habían tenido problemas de drogodependencia. Pero en el momento en el que una persona acude a nosotros, ya intenta cambiar algo en su vida, la intenta mejorar al menos. Los que han tenido problemas con las drogas, deben llevar ya un tiempo fuera de ellas, querer mejorar… Mi experiencia con los pacientes es que son muy agradecidos. Es verdad que algunos llegan muy nerviosos, porque han estado esperando mucho tiempo, ya que según las épocas la lista de espera puede ser más o menos larga. Nerviosos pero también ilusionados, porque al fin van a tener un tratamiento al que, de otro modo, no podrían acceder.

– Tratamiento que, en un mundo ideal, debería cubrir la Seguridad Social, ¿no crees?

— Por supuesto. Estaría bien que la odontología llegara a la sanidad pública, aunque es muy complicado, ya que los costes son bastante altos. Pero sí, lo ideal sería que todos los problemas sanitarios estuviesen cubiertos por la Seguridad Social.

– Para acabar, háblanos de tu experiencia de trabajo junto al resto de voluntarios de la clínica.

– El ambiente es excelente, y no sólo entre los voluntarios, ya que las dos trabajadoras que hay siempre intentan ayudar en todo lo que pueden, facilitarte las cosas. Entre los voluntarios, yo veo mucho compañerismo. Igual que yo he tenido dudas y algún compañero me las ha aclarado, intento hacer lo mismo con los que están empezando y les doy mi opinión para ayudar. De esta monera, por un lado crece la profesión, y por el otro siempre se da al paciente el mejor tratamiento del que podemos disponer. En el trato con el equipo odontológico, veo que entre todos vamos a mejor, porque siempre estás curiosenando, comentando los casos con los compañeros, y eso te ayuda a crecer un poco profesionalmente.

“Hay que aportar al bien común, devolver de algún modo lo recibido”

Adriana Meynet

Adriana Meynet

Si Odontología Solidaria lleva más de dos décadas trabajando, es gracias a muchas personas que, a lo largo del tiempo, han destinado tiempo y conocimientos a esta misión. Entre ellas, el grupo de profesionales del sector que, a mediados de los noventa, impulsaron el nacimiento y primeros pasos de nuestra entidad, compensando con horas de dedicación y toneladas de ilusión los siempre difíciles inicios de una organización como la nuestra. Hoy hablamos con una de las personas que protagonizaron aquellos primeros tiempos de Odontología Solidaria: la odontóloga Adriana Meynet, que trabajó 25 años en una clínica en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), hasta su regreso a su Argentina natal. Desde la ciudad de Paraná, donde reside desde hace ocho años, Adriana recuerda con ilusión aquellos tiempos:

– ¿Cómo llegaste a Odontología Solidaria? ¿Por qué te decidiste a colaborar?

– Estoy tratando de hacer memoria, algo nada fácil para mi, de aquella época de mi vida, hermosa por cierto. Supe de Odontología Solidaria un verano que había viajado a Menorca a visitar a unos amigos. En una charla me contaron que allí vivía una dentista que trabajaba en los campos de refugiados saharauis, que según creían vivía en Es Mercadal y que me averiguarían el nombre…. Así, a los días llegue a casa de Mercè Morató. Por cierto, no había nadie, y la casa estaba abierta de par en par. Creo que dejé un mensaje bajo el parral que luego tantas veces nos cobijó… En ese momento existía por un lado Odontología Solidaria, y por otro Odontología sin Fronteras, y comenzaban las charlas, reuniones, talleres de aprendizaje, la lluvia de ideas y sueños que culminaron en lo que hoy es Odontología Solidaria. Fue un momento mágico, ya que conocí gente maravillosa, de una gran sensibilidad y deseosa de dar, de aportar algo en beneficio de los demás. ¡Cómo me gustaría tener las palabras para trasmitir lo sentido y vivido! La razón por la que me impliqué no la tengo clara. Creo que era más una necesidad, la necesidad de devolver de algún modo algo, todo lo recibido, de aportar algo al bien común. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de conocer otras culturas, de enriquecerme con otras experiencias. Esas creo, fueron las motivaciones principales.

– Más adelante, formas parte del primer equipo de Odontología Solidaria en Can Banús en Badalona. ¿Qué tal fue la experiencia? ¿Qué cosas te aportó?

– Sí, formé parte del primer equipo que trabajo en Can Banús. Ellos habían construido y equipado un consultorio ondontológico, pero no tenían quien llevase a cabo la atención. En ese contexto, se inició la colaboración con Odontología Solidaria, y yo fui la encargada de la atención a los residentes en un principio. Luego se abrió a grupos provenientes de otros centros. Fue muy enriquecedor el tiempo que compartí en el centro. Fue hermoso conocer al padre Josep Costa y a todo su equipo, como así también a los residentes, con sus duras realidades, y al mismo tiempo con la fuerza, la entereza para continuar, agradecidos, ya que habían encontrado un verdadero hogar. Y pude ver el cambio que se producía en muchos de ellos a partir del amor, el respeto y los cuidados que se les brindaban. Sin duda, fue una experiencia única.

– Por último, háblanos de tus experiencias viajando con Odontología Solidaria al Sahara y a Chiapas.

– Tanto los viajes al Sahara como a Chiapas, fueron experiencias inolvidables a nivel personal. Pero me dejaron mucha impotencia, ya que, desde mi modo de ver, fue poco lo que se pudo aportar. Son tan grandes las problemáticas, tantas las carencias, que nuestro aporte no llegaba a ser ni un bálsamo. Indudablemente aprendimos mucho a nivel de organización. Y siempre el saldo más significativo fue conocer personas maravillosas, que luchaban, se arriesgaban por un mundo más justo, más equitativo.

“Aquí aprendo a valorar la vida”

Miguel Artajona

Miguel Artajona

Miguel Artajona, odontólogo de 24 años, ha asumido, pese a su juventud, importantes responsabilidades en la Fundación, ya que en la actualidad es el Delegado Social de la clínica de Odontología Solidaria en Zaragoza. En esta entrevista, nos cuenta como llegó a la Fundación, el camino que ha recorrido, y lo que le aporta en el plano personal su trabajo en Odontología Solidaria.

– Tu primer contacto con Odontología Solidaria se produjo cuando aún estudiabas…

– Eso es. Yo hice la carrera en Huesca, y en la Facultad habían pegado carteles dando a conocer Odontología Solidaria. Con algunos compañeros nos fuimos a informar, pero en ese momento no nos implicamos porque estábamos lejos de Zaragoza. Al acabar la carrera, me acordé, y en octubre de 2013 fui a la clínica, que llevaba muy poquito tiempo abierta.

– ¿Por qué te decidiste a dar el paso?

– Bueno, al principio de todo yo no tenía trabajo, y pensé que colaborando con la Fundación por lo menos haría algo relacionado con lo mío. Luego, atendiendo a los pacientes y conociendo sus historias, me emocioné. Entonces decidí que cuando tuviera trabajo seguiría vinculado a la Fundación de alguna manera.

– ¿Ahora tienes trabajo?

– No me puedo quejar, trabajo para dos clínicas privadas, y cuando puedo me acerco a Odontología Solidaria porque es lo que más me gusta. Cuanto más voy, más me gusta. Y el trato con los pacientes me sigue emocionando. Cuando yo era adolescente, no tuve una vida fácil, y aunque ahora las cosas me van bien, me acuerdo de esa situación. Por eso tratar con los pacientes es algo que, como te decía, me emociona y me llena mucho.

– ¿Qué tal tu experiencia como Delegado? ¿En qué consiste exactamente tu trabajo?

– Muy positiva. Llevo algo más de un año. Al principio me daba apuro, pensaba que quizá era una cargo demasiado grande para mi, pero la verdad es que siempre me he sentido muy apoyado y estoy muy contento. Mi labor aquí consiste en organizar las cosas con antelación para que un mismo día no se junten demasiados doctores y otros días no haya ninguno, y procurar que las relaciones con otras instituciones sean buenas. Hace un tiempo, quizá venía gente más interesada en “hacer mano” que en la parte social, y entonces había que hablar con esa persona y hacerle comprender en qué sitio estamos.

– Como dices, no se trata de “hacer mano” y basta…

– Claro que no. No es de lo que se trata. Aquí procuramos corregir las cosas, dar salida a algo que a mi me parece básico. Ojalá Odontología Solidaria no tuviera que existir, y que la atención que aquí damos estuviera al alcance de todas las personas, pero desgraciadamente me parece que el tema bucal está todavía muy apartado de la sanidad pública.

– ¿Podrías poner algún ejemplo concreto?

– Siempre me acuerdo del caso de una chica muy joven, de 20 años, a la que le dolían los dientes de delante. En la Seguridad Social solo le ofrecieron quitárselos, sin ninguna otra opción. Y ella, lógicamente, prefería aguantarse el dolor. Luego vino a Odontología Solidaria, la tratamos, y aún conserva los dientes. Si en la Seguridad Social se los hubieran quitado, le habrían amargado la vida para siempre. Si con veinte años y toda la vida por delante no tienes dientes delanteros –y en su caso, era evidente que ella no podía pagarse un dentista privado– llevas camino de caer en la marginalidad más absoluta. Nadie te va a dar trabajo, nadie te va a contratar.

– Para acabar, cuéntanos lo mejor y lo peor de tu experiencia con Odontología Solidaria.

– Lo mejor es, sin duda, el trato con los pacientes. Te cuentan sus experiencias, y eso te hace comprender cosas. Te hacen ver que aunque en este momento la vida te vaya bien, nada ni nadie te puede asegurar que las cosas sigan así. Muchos de nuestros pacientes, hasta hace seis o siete años, podían pagarse un dentista. Ahora no. Esto te hace valorar la vida, y ser consciente de las vueltas que puede dar.

– ¿Y lo peor?

– Es que no encuentro nada que decir, porqué es algo que me apasiona tanto, que no podría. Mi experiencia es positiva en todos los sentidos: con los pacientes, con los compañeros… No podría decir nada malo. Yo aquí he encontrado una enseñanza de vida, y eso es algo que valoro muchísimo.

“Acudir a Odontología Solidaria supone un nuevo comienzo para los usuarios”

Ana Chaparro

Ana Chaparro

Detrás de cada voluntario hay una historia vital. Hoy queremos presentaros a Ana Chaparro, auxiliar de enfermería de 35 años. Ana es la delegada social de la clínica solidaria de de Fuengirola (Málaga), y de su experiencia en la consulta destaca la importancia del trato con los usuarios, así como la buena sintonía con los compañeros.

– Te implicaste en la clínica solidaria de Fuengirola en febrero, cuando empezó a atender pacientes. ¿Cómo supiste del proyecto?

– Pues por un enlace en Facebook que colgó una amiga. Me impliqué desde el primer momento. Necesitaba encontrar una actividad que me ilusionara, y al llegar aquí pensé que esto era justamente lo que me hacía falta.

– ¿Qué tal el trato con los compañeros?

– Aquí me he encontrado con gente fantástica, personas con mucha calidad humana, que saben tratar a las personas. A menudo vemos a usuarios que llegan a la clínica con miedo, o reacios, pero justamente por el trato que reciben, siempre se van contentos y sonriendo. Esta manera de tratar a las personas no se aprende estudiando, sino que sale de dentro. Estoy muy contenta. Hay un ambiente de trabajo excelente porque, en el fondo, no es un ambiente de trabajo. Lo de digo en el sentido de que aquí se viene voluntariamente, sin esa sensación de “me levanto por la mañana para ir a trabajar”. La gente viene porque le gusta estar aquí, y somos como una pequeña familia.

– Como has dicho, algunos usuarios vienen reacios. ¿Cómo suele ser el primer contacto con ellos?

– Intentamos explicarles que esto es un nuevo comienzo para ellos. Que los odontólogos no son personas que les vayan a regañar por como traen la boca, sino que entre todos vamos a ponernos manos a la obra para que tengan una boca sana. A medida que vas tratando con los usuarios, estos van cambiando. Ves como día a día se abren más a nosotros cuando vienen a la consulta, y eso es gracias a los voluntarios. Me encanta ver la evolución de las personas que acuden a nosotros, como se van transformando. Cuando las personas nos apoyamos las unas a las otras y nos tratamos bien, cambiamos el chip: ya vemos las cosas de otra manera, y ese nuevo punto de vista hace que avances en más cosas.

– ¿Recuerdas algún caso concreto?

– Mira, hace pocos días vino a visitarnos un muchacho que empezamos a tratar en febrero, y que traía la boca bastante mal. Vino a darnos las gracias. Completó su tratamiento, le ha salido trabajo, se ha podido independizar… y vino a contárnoslo. Cuando llegó en febrero estaba avergonzado, no quería abrir la boca. Ahora sonríe de nuevo, y eso es muy importante. Cuando no puedes sonreír, te vas encerrando en ti mismo, te aíslas del resto del mundo. Para dar un paso y superar esta situación, es importante tener gente alrededor que te apoye

“Siempre que ayudas, aprendes”

Chelo Tutor

Chelo Tutor

Durante cinco años, y en una ejemplar muestra de constancia, nuestra compañera Chelo Tutor batalló en diversos frentes con el fin de abrir una clínica solidaria en Zaragoza, objetivo que se alcanzó en 2013. Ella fue, también, la primera delegada del centro, al que actualmente sigue vinculada como voluntaria. Médico estomatólogo de 58 años, Chelo nos habla en esta entrevista del complicado proceso que desembocó en la apertura de la clínica, de sus motivaciones, y de la realidad de la Fundación en este momento.

– ¿Cuándo y por qué empieza tu vínculo con Odontología Solidaria?

– Yo formaba parte de un grupo de dentistas de Zaragoza que estábamos intentando montar algo para atender a la gente necesitada de la ciudad. Entonces conocí a José Manuel Díaz, que entonces era presidente de Odontología Solidaria, quién me comentó que la entidad tenía un protocolo para estos casos. Eso era justamente lo que necesitábamos, porque hasta entonces solo teníamos una idea, pero no teníamos claro como realizarla. En 2005 acudí a la Asamblea que se celebró en Jerez, y ahí ya empezó mi vinculación con OS.

– Sin embargo, pasaron unos cuantos años antes de que el servicio en Zaragoza fuera una realidad.

– Unos cinco años, sí. Tuvimos tres posibles locales que al final no cuajaron… Cuando ya estaba claro que podíamos abrir, la gente se había dispersado, por lo que fuimos convocando de nuevo a todo el mundo para informar de dónde estaba la clínica y el procedimiento que seguiríamos. Recuerdo que abrimos en abril, y hasta junio no pudimos atender a los primeros pacientes. Había que resolver cuestiones burocráticas, establecer vínculos con las instituciones, ponerlo todo al día… Estuvimos un montón de tiempo trabajando en la puesta en marcha, pero al final lo conseguimos.

– En tanto tiempo, ¿nunca te desalentaste?

– Bueno, la verdad es que tuve mis desalientos, pero luego me recuperé. Y fui recuperando al resto de gente. De vez en cuando nos daba un bajón, pero enseguida recuperábamos fuerzas. Lo importante es que al final el proyecto se puso en marcha.

– Tanta constancia requiere motivación.

– Sin duda. Junto con otra gente vinculada al Colegio de Dentistas de Aragón, yo siempre había procurado atender a gente en situaciones complicadeas en mi clínica. Eso es prestar ayuda a nivel personal, pero llega un momento en el que hay que dar un paso más: implicar a otra gente, trabajar de modo organizado, y dar a conocer el servicio a la población que lo necesita.

– Detrás de esta motivación, ¿hay un anhelo de mayor justicia social?

– Bueno, pues sí, pero sobretodo es un afán de ayuda. Siempre que ayudas, aquí o en cualquier otro ámbito, aprendes, te hace sentir mejor y te relacionas con todo tipo de gente, que es lo que a mi me gusta. Claro que anhelo más justicia social, pero tal como veo el país y las cosas que hay a mi alrededor, pienso que lo importante es centrarse en lo más inmediato para que los que lo pasan mal puedan tener un día a día más decente. Y si además se puede reivindicar, pues se reivindica. Yo espero que las cosas cambien y que haya más igualdad, pero eso no pasará de un día para otro. Hacen falta iniciativas y, sobretodo, cambios personales que contribuyan a un cambio más general. Son las actitudes de cada uno las que van haciendo los cambios.

– ¿Como ves Odontología Solidaria en la actualidad?

– Mira, yo veo que es un proyecto muy bonito. Se está trabajando mucho para que se conozca a todos los niveles, y creo que eso es algo muy importante. Y sobretodo creo que nuestros fines y nuestra manera de trabajar están muy claros y nos diferencian. Creo que el trabajo que estamos realizando en España es fantástico en este momento. Estamos atrayendo al voluntariado a gente joven, lo que es esencial. Aunque por razones personales no puedo dedicar tanto tiempo a Odontología Solidaria como en otras épocas, estoy contenta de formar parte de la organización.

“La solidaridad contribuye a una mayor justicia social”

Fernando de La Puente

Fernando de La Puente

Fernando de La Puente, médico estomatólogo de 59 años, ejerce en su propia clínica de Jarandilla de la Vera, municipio de la provincia de Cáceres con cerca de 3000 habitantes y un importante patrimonio histórico. En esta entrevista, hablamos con Fernando de los primeros tiempos de Odontología Solidaria, el actual momento de la Fundación, y el sentido que para él tiene la acción solidaria.

– Tu relación con Odontología Solidaria empieza al poco de fundarse la entidad.

– Así es. Supe de su existencia y enseguida me interesó. Al principio contribuí económicamente, pero poco tiempo después la primera presidenta, Mercè Morató, me propuso trabajar en un proyecto en los campamentos saharahuis, donde viajé un par de veces, además de Guinea Ecuatorial y Cuba.

– Viajes aparte, te implicaste en el ámbito de tu comunidad, Extremadura…

– Fue también a mediados de los noventa, sí. Puse en marcha un programa destinado a dar asistencia bucodental a discapacitados psíquicos y físicos. Durante cinco años, iba al CAMP de Plascencia, que está a unos 50 kilómetros de donde yo vivo, donde enseñaba a las cuidadoras a tratar con los pacientes, hacía extracciones… todo lo que podía, vaya. Los índices CAO bajaron significativamente. Poco tiempo después contacté con Federico Gerona, también compañero en Odontología Solidaria, que empezó a hacer lo mismo en Don Benito (Badajoz). Con este proyecto, además de atender a personas, se denunciaba lo que no se hacía por parte de la administración. Finalmente, y tras constatar los buenos resultados de la experiencia, la Junta de Extremadura puso en marcha un proyecto para discapacitados pionero en España.

– ¿Denunciar y presionar mediante la acción es, en tu opinión, algo que deben hacer organizaciones como la nuestra?

– Creo que sí, que es un poco una obliogación para las ONG. En la medida de las posibilidades de cada uno, hay que trabajar para que disminuyan las desigualdades entre la gente que no tiene nada y la que tiene más. Veo a diario que hay mucha gente que lo está pasando mal. La solidaridad es una manera de hacer algo por ellos, de contribuir a que haya un poco más de justicia social. Conseguir una igualdad plena es muy difícil en este momento, pero al menos atendamos a la población más defavorecida. Hay que hacer acción solidaria, pero no para ponerse una medallita, sino para evitar que persistan estas desigualdades tan grandes.

– ¿Cómo ves el actual momento de Odontología Solidaria? ¿Qué le dirías a los jóvenes del mundo odontológico para que se implicaran?

— Veo bien el momento, puesto que se están abriendo nuevas clínicas, y las que ya estaban abiertas van funcionando. Creo que este es el camino. Hay que dar continuidad a los proyectos, y no dejar de lado a la población más próxima a nosotros, siempre en contacto con los servicios sociales. Eso es lo que siempre hemos propugnado en Odontología Solidaria. A la gente joven, la invitaría a hacer algo para los demás sin recibir nada a cambio, pero obteniendo la satisfacción de contribuir desde su campo profesional a un mundo con más equidad.

“En Odontología Solidaria atiendo amigos, no clientes”

Josep Oliva

Josep Oliva

Josep Oliva es el Delegado Social de la clínica solidaria de Granollers. Médico estomatólogo de 67 años, Josep tuvo su propia clínica privada durante más de tres décadas. Actualmente, colabora en gabinetes de otros odontólogos, además de desarrollar una importante labor como voluntario en el seno de la Fundación.

– ¿Cuando conociste la existencia de Odontología Solidaria?

– Cuando la entidad se estableció en Granollers, por mi entorno profesional. Pero no me acerqué a la Fundación hasta hace poco más de un año, cuando me ofrecí para trabajar como voluntario.

– ¿Por qué motivo?

– A lo largo de la vida uno va cambiando de actitudes. Llegué a un momento de mi vida en el que pensé que esto es lo que quería y necesitaba hacer para llenar algunos huecos vitales que antes no había percibido. Noté que me faltaba algo, y resolví implicarme en el mundo de la solidaridad. Al principio pensé en hacer acción solidaria en general, pero luego pensé que, al ser dentista, lo más conveniente era trabajar en el ámbito de la odontología. Es lo que sé hacer, y lo que me gusta hacer.

– ¿Habías colaborado anteriormente con alguna ONG?

– No, en una organización, no. Solamente había hecho acción solidaria a nivel particular. Cuando en mi vida profesional me encontraba con personas que no podían pagar el tratamiento, se lo pagaba yo. Lo he hecho toda la vida. Pero entiendo que para hacer las cosas bien hechas, hay que trabajar en el ámbito de una organización bien estructurada. Actuando de otra forma, uno puede creer que hace lo correcto, pero a la postre no es tan efectivo a nivel social.

– ¿ Y qué tal la experiencia hasta el momento?

– Muy bien, perfecta. Si tratando a los clientes en una clínica convencional ya notas su agradecimiento, en el caso de las personas que acuden a Odontología Solidaria ese agradecimiento tiene una intensidad mayor. Y eso a mi me llena, me hace sentir muy bien. No tiene nada que ver con la clínica al uso. Yo vengo a Odontología Solidaria a tratar amigos, no clientes. El punto de vista es totalmente diferente, y aunque lógicamente actuamos con agilidad para atender al máximo número de personas posibles, el método de trabajo es totalmente diferente, sin cariz “industrial”.

– Dices que el trabajo en Odontología Solidaria “te llena”…

– Sí, sí, y mucho. Esta es una aspiración que yo tenía y que no he podido colmar hasta ahora, o que colmaba de manera esporádica. Si te limitas a dar dinero a una organización, haces algo sin duda positivo, pero no notas directamente el provecho que la gente con necesidades saca de ello. En cambio, aquí lo ves directamente. Eso es lo que me llena, y más en un momento como el actual, con tanta gente que lo está pasando mal, como notamos en el día a día. Creo que vamos en la buena dirección. Ahora acaba de abrir una nueva clínica en A Coruña, y eso es motivo de alegría para todos, ya que de este modo hay aún más gente que puede optar a tener tratamiento dental.

“Para mi, la solidaridad es una obligación”

Carmen Durán

Carmen Durán

Hoy hablamos con Carmen Durán, médico odontólogo de 59 años de Málaga. Carmen empezó a trabajar con Odontología Solidaria a mediados de los años noventa, y durante las últimas dos décadas ha realizado una intensa labor en diversos países. En su día también impulsó el proyecto de establecer una clínica solidaria en su ciudad, iniciativa que desafortunadamente no prosperó. Actualmente, colabora con la clínica de Odontología Solidaria en la localidad de Fuengirola.

– ¿Cuando empieza tu relación con Odontología Solidaria?

– A mediados de los noventa, cuando participé en un proyecto de la entidad en Guinea Ecuatorial. Posteriormente, he trabajado en proyectos en Sierra Leona, varias veces en India, Perú y México, siempre como miembro de Odontología Solidaria. Después de mi primera experiencia en Guinea, montamos un grupo con odontólogos, enfermeras, educadores, obteniendo por nuestra cuenta la financiación y el material, en lo que contamos con la ayuda de entidades como el Colegio de Odontólogos de Málaga. Estuvimos casi veinte años con estos proyectos.

– ¿Qué te motiva para implicarte en una causa solidaria como la nuestra?

– Mira, yo hago esto porque me gusta, lógicamente, pero fundamentalmente porque entiendo que ser solidaria es mi obligación. En este mundo hay unos que tienen más suerte, como nosotros los occidentales, y otros que tienen menos. Yo me siento una persona privilegiada. He tenido mucha suerte, porque tengo de todo: tengo una buena familia, tengo trabajo, tengo dinero… y yo creo que mi obligación es ceder parte de esta suerte a las personas que no han tenido tanta como yo. Pienso que en este mundo hay que compartir. Por eso te digo que si lo que hago no fuera gratificante, creo que también lo haría. Pienso que entre todos tenemos que colaborar a construir un mundo mejor, sin tantas diferencias sociales.

– Hace unos años, se intentó abrir una clínica solidaria en Málaga pero no se consiguió. ¿Por qué?

– Teníamos hasta un local cedido, pero al no encontrar la financiación suficiente para acondicionarlo, lo perdimos. Creo que necesitábamos cinco millones de las antiguas pesetas, pero no conseguimos reunir esa cantidad. Llamamos a muchas puertas, pero solo el Colegio de Odontólogos respondió. No así los bancos, las cajas de ahorros, o la Mútua de Andalucía. El Ayuntamiento de Málaga tampoco quiso subvencionarnos, tal vez porque en aquella época quien ostentaba el poder daba prioridad para las subvenciones a organizaciones de corte religioso, o al menos esa era la predisposición que yo noté…

– Años más tarde, acompañarías el proceso que recientemente ha desembocado en la apertura de la Clínica Solidaria de Fuengirola

– No tanto. Cuando me han necesitado han contado conmigo, pero yo solo me limité a hacer algunas gestiones ante el Colegio, donde tengo buenos amigos. Decir más sería injusto. Se desbloquearon algunas cosas, pero eso no tiene mucho mérito comparado con lo que han hecho Ana Campi y otras personas.

– En todo caso, ¿cómo ves a la gente joven que tenemos ahora mismo en la Fundación?

– ¡Me encanta! Veo a gente comprometida, que se preocupa por los demás. Es cierto que en nuestra sociedad hay muchos jóvenes que ‘pasan’, pero también lo es que contamos con una juventud activa que es solidaria, trabajadora, leal. Esto me hace ser optimista, lo que buena falta nos hace ahora mismo en España, con tanta gente que no tiene trabajo o casa. Es muy necesario que nos impliquemos, que la gente esté a pie de calle, ayudando como vecino y como amigo a quienes lo pasan mal. Yo siempre he inculcado estos valores a mis niños, y ahora mi hija está como voluntaria en la clínica de Fuengirola, de lo que estoy muy orgullosa.

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