Mercè Morató

Mercè Morató

Hoy hablamos con Mercè Morató, médico estomatólogo que 62 años, que fue la principal impulsora y primera presidenta de Odontología Solidaria. Barcelonesa afincada en la isla de Menorca desde hace más de tres décadas, Morató tiene su popia clínica en Es Mercadal. En esta entrevista, explica las circunstancias que culminaron con la fundación de nuestra entidad, así como los primeros pasos de Odontología Solidaria.

– La “prehistoria” de Odontología Solidaria, por así decirlo, tiene que ver con un iniciativa personal tuya, dirigida a captar recursos para mejorar la salud bucodental en los campos de refugiados saharauis.

– Cierto. En 1992, viajé junto a un grupo de médicos de Menorca a los campos, donde no había ningún dentista, aunque sí técnicos que se habían formado en Cuba como ayudantes dentales, y que asumían esta labor. Éramos gente de diversas especialidades, pero la que más trabajo tuvo era yo. Allí conocí al Ministro de Sanidad de la RASD, que me dijo que lo que necesitaban con más urgencia eran dentaduras postizas. De vuelta a Menorca, cogí la Guía Puntex y escribí a todos los odontólogos de España pidiendo ayuda económica para enviar prótesis a los campamentos.

– ¿Cuántos dentistas debía haber en España en aquel momento?

– Unos 20.000. Diseñé un díptico explicando la situación, y pensé que para que las cartas no parecieran publicidad y fueran directamente a la basura, lo mejor era escribir los sobres a mano. Para hacer estos sobres, conté con ayuda de mucha gente: escuelas, asociaciones de vecinos, incluso los militares del cuartel. Entre dípticos, sobres y franqueo, me gasté 85.000 pesetas, que en aquella época era mucho dinero. De los 20.000 dentistas a los que había escrito, me contestaron unos 150, que está muy bien. Yo siempre había pensado que la gente de nuestra profesión no era muy solidaria, pero la verdad es que me respondió gente de toda España. Algunos me decían que no podían aportar dinero, pero ofrecían material. La campaña fue creciendo, me entrevistaron en Gaceta Dental, y entonces fueron los laboratorios los que también ofrecían ayuda.

– A partir de aquí, se forma Odontología Solidaria.

– Sí. Empecé a conocer gente de todas partes interesada en el proyecto. Con Rafa Montaña y August Bruguera, nos fuimos al Sahara a llevar el material que habíamos recogido, y fundamos Odontología Solidaria como asociación en 1994. Poco después, en unas jornadas de salud que se organizan cada año en Menorca, nos reunimos las tres ONGs de nuestro sector que había en aquel momento: estaban Antonio Bascones de Denistas Sin Fronteras, Chema Renilla de Odontología sin Fronteras, y nosotros, además de representantes de diversas entidades como Médicos Sin Fronteras, gente de la Universidad… La intención era juntarnos las tres organizaciones, pero Dentistas Sin Fronteras no quiso sumarse a la iniciativa. Al final, Odontología sin Fronteras y nosotros nos fusionamos bajo el nombre de Odontología Solidaria.

– ¿Qué supuso la unión de ambas entidades?

– Se incrementó el campo de acción. Odontología Sin Fronteras hacían más trabajo en el interior, tenían un “dentobus” con el que atendían a gente en España, y nosotros tocábamos más el ámbito internacional. Con la unión de las dos ONGs, se agruparon dos líneas de trabajo interesantes.

– Háblanos un poco de los proyectos internacionales en los que trabajaste…

– Hicimos un par de proyectos en Cuba, continuamos con proyectos en el Sahara, donde convertimos dos vehículos en clínicas móviles que creo que aún están en funcionamiento y también trabajamos con grupos de mujeres y escuelas. Desde Menorca, y con el apoyo de instituciones como el Govern Balear y el Fons Menorquí de Cooperació, pudimos acometer más proyectos. Fui dos años a India en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, además de trabajar en Ghana, Tailandia

– ¿Tu motivación personal para implicarte en estos proyectos?

– Es una mezcla del afán por colaborar a que el mundo sea un poco más justo, lo que hace mucha falta, con una necesidad de viajar y conocer a otra gente. Hay una parte egoísta, de enriquecimiento personal en el terreno vital. La gente de los países donde trabajábamos me decía que les daba mucho, y yo pensaba que era al revés. Cuando trabajas con los promotores de salud de los países a los que vas, entras en casa de la gente, ves como viven de verdad, comprendes como están, y eso a mi me motivaba mucho.

– Para finalizar, cuéntanos qué te parece el trabajo de Odontología Solidaria en la actualidad.

– En este momento estoy algo desconectada, pero veo como se trabaja y me gusta mucho. Me parece estupendo que se vayan abriendo clínicas, y que se trabaje sobretodo en España. Respecto a los proyectos internacionales, por mi experiencia creo que solo funcionan cuando la contraparte es la verdadera responsable del proyecto. Hay que trabajar con organizaciones potentes que lleven el peso del proyecto desde allí.

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