Marisol Velarde

Marisol Velarde

Marisol Velarde, de 38 años, es odontóloga endodoncista. Estudió la carrera en su Bolivia natal, para trasladarse luego a Madrid, donde empezó a colaborar con Odontología Solidaria. Actualmente reside en Andalucía, y es la Delegada Social de la Clínica Solidaria de Fuengriola (Málaga).

— ¿Cómo entraste en contacto con la Fundación?

— Fue hace cuatro años, cuando estaba haciendo la homologación en la Universidad Complutense de Madrid, y unos compañeros de la facultad me hablaron de Odontología Solidaria y de la posibilidad de hacer voluntariado. Miré por internet de qué se trataba, y luego entré en contacto con la Clínica Solidaria de Madrid, que está en Vallecas.

— ¿Era tu primera experiencia en el mundo del voluntariado?

— No. Ya en Bolivia, cuando terminé la carrera, estuve colaborando en un centro de niños con discapacidad mental, donde había una clínica dental. Estuve un par de años en ese centro como voluntaria, luego me pasé a un psiquiátrico… Cuando vine a España y tuve la oportunidad de hacer otra vez voluntariado, encontré Odontología Solidaria, que es lo mejor en verdad, porque es lo que yo se hacer. La vida me lleva por caminos de voluntariado. Me hace sentir mejor, por supuesto. Soy completamente feliz.

— Estuviste dos años de voluntaria en Madrid, y ahora estás en la clínica de Fuengirola.

— Sí, pronto hará también dos años. Cambié de ciudad por razones personales, y todo fue por casualidad. Cuando vine de Madrid a Fuengirola, fui a una entrevista de trabajo y me encontré con Ana Campi, que me contó que hacía pocos meses se había abierto la clínica de Fuengirola. Yo estaba encantada, porque al principio de vivir aquí no tenía trabajo, y podía ir todos los días a Odontología Solidaria. Ahora mi situación laboral ha cambiado, trabajo como autónoma en diferentes clínicas, y no puedo ir tanto, me queda libre un turno por semana haciendo todo lo posible.

— ¿Es bueno el trato con los compañeros?

— Claro. Esto es casi como una religión. Las personas que van allí son como tu, así que el ambiente es estupendo. Todos son un amor, aportan su tiempo y su trabajo. Los compañeros de OS son diferentes, tienen otro punto de vista sobre la odontología, en el sentido de que tu trabajo no es algo que haces por dinero, sino por vocación.

— ¿Y cómo es tu relación con los usuarios, que muchas veces pasan por situaciones personales bastante duras?

— Yo vengo de una familia humilde, ha sido un poco complicado salir adelante, y tengo mucha empatía con la gente. No soy empática porque el trabajo lo requiera, por psicología, sino porque me sale del alma. Hay una conexión humana con los pacientes.

— Eres la Delegada Social de la clínica de Fuengirola. Háblanos un poco de esta responsabilidad…

— Bueno, eso surgió porque yo era de las que más iba a la clínica, y conocía a casi todos los voluntarios. Me plantearon que fuera yo la delegada y lo acepté. Sigo siendo la misma, sólo intento que los voluntarios participen un poquito más, y procuro estar pendiente de la gente…

— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?

— Le diría que la vida sin ayudar a los demás no tiene ningún sentido. Y más en el ámbito de la odontología, que es una cosa muy cara e inaccesible para muchas personas.

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