Ana Campi

Ana Campi

Ana Campi es la responsable de la nueva clínica de Odontología Solidaria en Fuengirola. Odontóloga de 36 años, en este momento trabaja en una clínica privada. Empezó a colaborar con nuestra entidad hace diez años, y en la actualidad forma parte del Patronato de la Fundación. En esta entrevista nos habla de su experiencia con Odontología Solidaria, y del proceso que ha culminado con la puesta en marcha de la clínica de la ciudad malagueña.

– ¿Cuando supiste de la existencia de Odontología Solidaria?

– Cuando todavía estaba estudiando la carrera, en Granada. En aquella época, yo ya defendía que la Seguridad Social debería cubrir tratamientos bucodentales, y un profesor me habló de Odontología Solidaria. Pero la cosa quedó ahí, no fue a más…

– ¿Y en qué momento entras en contacto con la Fundación?

– En 2004, cuando me instalé en Barcelona para cursar un posgrado. Empecé como voluntaria en la clínica de Granollers, donde más tarde estuve contratada algunos meses. Luego me fui de viaje, y cuando regresé a Barcelona empecé a trabajar en SOPS, la clínica de la Fundación que trata a pacientes con VIH en Badalona. Estuve allí cuatro años, hasta 2011.

– Cuatro años es mucho tiempo. ¿Cómo fue tu experiencia en SOPS?

– Para mi fue una experiencia preciosa. SOPS es un sitio relativamente complicado, no solo porque los pacientes tienen VIH, sino porque muchos lo han contraído a través del consumo de drogas. Había gente con una historia personal muy dura, casos que nos tocaban mucho, pero que intentábamos afrontar con sentido del humor y dando cariño a los pacientes. Recuerdo que comíamos con ellos en la casa de acogida de Can Banús, y enseguida te acababas involucrando con la gente. Cuando dejé SOPS me fui llorando, porque esa era mi familia en aquel momento.

– ¿En qué momento empieza a fraguarse el proyecto en Fuengirola?

– En enero de 2013, cuando Graciela Gallarreta y yo misma empezamos a visitar diversas instituciones de Málaga para buscar apoyos. Al principio no tuvimos mucho éxito, hasta que una amiga periodista nos sugirió que tal vez la idea podría interesar al Ayuntamiento de Fuengirola, como así fue. Nos entrevistamos con ellos, y a los pocos meses nos enseñaron el local que pensaban cedernos. Luego pasamos otros ocho o nueve meses de incertidumbre por diversas causas (cuestiones técnicas, papeles…), hasta que firmamos el convenio que nos permitió inaugurar la nueva clínica en septiembre.

– ¿Qué te motiva a trabajar como voluntaria?

– La convicción de que todos deberían tener derecho a la salud oral. Vivimos en un país que debería permitirse incluir la odontología dentro de la Seguridad Social. Yo creo que la odontología, como también sucede con la medicina y la enfermería, es una profesión de servicio. Nuestro trabajo consiste en mejorar la salud de la gente. Lo que ocurre es que, actualmente, la odontología se ha mercantilizado tanto, que parece que es un negocio. Es evidente que los profesionales tienen que ganarse la vida, pero sin olvidar que los tratamientos que hacemos son muy importantes para las personas, y que hay gente que no puede acceder a ellos por cuestiones económicas.

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