Íñigo San Luis

Íñigo San Luis

Íñigo San Luis Bugallo es uno de los voluntarios que dedican tiempo y conocimientos en favor de los más desfavorecidos en una de nuestras clínicas. Tiene su propio centro dental en Bergondo, pero cada quince días, este odontólogo de 50 años acude a la Clínica Solidaria de A Coruña, donde atiende a personas que, a causa de su situación, no pueden acceder a tratamientos de salud bucodental en condiciones de mercado. Hemos hablado con él sobre las motivaciones y experiencias de este voluntariado.

— Empezaste en la Clínica Solidaria de A Coruña la primavera pasada. Anteriormente, ¿habías colaborado con alguna ONG?

— No, ninguna. Era algo que siempre tenía en mente. Hace años había pensado que estaría bien implicarme en temas de cooperación internacional, en Suramérica o en África, pero fue algo que nunca concreté. Era algo que siempre tenía en mente, pero que no hice hasta que conocí este proyecto de Odontología Solidaria, que me pareció fenomenal.

— ¿Y por qué esta vez decidiste dar el paso?

— En mi consulta privada estaba escuchando dramas familiares continuamente, sobre lo mal que lo está pasando la gente por la situación actual, por la crisis. Poco a poco fui viendo que la gente no puede más. A partir de estas constataciones fui tomando más consciencia del tema, y eso fue lo que me llevó a sacar un poquito de mi tiempo. Actualmente colaboro con Odontología Solidaria yendo a la clínica una tarde cada quince días. Con Odontología Solidaria tengo la oportunidad de ayudar aquí, donde realmente se necesita mucho.

— ¿Qué tal la experiencia hasta el momento?

— Muy bien, muy buena. Muy buenos compañeros. Y en cuanto a los pacientes, ves que son gente que valoran tu trabajo, valoran que estés sacando tu tiempo para esto.

— A veces, te encontrarás con pacientes con situaciones personales especialmente duras…

— Si, por supuesto. Y eso lo veo también en la privada, como te decía antes. La situación es muy dura.

— En lo personal, ¿qué te aporta el trabajo solidario?

— Es muy gratificante poder ayudar a las personas en algo de lo que tienes conocimientos. Pero además, también tenemos que pensar que el futuro de la odontología es incierto, y el de nuestras pensiones también. El día de mañana quizás seamos nosotros los que necesitemos ayuda. Hoy estás arriba y mañana no. Es una forma de solidarizarte con toda la gente que tiene problemas, porque yo también puedo ser uno mañana. Eso también me ha llevado a colaborar, pero por supuesto que es muy gratificante y es muy agradecido poder actuar en un campo en el que sé que puedo ayudar.

— ¿Qué te parecen los protocolos, el método de trabajo de las clínicas?

— Creo que está muy bien. Lógicamente, sobre la marcha nos vamos dando cuenta de cosas que se pueden mejorar. Cuando esto ocurre, se plantea y poco a poco se van solventando todas las cuestiones. Las cosas se ajustan sin mayor problema.

—  ¿Qué le dirías a un compañero odontólogo para que se implicara en nuestra organización?

— Que es un campo que conocemos, y qué mejor que ayudar en esto. Este compañero, en su consulta, estará dándose cuenta de la triste realidad social igual que yo. Lo animaría diciéndole que se iba a sentir mucho mejor pudiendo ayudar.

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