
“La odontología me encontró a mi”
por Media OS | 15, abril, 2018
Israel Carvajal tiene 28 años y trabaja como director de clínica dental en un centro privado de la ciudad de Madrid. Es voluntario en la Clínica Solidaria de la capital, a la que había acudido anteriormente como usuario. En fechas recientes, ha formado parte de la tercera brigada de voluntarios de la Fundación en Tetuán, en el marco del proyecto conjunto de la Fundación con la Asociación Hanan de la ciudad marroquí.
– ¿Desde cuando eres voluntario en la Clínica Solidaria de Madrid?
– Desde el año 2012. Es mi primera experiencia en una ONG. Yo antes era instrumentista de quirófano, y me quedé sin trabajo. No tenia casi ni para comer, y conocí Odontología Solidaria como usuario. No podía arreglarme la boca por mis medios, y los Servicios Sociales me derivaron a la Clínica de Madrid. Vi el ambiente, y les dije que si les podía echar una mano, ya que por mi profesión conocía los protocolos de enfermería y creía que mi colaboración podría ser útil. Empecé con ellos y enseguida me gustó mucho, y me empecé a formar y a trabajar en el mundo odontológico.
¿Qué balance haces de estos seis años de voluntariado en la Fundación?
– Muy positivo. Tratar con la gente que no puede pagarse sus tratamientos realmente te gratifica. Me siento bien cuando veo que he podido ayudarlos, quizá porque yo también he estado en esa misma situación y sé todo lo que conlleva. Me siento bien. La relación con los pacientes es muy buena en la inmensa mayoría de los casos. Es verdad que a veces te encuentras con personas que pasan por unas situaciones personales muy duras, y en estos casos no puedes cambiar esas situaciones, sólo puedes ayudarle con la boca. Se llega donde se puede.
– El pasado mes de marzo viajaste a Marruecos con otros voluntarios. ¿Qué tal la experiencia en Hanan?
– Muy buena. Fue muy gratificante, pero también me dio mucha penita ver a tantos niños con tantas necesidades en cuanto a tratamiento dental. Trabajamos muy duro, pero disponíamos de un tiempo limitado, y fue imposible hacer más. Hicimos cuanto pudimos, pero todavía queda mucho trabajo por hacer, ya que la situación que hay allí en Marruecos es complicada. Me gustaría poder regresar pronto con otros compañeros para continuar.
– ¿Piensas seguir mucho tiempo vinculado a Odontología Solidaria?
– Si las circunstancias me lo permiten, toda la vida. Estoy muy satisfecho, te vas contento de la clínica cuando ves que has podido ayudar a esas personas. Ser solidario es algo que sale del corazón.

“Nuestra simbiosis con Odontología Solidaria es muy positiva”
por Media OS | 31, enero, 2018
Odontología Solidaria tiene una excelente relación con el Colegio Oficial de Higienistas Dentales de la Comunidad Valenciana, con el que la Fundación mantiene un convenio de colaboración mutua desde el año 2015. Hemos charlado con la presidenta del Colegio, Rosario Velarde, a propósito de esta colaboración, el trabajo que desarrolla su entidad, y las características y retos de la profesión de higienista.
– ¿Cuando empezó su andadura el Colegio y qué objetivos persigue?
– Empezamos en noviembre de 2005. Sucintamente, las finalidades son defender el colectivo, agruparlo, evitar el intrusismo profesional, tratar de llevar la formación continua, y defender también al paciente de cara a posibles problemas con el ejercicio de nuestra profesión.
– En cuanto al perfil de las personas colegiadas, la mayoría son mujeres, ¿verdad?
– Cierto. De modo muy mayoritario. Es característico de la profesión, pero también es cierto que cada vez se van incorporando más hombres, aunque de momento son muy pocos.
– Entre las cuestiones de las que se ocupa el Colegio, ha citado usted el intrusismo profesional. ¿Cómo está la situación a este respecto?
– Se va corrigiendo. Con el tiempo la sociedad en general, y el colectivo de odontoloestomatólogos en particular, se han dado cuenta de que tener un higienista bien preparado evita problemas. Pero hasta hace poco tiempo la situación era diferente, y en algunas comunidades aún lo es. Yo creo que la Comunidad Valenciana es una de las que menos intrusismo tiene. Se han dado cuenta de que es preferible contratar un higienienista que pueda acometer todas las competencias que desarrolla la ley, personas cualificadas y con un ámbito de trabajo más amplio que el auxiliar de clínica.
– ¿Sería correcto decir que en los últimos tiempos la profesión de higienista se ha prestigiado en relación a décadas anteriores?
– Sí, está clarísimo. Hace 25 años, cuando apenas había salido la ley de profesiones odontológicas de 1986, la palabra higienista casi salía al albor del leguaje de las profesiones sanitarias. En el 2003 se regula como profesión sanitaria el higienista, se la concibe efectivamente de este modo. Ha sido increíble el crecimiento que ha experimentado en relativamente tan poco tiempo.
– ¿También se ha avanzado en cuanto a formación?
– Sí, pero este aspecto necesita desarrollarse muchísimo más. Los tiempos han cambiado, las técnicas han cambiado. Y la odontología, aunque tenga que ver con la de hace años, también ha cambiado. Por tanto, pensamos que nuestro perfil también tiene que incrementarse, evolucionar con los tiempos y las nuevas tecnologías. El objetivo sería que la nuestra fuera una profesión universitaria como ocurre en otros países europeos.
– ¿Y ese objetivo está cerca, lejos..?
– Yo creo que cerca no está. Todo nos ha costado mucho, desde regular la propia profesión, a que esta sea reconocida por la población. Esta es una pelea que llevamos ya desde hace años, y que lleva buen cariz, pero siempre trabajamos a medio-largo plazo.
– ¿La prevención es uno de los grandes vectores de su labor profesional?
– Sí, casi todo nuestro trabajo realmente se centra en la prevención. Educación, prevención, y evitar la patología. Nuestro ámbito de actuación es ese. El de ayudante y colaborador del odontólogo también, por supuesto, pero la prevención es una base fundamental. Casi toda la patología bucodental se puede evitar a través de la prevención, y esa sería nuestra gran finalidad.
– ¿Qué percepción tienen en el Colegio sobre el trabajo que desarrolla Odontología Solidaria en València?
– En general buenísima. Además, tenemos mucha relación con el colectivo de Odontología Solidaria en la Comunidad Valenciana. Hacemos muchísimas actividades en común. Odontología Solidaria nos cede sus gabinetes para poder hacer cursos de formación de higienistas, y hay muchas higienistas que se acaba formando mejor en Odontología Solidaria. Es una simbiosis que va bien. Nosotros ayudamos, ellos nos ayudan. También colaboramos con charlas dadas por higienistas a grupos de población desfavorecida. Estamos contentos de la relación que hay, y la labor que hacen de cara a la población pienso que es muy buena, ya que da cobertura a una población que no podría por sus medios acceder a la salud bucodental.
– Por lo que ha dicho, Odontología Solidaria también juega un papel positivo para los higienistas en cuanto a la formación…
– Es cierto que en nuestro ámbito, el poder estar con pacientes directamente es básico. La formación que hay es buena, pero cuanta más práctica se tenga es mejor para el profesional.
– En el marco legal actual, la salud bucodental no está totalmente cubierta ni mucho menos por la sanidad pública. ¿Cree que esta situación se podrá revertir?
– Pienso que es complicado que se llegue a dar todo ese ámbito de cobertura, pero también que a través de la formación de la población sí se lograrán reducir las patologías. De ahí la importancia de la prevención.

“La solidaridad llena un hueco que todos tenemos en el corazón”
por Media OS | 15, julio, 2017
Carlos Lucas, médico estomatólogo de 67 años de edad, mantuvo operativa su propia clínica dental en Albacete durante 35 años. Se jubiló en febrero de 2015. Aunque ya no ejerce como dentista al estar dado de baja en el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos albaceteño, sigue vinculado al mundo odontológico colaborado en la Clínica Solidaria de la ciudad castellano-manchega, donde presta ayuda técnica. Esta es su historia.
— Colaboras en la Clínica Solidaria de Albacete desde muy al principio. ¿Cómo empezó todo?
— Yo estaba en Inglaterra para celebrar el cumpleaños de mi única nieta, y leí en la edición digital de La Tribuna de Albacete que al cabo de unos meses abriría la Clínica Solidaria. En cuanto llegué a Albacete establecí contacto con María Dolores Cuenca para ofrecerme como colaborador en el aspecto práctico: subsanar averías técnicas de poca importancia, colocar el letrero de Odontología Solidaria… cosas así. Como no puedo ejercer como odontólogo, pensé que era otra manera de cooperar con el proyecto.Y así seguimos. De vez en cuando me llaman, o yo paso por allí, y hago lo que se requiera. Es un papel poco visible, pero necesario.
— Entre otras cosas, estás pendiente de ajustar los equipos…
— Bueno, si una turbina no acaba de ir bien la engraso, y cosas así. Ten en cuenta que cuando yo establecí mi propia consulta en Albacete no había ningún servicio técnico de equipos dentales en la ciudad. Entonces, para evitar los costes que suponía el traslado de un técnico de Madrid a Albacete, tuve que aprender a reparar las averías de mis equipos. Esos pequeños conocimientos alguna vez nos han permitido no dejar de usar un equipo en la Clínica Solidaria de Albacete.
— ¿Por qué, al conocer que se abría la Clínica Solidaria de Albacete, decidiste implicarte?
— Porque ayudar a las personas en riesgo de exclusión social, y darles como mínimo un tratamiento dental básico, me parece una causa noble. Hay que hacerles un hueco y trabajar para ellos.
— ¿Es una manera de hacer un poco más justo nuestro mundo?
— Por supuesto. Hoy en día hay muchas organizaciones no gubernamentales que ayudan a los necesitados. Es una nota de calidad y de acercamiento a estas personas, y desde luego la Clínica Solidaria de Albacete ha marcado un hito en la ciudad. Ninguna otra especialidad tiene una clínica de estas características, quizá porque la enfermedad dental ataca con mucha más frecuencia a las personas que están en una situación económica complicada.
— En tu opinión, ¿por qué es interesante ser solidario?
— Es una manera de llenar un hueco que tenemos todos en el corazón. Hay mucha gente necesitada y tenemos que colaborar, darle un a estas personas tratamiento básico y que puedan masticar y disfrutar un poco comiendo. Esto supone una satisfacción para el que lo hace.

“La solidaridad surge de una profunda empatía”
por Media OS | 30, junio, 2017
Zulma Beatriz Rodríguez Predrouzo es voluntaria de la Clínica Solidaria de Madrid desde el año 2011. Nacida en Buenos Aires, empezó a ejercer la odontología en la capital argentina, hasta que como tantos de sus compatriotas tuvo que emigrar a causa del tristemente célebre corralito. Establecida en España desde 2002, Zulma trabaja en una clínica privada de Madrid, actividad que compagina con el voluntariado en la Fundación.
— Colaboras en la Clínica Solidaria de Albacete desde muy al principio–– ¿Por qué te uniste a Odontología Solidaria?
— Por varias cosas. Yo siempre hice mucha actividad en la profesión aparte de estar atendiendo en la consulta. Hice docencia, y siempre trabajé a favor de la salud de los demás, sin importarme si era gratis o no. En Argentina, yo he atendido en hospitales sin que me pagaran nunca nada, y en la Facultad también tratábamos a personas que no podían pagar privadamente los tratamientos. Me encontré con gente muy humilde que iban allí muy acomplejaditos, y yo les explicaba que debían exigir y decir lo que les pasaba. Cuando llegué a España y me puse a trabajar, yo buscaba hacer actividades de este tipo, y leyendo una revista profesional vi que en Madrid existía Odontología Solidaria.
— Son ya muchos años los que llevas colaborando en la clínica madrileña. ¿Qué tal la experiencia?
— Muy buena. Hay algo que yo no había experimentado con anterioridad: el estar atendiendo en simultáneo a gente de muy distintas etnias, culturas y estilo de vida. Hay gente que viene de todos lados. Eso me sorprendió. Trabajar en la clínica de Madrid me da la posibilidad de conversar con estos pacientes, explicarles el por qué de las dolencias que tienen, hablarles de la importancia de un correcto cepillado… O sea, que también hago prevención, una prevención adaptada a la persona que tengo en frente. Tengo la posibilidad de dar a conocer a la gente que es importante incorporar la salud a sus hábitos vitales. Tengo la filosofía de que el que aprende esto se convierte en un agente de salud, porque transmite estos hábitos a su entorno.
— ¿Qué nos cuentas del ambiente de trabajo en la clínica?
— Tenemos todos los recursos materiales y, por supuesto, humanos. Estoy encantadísima con las compañeras del equipo técnico. A mi me resulta un ambiente lindísimo, porque OS comparte la filosofía que te expuse antes. También hay mucha gente recién licenciada, con diferentes niveles de conocimientos pero siempre con buena actitud, lo que de alguna manera es como estar viviendo en una especie de cátedra. Es una muy buena experiencia a nivel odontológico pero también a nivel humano. Otra cosa que quiero destacar es que se siguen las normas de bioseguridad a rajatabla: estoy muy contenta con este aspecto.
— Com has dicho anteriormente, tu acción solidaria en el mundo de la odontología viene de lejos. ¿De dónde surge esta motivación?
— Yo fui siempre así, Cuando era muy niña me preguntaban qué quería hacer de mayor y yo decía que quería ser maestra para tratar bien a los niños… quería hacer algo útil para los demás. No tengo ninguna idea política ni nada, es un sentimiento, o un estilo de vida. Es una empatía profunda, querer al prójimo.
— ¿Ayudar al prójimo resulta reconfortante?
— Yo pienso que sí. No todo el mundo tiene la oportunidad de tener una carrera que está dedicada al otro. Nosotros, si no tenemos pacientes, no somos dentistas ni médicos. Si un paciente me necesita y yo puedo ayudarlo, se establece una comunicación. Y esa es la satisfacción, la recompensa de todo el esfuerzo económico e intelectual que comporta hacer la carrera y mantenerse actualizado. Yo veo que la mayoría de la gente está contenta: conversa, vuelve sonriente, se le van los miedos…
— ¿Tienes la sensación de que, más allá de solucionar un problema concreto, contribuyes a la felicidad de los pacientes?
— Posiblemente sí, porque ellos nos hacen también felices. A veces veo chicas jovencitas que no pueden ni sonreír de la cantidad de caries que tienen, y cuando luego ves que recuperan la sonrisa, y te cuentan que están buscando trabajo, la verdad es que sientes una alegría bárbara.io. ¿Cómo empezó todo?

“Estar en Odontología Solidaria comporta un choque de realidad”
por Media OS | 15, junio, 2017
Carlos Bello, odontólogo de 24 años, es uno de los voluntarios que forman parte del equipo de la Clínica Solidaria de Zaragoza. Licenciado en 2016, trabaja en la clínica odontológica de su familia en la capital aragonesa. Conoció la Fundación mediante un compañero de Facultad, y según dice en esta entrevista la acción solidaria le ha permitido descubrir otra cara de la odontología.
— ¿Cuando empezaste a colaborar en la Clínica Solidaria de Zaragoza?
— En septiembre del año pasado, recién licenciado. Conocí Odontología Solidaria por un amigo de la Facultad, Raúl, que empezó el voluntariado conmigo, pero tuvo que dejarlo porque se fue a Francia. Cuando me comentó que existía la Fundación, enseguida me pareció que era una buena manera de emplear el tiempo que tenía libre para ayudar a otras personas. Actualmente, voy a la clínica una vez por semana, todos los lunes. El ambiente es fantástico, hay muy buena gente, y he hecho unos cuantos amigos.
— ¿Odontología Solidaria es tu primera experiencia con una ONG?
— No, en la Facultad ya colaboré con Cruz Roja. Con otro amigo colaboramos en sesiones informativas sobre la salud oral dirigidas a la gente de Huesca. Me gusta ayudar a la gente, de algún modo me hace sentir realizado. Cuando empecé a colaborar con Odontología Solidaria me di cuenta que las personas que vienen a la clínica de Zaragoza son muy agradecidas. Saben que lo que estás haciendo supone un esfuerzo añadido, que lo haces sin ganar nada, y creo que lo valoran mucho.
— Entre nuestros pacientes, en ocasiones hay gente con situaciones personales muy problemáticas…
— Sí, es verdad. Gente con problemas muy serios. Tratar con estas personas te da un choque de realidad. A veces vivimos en nuestro pequeño mundo, cada cual el suyo, pero cuando empiezas a conocer el mundo de los demás te das cuenta de que hay mucha gente que pasa por situaciones difíciles. Los pacientes comparten sus problemas contigo, te los cuentan, y te vas dando cuenta de cosas…
— Este “choque de realidad” del que hablas, ¿ha ido modificando tu punto de vista?
— En parte sí. El contacto con los pacientes de Odontología Solidaria me llena mucho a nivel personal. Puede que al principio pensara que esta era una manera de practicar, de “hacer mano” aprovechando el tiempo libre. Pero eso solo fue el primer mes. Cuando empecé a ver la gente que va, y como está, empecé a mirarme las cosas de otra manera. Aquí descubres otra cara de la odontología.

“Los pacientes nos enseñan valores”
por Media OS | 31, mayo, 2017
Modest Revert formó parte del grupo de profesionales del sector bucodental que, en 1999, pusieron en marcha la Clínica Solidaria de Valencia. Médico estomatólogo de 59 años, Modest tiene su propia clínica dental en la ciudad, y sigue colaborando con la Fundación. En esta entrevista conversamos sobre el pasado, el presente y los objetivos de Odontología Solidaria.
— Tu estabas al frente de la clínica de Valencia cuando abrió sus puertas…
— Sí, yo entonces era el delegado de Odontología Solidaria aquí. La iniciativa de la clínica partió de un grupo de diez o doce odontólogos, estomatólogos y estudiantes de Valencia. La inauguración oficial de la clínica fue en julio de 1999, pero la idea se empezó a trabajar un par de años antes. La principal dificultad fue encontrar un local en condiciones adecuadas. Al final, mediante Cáritas, encontramos el que todavía tenemos. En aquellos años todavía no era tan descabellado montar una clínica en un primer piso…
— ¿Había muchos voluntarios en esos primeros tiempos?
— No, muchos no. Piensa que en esa época había muchos menos dentistas que ahora. Aunque nunca nos faltaron voluntarios, la demanda de pacientes era superior. Lo importante es que siempre había gente dispuesta a echar una mano, y buena colaboración con el ICOEV y otras instituciones. Estuve unos cuatro años de delegado, y luego tomó el testigo José Ramón Frutos, otro de los compañeros que formaban parte del grupo inicial.
— Volvamos a ese grupo inicial que decidió organizar OS en Valencia. ¿Qué os motivó?
— Vimos que era algo que hacía falta. Hasta aquel momento, los servicios sociales del Ayuntamiento de Valencia mandaban a los usuarios a las clínicas privadas. El usuario presentaba dos presupuestos de dos clínicas distintas, el Ayuntamiento aprobaba uno, y mandaba a esa persona a la clínica elegida para que le pusieran una prótesis o le hicieran el tratamiento que necesitaba. Este sistema no permitía atender a muchos usuarios. Cuando plateamos la idea al Ayuntamiento, lo vieron muy bien. Se dieron cuenta de que se podría atender a más gente, ya que nosotros no perseguimos un beneficio económico.
— Sigues colaborando con la Fundación. ¿Qué actividades has hecho recientemente?
— Últimamente hemos realizado un curso de periimplantitis a beneficio de Odontología Solidaria con el Dr. Juan Rumeu, de Barcelona. Él ya colaboró con nosotros en los comienzos de la Fundación en Valencia. Tuvimos una buena asistencia, y contamos con la colaboración de entidades como Straumann, INIBSA, Dental Cervera, el ICOEV y la Universidad de Valencia.
— ¿Crees que, por lo general, los profesionales de la odontología son personas solidarias?
— Creo que en general sí, y cada vez más, conforme va entrando gente más joven y concienciada. Es un reflejo de la sociedad. Los odontólogos y estomatólogos no somos diferentes al resto, y hoy en día el espíritu solidario ha aumentado considerablemente en todos los ámbitos.
— Pongámonos en la piel de un chico o una chica que, por ejemplo, esté acabando sus estudios de odontología. ¿Qué crees que le aportaría a esa persona colaborar con Odontología Solidaria?
— Yo diría que esta es una experiencia que le será útil. Si colabora en la clínica, podrá tratar a unos pacientes que siempre te dan más de lo que tu les puedes dar a ellos. Hay cosas que no se aprenden en la Universidad, que sólo las aprendes con experiencia, y tratando a personas que, como nos puede pasar a todos en un momento dado, pasan por un mal momento económico, pero tienen una calidad humana indescriptible. A esos jóvenes yo los animaría, porque estar en Odontología Solidaria es una especie de master: un master social y humano que les va a enriquecer mucho, y que les va a ser muy útil para su práctica diaria profesional. Si después de acabar los estudios pasan un par de años con nosotros como voluntarios, van a ver el mundo de otra forma. Lo digo en el sentido de que no todo es ganar dinero y tener cosas. Hay otros valores humanos que estos pacientes nos muestran día a día.

“Me motiva contribuir a paliar las desigualdades”
por Media OS | 31, marzo, 2017
Rafael Pla García forma parte del equipo de voluntarios que garantizan el funcionamiento de la Clínica Solidaria de Albacete. Médico estomatólogo de 59 años de edad, Pla dirige su propia clínica privada, y forma parte también de la Junta del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos albaceteño, institución que jugó un rol decisivo en la implantación de Odontología Solidaria en la ciudad.
— Formas parte del equipo de la Clínica Solidaria del Albacete desde el principio, cuando esta era todavía un proyecto. ¿Cómo fue el proceso?
— Todo empezó cuando María Dolores Cuenca propuso al Colegio que le echara una mano con el proyecto, cuando todo se estaba empezando a fraguar. Las primeras reuniones que se tuvieron con la Fundación Odontología Solidaria fueron en la sede colegial. María Dolores fue quien empezó con esta iniciativa, pero el Colegio decidió implicarse enseguida…
— Para llegar a buen puerto, también fueron necesarias otras complicidades, ¿verdad?
— Sí. Sobretodo del Ayuntamiento y la Diputación, que nos cedió un local, primero en una ubicación, y más adelante en la actual. Las instituciones respondieron muy bien. También se tuvieron contactos con Cáritas, con la Cruz Roja y con los Servicios Sociales del Ayuntamiento, para que encauzaran la admisión de pacientes. Esta es una parte muy importante del protocolo que se sigue en Odontología Solidaria.
— ¿Cómo ha acogido la ciudad esta iniciativa?
— Muy bien. Hay un ímpetu que hace que en Albacete se conozcan los servicios que estamos prestando. De hecho, el problema que tenemos es que se nos va acumulando la lista de espera. Con la crisis, mucha gente tuvo que limitarse a los tratamientos que ofrece la Seguridad Social. Hemos visto como se les hacen las extracciones y luego se interrumpe el tratamiento porqué no hay más cobertura. Faltaba un eslabón que hemos aportado nosotros, ya que hacemos mucho trabajo en odontología conservadora y en tratamientos periodontales. También es verdad que en ocasiones hay un poco de confusión con cierta franquicia que hace gala de una “odontología social”, lo que hace que alguna gente se confunda, cuando en realidad no tiene nada que ver con lo nuestro. Nos da mucha rabia esta confusión, porque esta franquicia se ampara en lo social cuando es mentira. En realidad, se aprovechan de compañeros y hacen muy mala práctica. Pero creo que cada día la gente está sabiendo diferenciar más lo que hace esta franquicia y lo que hacemos en Odontología Solidaria.
— Hablabas antes de la limitada cobertura odontológica que de la Seguridad Social. ¿Crees que la situación se podría revertir a corto o medio plazo?
— Yo creo que no. La Seguridad Social cada vez está más en quiebra, y es imposible que cambie la situación por mucho que los políticos quieran hacer demagogia. Supondría un coste económico que, en mi opinión, la Seguridad Social no puede asumir en este momento.
— Una vez abierta la Clínica Solidaria de Albacete, también te implicaste en la misma como voluntario…
— Claro que sí. Es algo muy gratificante. Cuantas más veces vas yendo, mejor te sientes. Yo voy con mi auxiliar. Estamos encargándonos de la prótesis. También va una hija mía otra tarde cada quince días, con su auxiliar. Todos lo que hacemos voluntariado salimos muy satisfechos: ves que puedes ayudar, te encuentras con buena gente y prestas un servicio a quien lo necesita… Yo se lo recomiendo a todos los compañeros, porque con la demanda que tenemos, si fuéramos más voluntarios podríamos ampliar el horario. Próximamente celebraremos la asamblea del Colegio y expondremos el tema, a ver si podemos captar más colaboradores.
–– Personalmente, ¿qué te motiva?
— Poner mi granito de arena, colaborar para paliar un poquito la desigualdad que hay. Ofrecer lo que mejor sabes hacer a quien más lo necesita.
— ¿Es tu primera experiencia en una ONG?
— Sí. Anteriormente había colaborado en algunas iniciativas pero de una manera muy puntual, no con la continuidad de ahora. Si embargo, mis hijos dentistas sí que han estado vinculados con entidades de este tipo, trabajando en países como Birmania, Ecuador o República Dominicana.
— ¿Qué nos cuentas del trato con los pacientes que acuden a la Clínica Solidaria?
— Lo primero es intentar ponerte a su nivel. Encuentras muchos inmigrantes, y a veces también a gente que ha tenido muy mala vida. Para que los pacientes se sientan bien atendidos, yo pienso que es importante preguntarles por sus cosas, y en ocasiones te encuentras con historias muy duras. Hace un tiempo, atendí a un antiguo compañero de colegio en la escuela primaria que se había pasado 22 años en la cárcel por un tema de tráfico de drogas, y que afortunadamente ahora está rehabilitado. Son situaciones que te dan qué pensar, y que sin duda te hacen crecer como persona. Vivimos en un mundo muy alejado de estas situaciones, y aunque leemos cosas de este tipo, nunca es lo mismo que estar hablando con estas personas, con las que acabas empatizando.

“Siento que tengo un deber hacia la gente que no ha tenido tanta suerte como yo”
por Media OS | 15, marzo, 2017
Conchi Lanza empezó a trabajar hace veinte años como protésica, y más tarde se formó como higienista dental, profesión que ejerce en una clínica de Madrid, y que compagina con los estudios universitarios de la carrera de Odontología. Nuestra compañera, de 44 años, es también voluntaria en la Clínica Solidaria de la capital, y formó parte de la primera expedición de Odontología Solidaria a Tetuán (Marruecos) a finales de 2016.
— ¿Cuando empieza tu vinculación con Odontología Solidaria?
— Hace algo más que un año. Anteriormente estuve colaborando con otra ONG relacionada con la odontología, Dental Coop. Participé con ellos en un proyecto en los campamentos saharauis. Cada dos días íbamos a los hospitales de la zona, que están como medio abandonados, y además de atender a la gente preparábamos a los auxiliares que había, dándoles un poco de formación, sobretodo en el tema de la desinfección.
— ¿Y qué te llevó hasta nuestra entidad?
— Yo quería hacer un trabajo más continuado. Una compañera mía, higienista dental, me habló de la clínica de Odontología Solidaria en Madrid, a la que empecé a ir todas las semanas. El ambiente es muy bueno, aunque nos faltan más voluntarios. A los pacientes siempre les explico la importancia de tener una buena higiene, les advierto de que si no lo hacen pueden perder los dientes que les quedan. Creo que si a la gente le explicas el porqué de las cosas será más consciente y pondrá más de su parte.
— ¿Qué te motivó para implicarte primero en Dental Coop y posteriormente en Odontología Solidaria?
— Yo me siento afortunada, y creo que tengo un deber hacia la gente que no ha tenido tanta suerte como yo. Para mi es una obligación. Y además es una obligación que me hace sentir bien. Si quieres también es una obligación un poco egoísta, porque uno mismo gana mucho. Poner tu granito de arena para que otra persona tenga una mejor calidad de vida o sea más feliz, comporta una cierta satisfacción personal. Soy una persona con mucha empatía, me afectan las cosas, y pienso que si hago algo que hace sentir mejor a otra persona, yo también me sentiré mejor.
— El pasado mes de diciembre viajaste a Tetuán con la primera brigada de Odontología Solidaria en el proyecto conjunto que tenemos con la Asociación Hanan. ¿Qué balance haces de esa experiencia?
— Me gustó mucho, y me ha sabido muy mal no poder haber ir al segundo viaje, porque tenía un examen en esas fechas. En el primer viaje hubo que hacer mucho trabajo previo, preparar el gabinete, y solo pudimos trabajar con pacientes un par de días. La experiencia me gustó mucho, por las características del proyecto, que atiende a gente con discapacidades en un lugar donde hay mayor pobreza. Sientes que ayudas más. Cuando vas a sitios en los que cualquier cosa que hagas significa mucho para ellos, todavía es mejor. Tengo muchas ganas de regresar a Tetuán.
— Antes de viajar a Marruecos, participaste en las jornadas de formación previas que se hicieron en Extremadura. ¿Te resultó interesante?
— Sí, guardo muy buen recuerdo. En realidad se me hicieron cortas, porque pienso que todavía tengo mucho que aprender. La experiencia de estar en quirófano me dio mucho respeto, porque creo que es una responsabilidad tratar a niños con estas problemáticas, pero me gustó mucho. También me resultó interesante a nivel profesional. Aunque yo aquí en Madrid no trabaje con este tipo de pacientes, lo que aprendí allí también me aporta conocimientos.
— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?
— Mira, yo se lo comento a amigas en la profesión, pero pienso que al final eso tiene que salir de uno mismo. Pienso que hay que tener empatía para ayudar más. La empatía también hace que hagas mejor tu trabajo, que entiendas mejor al paciente. Estamos trabajando en el ámbito de la salud, no vendiendo chaquetas. Ser voluntario para aprender y coger mano está muy bien, porque todos aprendemos con el voluntariado, pero hay que tener claros los valores. Hay que atender a estos pacientes igual que los atenderías en el sector privado.

“Odontología Solidaria vive un momento de renovación”
por Media OS | 28, febrero, 2017
Rafa Montaña forma parte del primer grupo de profesionales del sector que, en 1994, fundó Odontología Solidaria. Protésico dental de 56 años de edad, tiene su propio laboratorio en Granollers (Barcelona), ocupación que compagina con sus responsabilidades como vicepresidente de la Fundación, donde se encarga de la coordinación de clínicas. Así ve el presente y el futuro de nuestra entidad.
— Ante todo, cuéntanos brevemente como nació Odontología Solidaria.
— Todo empezó cuando un grupo de gente, como Mercè Morató y otros compañeros, coincidimos haciendo acción solidaria en los campos de refugiados del Sahara. Luego creamos la asociación Odontología Solidaria en Granollers. Al cabo de poco tiempo, descubrimos que había otras asociaciones similares en España, como Dentistas Sin Fronteras y Odontología Sin Fronteras. Nos reunimos con ellas en Menorca y les propusimos unirnos en una única entidad. Odontología Sin Fronteras estuvo de acuerdo y Dentistas Sin Fronteras no.
— ¿Qué supuso la unión con Odontología Sin Fronteras?
— Que pasamos a tener una estructura en todo el territorio español. Nos motivaban las mismas cosas. Fíjate que ambas entidades teníamos la palabra “odontología” en el nombre, lo que indica la voluntad de abarcar todo el sector. A raíz de la fusión, teníamos presencia en Madrid y Barcelona, y realizamos muchos proyectos en países en vías de desarrollo. Hasta que una de las socias fundadoras de Odontología Sin Fronteras, Blanca Gómez de Balugera, nos cedió una clínica en Madrid, lo que nos permitió empezar a trabajar aquí.
— En la actualidad son ocho las clínicas que trabajan bajo el paraguas de Odontología Solidaria, y eres tu quien las coordina. ¿Qué implica esta responsabilidad?
— Mi trabajo es intentar que todas las clínicas funcionen igual y bien, además de animar a los grupos de voluntarios para lograr una mejor atención a nuestros usuarios con una unidad de criterio. Que las clínicas compartan protocolos es algo muy importante, pero ha habido épocas en las que no había una persona que se ocupase de este aspecto, lo que comportaba algún problema. Ahora se han unificado procesos de trabajo y precios.
— ¿Qué diferencia a Odontología Solidaria de las otras ONG del sector?
— En primer lugar quiero remarcar que todas las ONG del sector bucodental hacen un gran trabajo. Son compañeros nuestros y tenemos buena relación con ellos. En nuestro caso, creo que lo que nos diferencia es que trabajamos sobretodo en España, lo que se traduce en un esfuerzo continuado a lo largo de todo el año que implica a 400 voluntarios y a los 15 trabajadores de nuestras clínicas. Esto es un gran esfuerzo diario.
— ¿Qué es lo mejor de las clínicas de OS y qué aspecto de su funcionamiento habría que mejorar en primer lugar?
— Lo mejor es la gente que tenemos en las clínicas, y con ello me refiero tanto a los voluntarios como a los equipos técnicos. Es cierto que tenemos menos voluntariado que antes, pero es un voluntariado más fiel, con lo que los equipos funcionan mucho mejor. Esto facilita que podamos atender bien a la gente, pero también atendemos a menos usuarios de la que querríamos, porque hay días que nos faltan voluntarios.
— Según tu experiencia, ¿por qué hace voluntariado la gente?
— Creo que hay dos tipos de personas. Hay un voluntariado que viene a hacer curriculum. Por otra parte, tenemos al voluntario fiel, la persona que hace esto para sentirse mejor. Colaborar a hacer la vida más fácil a los demás le hace mejor a uno mismo. Es mi caso. Yo trabajo unos días en mi laboratorio para ganar dinero, y otros días soy voluntario en Odontología Solidaria para sentirme bien.
— ¿También para denunciar una situación injusta?
— También. Yo creo que las cosas se demuestran haciéndolas. Si solo vamos repitiendo que las cosas están mal, no cambiamos nada. Hay que demostrar que los cambios son posibles en la práctica.
— ¿En qué momento está la Fundación a tu entender?
— En un momento de renovación, iniciado el último año. Creo que es importante destacar que en el nuevo Patronato hay gente muy implicada desde hace tiempo en el trabajo diario de las clínicas, y esto me hace ser optimista.
— ¿Cómo ves Odontología Solidaria dentro de cinco años?
— Más grande y más fuerte. En los últimos años hemos profesionalizado los equipos técnicos, y yo creo que esto ya está dando sus frutos, y dará aún más. Se podrá atender a más gente y con toda seguridad tendremos más clínicas.

“Nos sentimos afortunados colaborando con Odontología Solidaria”
por Media OS | 16, febrero, 2017
El Dr. Abdeslam Bakouri preside desde hace cerca de 25 años la Asociación Hanan de Tetuán (Marruecos), entidad con la que Odontología Solidaria comparte un proyecto centrado en la atención bucodental de niños y niñas con discapacidad. Médico de 68 años de edad, compagina las responsabilidades en Hanan con el ejercicio profesional en su laboratorio de análisis clínicos. Formado en nuestro país –estudió la carrera en Valencia y la especialidad en Madrid–, el Dr. Bakouri nos habla de la trayectoria y objetivos de la asociación que preside, así como de la colaboración con Odontología Solidaria.
— ¿Con qué objetivos se fundó la Asociación Hanan?
— La Asociación Hanan se fundó en 1969, y su objetivo es el cuidado de los niños con discapacidad y su educación, tanto dentro del centro como en lo relativo a la integración en las escuelas ordinarias. También tenemos bastantes talleres para la formación profesional. Nuestro objetivo fundamental es la integración de los niños con discapacidad. A nosotros no nos gusta llamarlos niños con necesidades especiales, preferimos definirlos como niños con poderes especiales, y pensamos que teniendo estos poderes especiales pueden estudiar, pueden trabajar y pueden integrarse.
— ¿A cuántos niños y niñas atienden en la actualidad?
— Son casi quinientos. Trabajamos en la atención temprana, cuando se detecta la discapacidad, con el objetivo de conseguir su integración cuanto antes mejor. Intentamos prepararlos para que a los seis años se puedan integrar en las escuelas normales. De esta manera, dejamos el centro de educación especial sólo para discapacidades graves, o para los chicos que no encuentran centro, porque en este ámbito no sólo hay que matricularlos, también hay que adaptar las escuelas y formar a los profesores. Afortunadamente, ahora tenemos unos doscientos niños que están integrados en escuelas ordinarias y van muy bien. Cuando salen de las escuelas, vuelven a la asociación para obtener un título de formación profesional reconocido por el Ministerio de Educación.
— ¿Cuáles son las discapacidades más frecuentes?
— Tenemos discapacidades auditivas y sensoriales, que son una tercera parte, y en la mayoría de los casos problemáticas intelectuales, tanto síndrome de Down, como autismo y otras… Tratamos con todo tipo de discapacidad excepto en el caso de las personas invidentes, que tienen una fundación especialmente para ellas. Como somos los pioneros, desde el principio nos vinieron todo tipo de personas. Hasta el año 1990 teníamos internado, y acudía gente de todo Marruecos. Actualmente no tenemos internado porque afortunadamente hay centros de educación especial por todo el país.
— ¿Cómo se financia la asociación?
— Mediante las cuotas de nuestros socios, que son unos 1.800. La ciudad de Tetuán es muy solidaria con la asociación, y apoya cualquier proyecto. Por otro lado, hemos tenido muchos proyectos con la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo, y con lugares como Andalucía, Valencia, Barc
— ¿Qué impresión tuvo cuando se establecieron los primeros contactos con Odontología Solidaria?
— Tuvimos una gran suerte cuando nos visitó Núria Camps por primera vez. En poco tiempo hicimos un convenio y vino un primer equipo. Ahora van a venir de nuevo, el próximo día 26 de febrero. Se han encargado del equipamiento que faltaba para la consulta de odontología. Somos afortunados.
— ¿De qué modo contribuye Odontología Solidaria a los objetivos de la Asociación Hanan?
— Para nosotros esta es una cuestión muy importante, ya que los niños con discapacidad suelen tener muchos problemas de higiene bucal. Nos faltaba una colaboración y un aliado en este aspecto, y la hemos encontrado con Odontología Solidaria. Ha sido importantísimo por el material que hemos conseguido a través del proyecto, y también por las personas que han venido. Son gente muy competente como el Dr. Jesús Rueda, que tiene mucha experiencia en atención odontológica a niños con discapacidad. Todos los que han venido son gente con mucha dedicación. Estamos muy contentos de haber conseguido un convenio con una Fundación tan importante y tan seria.
— Por lo tanto, es usted optimista respecto al futuro de la colaboración entre la Asociación Hanan y Odontología Solidaria…
— Sí. A veces se inician proyectos solamente para un año, y siempre existe la posibilidad de que no haya una continuidad. Pero el convenio que firmamos con Odontología Solidaria es para tres años, con equipamiento total. Y, sobretodo, con la buena voluntad de la gente de la Fundación, que ha visto que Hanan necesita esta colaboración, y está involucrada.
— ¿Por qué decidió usted en su día implicarse en la Asociación Hanan?
— Cuando estudiaba en España conocí varias ONG y me pareció fenomenal lo que estaban haciendo. Al regresar a Marruecos, vi que en mi país había muy pocas entidades solidarias. Me hice miembro de la Asociación Hanan con el antiguo presidente, quien antes de morir en 1993 me pidió que me hiciera cargo de la asociación. Al principio no pensaba que iba a estar tan involucrado, pero con el tiempo uno está contento de lo que está haciendo, porque hay buenos resultados. Hemos crecido, hemos tenido apoyos muy importantes tanto en Marruecos como en España, y esto te estimula.
— ¿Tiene usted a alguna persona con discapacidad en su familia?
— No, ni en mi familia ni en mi círculo cercano. Es cierto que mucha gente se implica con la Asociación como consecuencia de tener personas con discapacidad en su familia, pero no es mi caso. Aunque también le digo que, para mi, Hanan es mi familia…
— ¿De dónde surge su motivación solidaria?
— Si pensamos que en el mundo hay dos tipos de gente, personas con necesidad y personas sin necesidad, estamos equivocados. Todos podemos tener una necesidad en cualquier momento. Uno no debe ser egoísta y pensar: este problema no es el mío. ¡Es problema de todos! Si yo tengo posibilidades, debo pensar en quien no tiene esas posibilidades. Tenemos que ayudar, porque como dice el refrán, es de bien nacido ser agradecido. Los que ahora no tenemos problemas debemos estar contentos y ser solidarios, porque algún día vamos a necesitar también que otra gente sea solidaria con nosotros.

“Sin ayudar a los demás, la vida no tiene sentido”
por Media OS | 17, enero, 2017
Marisol Velarde, de 38 años, es odontóloga endodoncista. Estudió la carrera en su Bolivia natal, para trasladarse luego a Madrid, donde empezó a colaborar con Odontología Solidaria. Actualmente reside en Andalucía, y es la Delegada Social de la Clínica Solidaria de Fuengriola (Málaga).
— ¿Cómo entraste en contacto con la Fundación?
— Fue hace cuatro años, cuando estaba haciendo la homologación en la Universidad Complutense de Madrid, y unos compañeros de la facultad me hablaron de Odontología Solidaria y de la posibilidad de hacer voluntariado. Miré por internet de qué se trataba, y luego entré en contacto con la Clínica Solidaria de Madrid, que está en Vallecas.
— ¿Era tu primera experiencia en el mundo del voluntariado?
— No. Ya en Bolivia, cuando terminé la carrera, estuve colaborando en un centro de niños con discapacidad mental, donde había una clínica dental. Estuve un par de años en ese centro como voluntaria, luego me pasé a un psiquiátrico… Cuando vine a España y tuve la oportunidad de hacer otra vez voluntariado, encontré Odontología Solidaria, que es lo mejor en verdad, porque es lo que yo se hacer. La vida me lleva por caminos de voluntariado. Me hace sentir mejor, por supuesto. Soy completamente feliz.
— Estuviste dos años de voluntaria en Madrid, y ahora estás en la clínica de Fuengirola.
— Sí, pronto hará también dos años. Cambié de ciudad por razones personales, y todo fue por casualidad. Cuando vine de Madrid a Fuengirola, fui a una entrevista de trabajo y me encontré con Ana Campi, que me contó que hacía pocos meses se había abierto la clínica de Fuengirola. Yo estaba encantada, porque al principio de vivir aquí no tenía trabajo, y podía ir todos los días a Odontología Solidaria. Ahora mi situación laboral ha cambiado, trabajo como autónoma en diferentes clínicas, y no puedo ir tanto, me queda libre un turno por semana haciendo todo lo posible.
— ¿Es bueno el trato con los compañeros?
— Claro. Esto es casi como una religión. Las personas que van allí son como tu, así que el ambiente es estupendo. Todos son un amor, aportan su tiempo y su trabajo. Los compañeros de OS son diferentes, tienen otro punto de vista sobre la odontología, en el sentido de que tu trabajo no es algo que haces por dinero, sino por vocación.
— ¿Y cómo es tu relación con los usuarios, que muchas veces pasan por situaciones personales bastante duras?
— Yo vengo de una familia humilde, ha sido un poco complicado salir adelante, y tengo mucha empatía con la gente. No soy empática porque el trabajo lo requiera, por psicología, sino porque me sale del alma. Hay una conexión humana con los pacientes.
— Eres la Delegada Social de la clínica de Fuengirola. Háblanos un poco de esta responsabilidad…
— Bueno, eso surgió porque yo era de las que más iba a la clínica, y conocía a casi todos los voluntarios. Me plantearon que fuera yo la delegada y lo acepté. Sigo siendo la misma, sólo intento que los voluntarios participen un poquito más, y procuro estar pendiente de la gente…
— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para que viniera a Odontología Solidaria?
— Le diría que la vida sin ayudar a los demás no tiene ningún sentido. Y más en el ámbito de la odontología, que es una cosa muy cara e inaccesible para muchas personas.

“Nuestra sociedad avanzará gracias a la solidaridad”
por Media OS | 29, diciembre, 2016
Robert Monsó, médico odontólogo de 58 años, colabora en la Clínica Solidaria SOPS Badalona, que atiende a pacientes con VIH, a la que acude como voluntario quincenalmente. Sus motivaciones solidarias tienen un doble vector, espiritual y social, del que nos habla en esta conversación.
— Tu vinculación con Odontología Solidaria viene de lejos…
— Sí. Llegué a través de una odontóloga conocida mía que colaboraba en la Fundación y me comentó el funcionamiento. Empecé como voluntario en SPOTT Barcelona, donde estuve un par de años colaborando. Luego lo dejé, y unos cuatro años después volví a contactar con Odontología Solidaria para reprender la colaboración. Desde hace cuatro años, estoy como voluntario en SOPS Badalona.
— ¿Por qué decidistie reengancharte?
— Quería hacer un voluntariado en mi ámbito laboral. Com ya tenía la experiencia de mi primera etapa con Odontología Solidaria, decidí regresar. Yo soy cristiano evangélico, y sigo la enseñanza de Jesús en cuanto a acercarse a los demás, ayudarlos y entender sus necesidades. En este sentido, colaboro en distintas entidades. Soy voluntario de Amics de la Gent Gran, donde hago acompañamiento a una abuela de 103 años, que es la veterana de la ONG. En la comunidad de mi iglesia hacemos donación de alimentos, y también colaboro con la ONG Nova Vida del barrio del Raval en Barcelona, donde hacemos cenas para personas sin techo.
— Dejando de lado la motivación que deriva del aspecto religioso, ¿en esta actividad hay también un componente social?
— Claro que sí. Mi motivación de fondo es espiritual, pero lo que buscaba Jesús, como busco yo, era la justicia social, algo que no existe en el mundo. Se trata de dar un poco de lo que recibes a la gente que lo necesita.
— En Badalona se trata a pacientes con VIH. ¿Qué características especiales tiene trabajar con estas personas?
— Básicamente, son personas que están mal de salud. Hay que estar atento a los tratamientos que se hacen, especialmente en las extracciones, por el tema de la coagulación. Pero para otros aspectos no hay ninguna diferencia.
— ¿Tu experiencia al tratar con estos usuarios?
— Muy buena, hay una relación muy buena. Ellos saben que nosotros somos voluntarios, y siempre hay una disposición especial, y muy buen entendimiento en general, aunque siempre puede haber alguna excepción. Las personas que vienen agradecen mucho el trabajo que hacemos y quedan contentos con él. A parte de prestar un servicio, también recibes mucho de la gente que viene, básicamente su agradecimiento, o el hecho de ver que están contentos cuando salen de la clínica con la boca arreglada, que es algo muy importante para ellos por temas de trabajo. Es la satisfacción de hacer feliz a la gente,
— Esa es tu recompensa, ¿no?
— Sí, aunque no hago esto para buscar una recompensa. Pero sí, te alegra ver que realmente estás haciendo un trabajo necesario, porque hay gente que no tiene posibilidades de ser tratada en otros lugares.
— ¿Crees que en general esta profesión es solidaria?
— Creo que últimamente la cosa ha ido a más, quizá porque en el ámbito profesional en este momento hay más oferta que demanda. En estos últimos años ha habido un cambio bastante importante en la profesión. Existen varias entidades que trabajan en este tema, y otras que trabajan fuera de nuestro territorio. Yo he tenido la posibilidad de colaborar en África. Esto significa que, poquito a poco, esta está siendo una profesión más solidaria.
— Háblanos de la experiencia en África que has mencionado hace un momento…
— Estuve en Guinea Ecuatorial. Estuve 15 días en una clínica odontológica. Hice este voluntariado con una ONG que se llama Más que Salud, que es una entidad cristiana evangélica. Fuimos allí profesionales de diferentes especialidades médicas: medicina general, pediatría, odontología…
— Decías antes que la profesión es más solidaria ahora que antes. ¿Dirías que nuestra sociedad también?
— Yo creo que sí. Y que gracias a ello nuestra sociedad avanzará. Si lo esperásemos de los de arriba, mal irían las cosas. Yo creo que hay mucha solidaridad, mucha gente que se mueve. Creo que en general tenemos consciencia de que hay que ser solidario con el prójimo, porque en un momento determinado puedes ser tu quien necesite ayuda. La vida da muchas vueltas y nunca sabes donde puedes ir a parar. Hoy en día hay mucha información, se mueven muchas cosas, existen muchas entidades, y creo que quien quiere colabora. En este momento no puedes escudarte en el desconocimiento. No hay excusa para no colaborar.
— ¿Y qué habría que hacer para que los de arriba también hicieran lo que corresponde?
— Buena pregunta… Creo que tendrían que ir a pie y tocar un poco más de calle, conocer más la realidad. Me parece que también son conscientes de ello. Últimamente hay partidos políticos que enfatizan más el problema social, ya sea en cuanto a la pobreza energética o el tema alimentario. Yo creo que el dinero puede redistribuirse se otra manera, y que en nuestro mundo no tendría que haber las carencias y diferencias que existen actualmente. Hace falta un cambio de mentalidad a nivel político, que poco a poco va llegando.

“Todos tenemos capacidades para mejorar este mundo”
por Media OS | 16, diciembre, 2016
En 2014, Dimitrii Chursin llegó procedente de Moscú a nuestro país, donde se instaló con su familia. Odontólogo de 33 años, es uno de los voluntarios de la Clínica Solidaria de Valencia, experiencia que valora muy positivamente a lo largo de la conversación que hemos mantenido con él.
— ¿Cuanto tiempo llevas en Odontología Solidaria?
— Empecé la primavera pasada. Me invitó mi esposa, Mariia, que también es voluntaria en la clínica de Valencia. Yo nunca había trabajado en una entidad solidaria, y decidí probarlo. Ahora puedo decir que estoy muy satisfecho con la experiencia, y le doy las gracias a mi mujer por invitarme a la Clínica Solidaria. Hasta ese momento, en realidad yo no sabía que me gustaba ayudar a la gente. Me gusta cuando veo que un paciente está contento, que sale de la consulta con una sonrisa, feliz. Cuando esto pasa, tengo también una sensación de alegría, me da muchas fuerzas para mi mismo. Me da fuerzas para seguir adelante. A veces nuestro trabajo es muy duro, pero cuando ves a un paciente contento, y que te comenta que su vida ha mejorado mucho, es algo que vale mucho la pena. Es un gran estímulo
— ¿Por qué dices que vuestro trabajo es muy duro?
— A veces hay mucho estrés. Se deben tomar decisiones, tenemos una responsabilidad. Los pacientes que acuden a la clínica tienen muchos problemas, y a menudo un problema conlleva otro problema. Normalmente, su estado bucal es un reflejo de su estado general, de la vida que llevan. Nosotros entendemos perfectamente que nuestros pacientes son personas que tienen muchas dificultades, y podemos solucionar al menos una parte de estas dificultades. Para un paciente es muy importante volver a sonreír, no tiene precio.
— Coméntanos un poco cómo es el trato con los usuarios de la clínica en el día a día…
— Depende de las personas. Hay casos muy complicados, sobre todo en los pacientes que tienen algún tipo de discapacidad. Debemos estar preparados para estos casos, prestarles la misma atención, y en ocasiones es algo difícil, porque nos enfrentamos a situaciones bastante complicadas. También hay ocasiones en las que debemos explicar al paciente cuestiones básicas de higiene oral, explicarle por qué su salud bucal es importante y el modo en que ésta influye en su vida. Cualquier tratamiento, por más bueno que sea, no aguantará mucho sin que el propio paciente se esfuerce en mantenerlo: su salud bucal también depende de él. La educación de los pacientes es muy importante.
— ¿Dirías que en Odontología Solidaria has aprendido más a nivel profesional o a nivel humano?
— En los dos niveles. Como te decía, en la parte odontológica nos enfrentamos a casos clínicos complicados que implican tomar decisiones. Normalmente, hablo con mis colegas, con protésicos dentales y con otros odontólogos, para poder elegir una mejor solución para mi paciente. Pero el factor humano influye mucho. Ahora entiendo perfectamente como es trabajar con personas con dificultades de varios tipos, con problemas graves. Es muy importante saber tratar a estas personas, y es la mejor experiencia posible. Para mi todos los pacientes son iguales; según los casos, el abordaje es diferente, pero el resultado tiene que ser siempre el mismo, un buen tratamiento.
— ¿Cómo definirías el ambiente de trabajo?
— Es un ambiente de respeto mutuo, que te aporta la sensación de equipo. En cualquier momento puedes pedir ayuda a tus compañeros de trabajo, siempre funciona el apoyo entre nosotros. Si un compañero no alcanza a atender a su paciente debido al trabajo que tiene, yo me encargo de atender a este paciente para que no espere. Es como una familia, el componente de amistad está presente. Y el respeto, insisto: sin respeto no puede existir un un equipo, ni una familia.
— ¿Cómo explicarías lo que hacemos en Odontología Solidaria a alguien que no supiera nada de nosotros?
— Le diría que lo que hacemos es mucho más que solo trabajo, es otro nivel. Como personas de un mundo abierto, del espacio único que es nuestro planeta, es mejor que nos ayudemos entre nosotros compartiendo nuestra experiencia independientemente del país, de la religión o de lo que sea. Cada uno de nosotros tiene capacidad para mejorar este mundo. Yo no sé hacer muchas cosas, pero soy odontólogo, y si mi trabajo hace un poco mejor este mundo, no deseo más. Cada día vemos como cambiamos la vida de nuestros pacientes, y esto es lo mejor de todo.

“La gente que lo pasa mal no es tan distinta de cualquiera de nosotros”
por Media OS | 30, noviembre, 2016
Conversamos con Lara Vivero, que desde fechas recientes es Delegada Social de la Clínica Solidaria de Madrid. Odontóloga de 23 años, en estos momentos está cursando dos masters, uno en Ciencias Odontológicas y otro de Especialista en atención odontológica integrada en el niño con necesidades especiales, ambos en la Universidad Complutense de Madrid.
— ¿Cuando empieza tu vinculación con Odontología Solidaria?
— Hace algo más de año y medio. Empecé como estudiante, y me he quedado después como odontóloga. Supe de la Fundación por internet. Me puse a buscar ONG que trabajaran en odontología, y encontré OS. Contacte por teléfono, visité la clínica de Madrid, y ya me quedé como voluntaria. Se veía bastante buen ambiente, compañerismo, y me sentí a gusto enseguida. Cuando todavía era estudiante hacía trabajo de auxiliar, ayudaba a los odontólogos, recogía el instrumental, hacía que las cosas fueran más rápidas. Por parte de los odontólogos, ellos me enseñaron mucho, me explicaban lo que iban haciendo, lo que en parte fue un complemento a mi formación. Yo creo que a ellos les gustaba tener a una estudiante ayudando, como a mi me ocurre ahora como odontóloga: me hace ilusión poder transmitir mi conocimiento y contribuir a que la persona que está conmigo sea mejor profesional en un futuro.
— ¿Tenías alguna experiencia previa en organizaciones solidarias?
— Ninguna. Se me había ocurrido muchas veces, pero por falta de tiempo y de información nunca había dado el paso. Entré en Odontología Solidaria cuando ya había terminado cuarto de carrera, tenía todo el verano libre, y quise buscarme alguna actividad relacionada con lo mío y, sobretodo, con la que pudiera ayudar a la gente que lo necesitaba.
— ¿Cómo se percibe Odontología Solidaria en el ambiente estudiantil? ¿Se conoce lo suficiente?
— No, yo creo que no se conoce lo suficiente. Los que eran mis compañeros de clase conocieron Odontología Solidaria porque iba yo, y de hecho tenía un par de compañeros que venían también a la clínica conmigo. Pero en general se conoce poco. Creo que esta es un área que podría potenciarse.
— ¿Qué enseñanzas has sacado de tu experiencia con OS a nivel humano?
— Bastantes. Acabas aprendiendo que realmente la gente que está pasando necesidad o está en riesgo de exclusión social no es tan distinta de ninguno de nosotros. Hay mucha gente que no conoce este sector de la población, que nunca ha tratado con ellos, por lo que a nivel social se aprende mucho. No se trata solo de lo que aportas, creces mucho en lo personal y en lo profesional. Yo comparto plenamente la filosofía de Odontología Solidaria. Creo que los tratamientos odontológicos básicos los tendría que cubrir la Seguridad Social, aunque de momento lo veo lejos, porque la odontología es costosa, y en España no tenemos esa cultura.
— ¿Crees que los poderes públicos reconocen suficientemente la labor que realiza Odontología Solidaria?
— Creo que en este momento estamos empezando a tener un poco más de reconocimiento, estamos recibiendo más subvenciones de organismos que no nos habían dado subvenciones antes… pero también creo que todavía nos queda camino por recorrer en esta dirección.
— Háblanos del día a día en la Clínica de Madrid.
— Hay mucho cambio de voluntarios en el sentido de que alguna gente solo puede venir un par de meses, o luego tiene que dejar de venir por motivos de trabajo, y va entrando gente nueva. También estamos unos cuantos que llevamos ya más tiempo. Pero como te decía antes el ambiente es muy bueno, los trabajadores nos ayudan mucho siempre que tenemos cualquier problema, e intentamos ayudarnos entre todos.
— Eres Delegada Social desde hace poco. ¿Cómo afrontas esta nueva responsabilidad?
— Sí, desde hace poquito. Yo soy una especie de puente entre los voluntarios y la organización. Lo afronto con ilusión, porque entre los voluntarios y la entidad tampoco hay muchos problemas. Nos entendemos bastante bien.

“Todavía podemos hacer cosas entre todos para mejorar la sociedad”
por Media OS | 18, noviembre, 2016
Desde hace unas semanas, José Sanchis es el nuevo Delegado Social de la Clínica Solidaria de Valencia, que desde 1999 trabaja por la salud oral de las personas que no pueden acceder a la salud oral en condiciones de mercado a causa de su situación socioeconómica. José, protésico dental de 52 años, colabora con Odontología Solidaria desde 2008, y afronta con ilusión sus nueva responsabilidad.
— Llevas ya bastantes años implicado en el trabajo solidario de la Fundación. ¿Por qué decidiste dar el paso y formar parte de este proyecto?
— Inicialmente hubo una cosa que me llamaba la atención. Cuando me movía en los ambientes del sector, veía a menudo el adhesivo de Odontología Solidaria. Era algo que me llamó la atención, y sin conocerlo aún, ya intuía que me iba a gustar. Hasta que un día que estaba por la zona de la clínica, me decidí a subir y preguntar. Entonces vi la dinámica de OS, me gustó, y me decidí a colaborar en la medida de lo posible. A partir de este momento, poquito a poquito, fue ampliándose el foco: empecé a conocer a la gente, la manera de trabajar… y hasta el día de hoy. Estoy a gusto con la labor que hacemos.
— ¿Habías colaborado con alguna entidad de acción social anteriormente?
— Sí, pero lo dejé por circunstancias personales durante unos años. Desde bien pequeño, 13 o 14 años, estuve colaborando con Cruz Roja. En Odontología Solidaria he retomado este camino. He visto que no es nada fácil, porque hay que lidiar con bastantes cosas, pero al final las satisfacciones y las recompensas son muchas.
— Háblanos un poco de estas satisfacciones y recompensas de tipo personal…
— La situación social en la calle ahora mismo todos sabemos como está, especialmente en el sector de población que solemos tratar. Ver a las personas que salen de la clínica con esa sonrisa sincera, sin ese temor, sin llevarse la mano a la boca tapándose “la cicatriz” de ir desdentado… la verdad es que llena mucho, te inclina a pensar que todavía se pueden hacer cosas entre todos para mejorar la sociedad. Hay sitio y tiempo para todo y para todos.
— ¿Cómo has visto la evolución de la Clínica Solidaria de Valencia desde que empezaste hasta ahora?
— Poco a poco se ha ido afianzando, y una vez ha tenido una base firme he visto que ha ido bastante ligera, que está funcionando de un modo bastante dinámico. Veo que el ambiente de trabajo en la clínica es muy cordial. Los voluntarios vienen con mucha ilusión, y tratan muy bien a los pacientes, lo cual me encanta. En algunos casos, hay pacientes que parecen temer que les regañen por la situación de su cavidad bucal, pero al ver que mis compañeros les tratan con dulzura y empatía, cambian enseguida. Entre los compañeros el ambiente es muy bueno. Si no hubiera buen ambiente y cordialidad, lo que allí se hace no se podría llevar a cabo.
— ¿Qué le dirías a un compañero de profesión para invitarle a formar parte de Odontología Solidaria?
— Depende de quien fuera, siempre hay que buscar el lado humano de cada persona. Toda las explicaciones que le pudiera dar serían positivas, pero lo realmente bueno sería que nos conociera, que viera a los pacientes… lo que esa persona viviese al conocer como funcionamos.
— ¿Cómo afrontas la responsabilidad de ser el nuevo Delegado Social de la clínica de Valencia?
— Mi labor consiste en ver las posibles deficiencias que pueda tener la clínica y, sobretodo, las posibles mejoras que se puedan aplicar. También ver de que forma podemos hacer que la dinámica de la clínica sea más fluida. Siempre hay pequeños detalles que pulir. Yo lo afronto con ilusión, por supuesto. Espero colaborar a que la clínica sea todavía más funcional, y que sea beneficiosa para todos: para los pacientes y para los voluntarios. Todo el mundo puede y debe aprender de los demás.

“Facilitar a los dentistas que puedan realizar labores solidarias es uno de los objetivos de nuestro Colegio”
por Media OS | 28, octubre, 2016
El doctor José Luis Rocamora Valero se licenció primero en Medicina y Cirugía General (1983), para después hacerlo en Odontología en 1986, año en el que comienza el ejercicio de la profesión de dentista en Alicante. En 1995 entró en la Junta del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Alicante (COEA) como secretario y en 2003 asumió la presidencia, cargo que actualmente desempeña. El COEA cuenta en la actualidad con más de 1.000 colegiados.
— ¿Cuales son las principales dificultades a las que se enfrentan los profesionales encuadrados en el Colegio de Alicante?
— La situación es similar a la del resto de profesionales de España. La crisis ha afectado a todos los sectores. También al nuestro. Por desgracia, hoy, un recién licenciado tiene muchas posibilidades de engrosar las listas del paro, de trabajar por contratos precarios o de tener que marcharse al extranjero para poder trabajar dignamente. Pero esto también ocurre en muchas otras profesiones. No es mi intención parecer corporativista, pero sí debo decir alto que es peligroso para la salud que los profesionales que nos encargamos de ella estemos viviendo esta situación de plétora profesional. Somos demasiados dentistas. Alicante ha superado por primera vez en su historia la cifra de los 1.000 dentistas colegiados. Tenemos casi un 40% más de los dentistas que aconseja la Organización Mundial de la Salud.
— ¿Es el COEA un colegio abierto a los ciudadanos?
— Entre las funciones del Colegio está la defensa de la odontología y la defensa de los pacientes. Por ello, nuestro Colegio es también el colegio de todos los pacientes alicantinos y entre nuestras labores está la de informar a los pacientes de los derechos que tienen. También es nuestra función mediar entre el paciente y el dentista para intentar solucionar los problemas que puedan surgir de la mejor manera posible. Cualquier persona que tenga una queja con su dentista puede ponerse en contacto con nosotros.
— Usted se ha mostrado varias veces en contra del denominado “mercantilismo dental”. ¿Puede definir este concepto? ¿Qué solución o soluciones cree usted que tiene?
— En España, cualquier empresario puede abrir una clínica odontológica. Así, cuando una persona llega a la consulta con un problema de salud bucodental, lo primero que podría pasar es que el empresario sólo vea al cliente que tiene delante. No al paciente. Podría solo ver números y aplicar el “todo vale” en los negocios, utilizando sin consideración todos los recursos a su alcance, desde publicidad engañosa a contratos en precario a odontólogos recién licenciados. Este mercantilismo, que no se puede atribuir a todos los empresarios pero que sí está ocurriendo en nuestro país, está haciendo un daño, muchas veces irreparable, en la salud bucodental de los ciudadanos, y está provocando un evidente perjuicio a los profesionales de la odontología, con un creciente desprestigio de los dentistas ante la sociedad. Desde el Colegio de Dentistas de Alicante apostamos por una odontología sin asteriscos, sin letra pequeña en el contrato, sin trampa ni cartón.
— Usted conoce la Fundación Odontología Solidaria. ¿Qué le parecen nuestras finalidades y métodos de trabajo?
— Efectivamente, la conozco, sobre todo a través de nuestra vocal responsable en el COEA del área solidaria. Tengo que destacar su carácter solidario y sus finalidades, basadas en mejorar la salud bucodental de los más desfavorecidos a través de diversas actuaciones. Facilitar a los dentistas alicantinos que puedan destinar parte de su tiempo a esta actividad solidaria es uno de los objetivos del Colegio. Y es muy necesario su trabajo, el de entidades, fundaciones y ONG que nos hagan posible a los profesionales colaborar.
— ¿Desearía y cree posible que algún día se pusiera en marcha una Clínica Solidaria en Alicante? En tal caso, ¿cual sería el grado de implicación del Colegio?
— Como decía antes, es un objetivo de esta Junta Directiva del COEA facilitar a los dentistas alicantinos que puedan destinar parte de su tiempo a la solidaridad. De hecho, por ejemplo colaboramos con algunas ONG para que nuestros colegiados puedan participar en acciones solidarias en países en desarrollo o en campamentos de refugiados. También participamos en la recogida de material necesario para esas actuaciones solidarias. Y desde hace un tiempo estamos poniendo todo nuestro empeño en la creación de una Clínica Solidaria en Alicante, pero todavía están por concretar algunos aspectos y me gustaría dar la noticia a nuestra colegiación cuando realmente sea efectiva. Lo que sí le puedo adelantar es que ya tenemos un amplio listado de dentistas dispuestos a aportar su tiempo en esta futura Clínica Solidaria.
— La sanidad pública no contempla los tratamientos odontológicos que serían deseables. ¿Cree que a medio plazo estas prestaciones formarán parte del sistema público de salud? ¿Cuál es la actitud de las administraciones públicas ante esta cuestión? ¿Y la de los profesionales de la odontología?
— Sinceramente no tengo muy claro que la sanidad pública vaya a incrementar sus prestaciones en materia de salud bucodental, ya que tiene otras prioridades hacia el ciudadano. No creo que a medio plazo cambie mucho la situación, al menos la Administración no ha mostrado interés en ello en los últimos años. Ahora bien, los profesionales de la odontología pensamos diferente. Todo dentista al que le guste su profesión tiene como primer objetivo conseguir una mejor salud para su paciente. Da igual si lo hace en su clínica privada o atendiendo a nivel público. La salud es nuestra finalidad. Ojalá la Seguridad Social cubra, con el mejor sistema posible, las necesidades de la población en materia de salud bucodental.
— Una última pregunta de carácter más filosófico o ideológico: ¿Por qué hay que ser solidario?
— Solidaridad. Del latín, solicitas, lo que hace referencia a una realidad homogénea, entera, unida, donde los elementos que formaban ese todo tenían la misma naturaleza. El ser humano es uno y tiene en su naturaleza ser solidario. Hoy por ti, mañana por mí. A la próxima puedo ser yo o mis hijos los que necesiten ayuda. Es una obligación de todos. Sin excepción. Ser solidario es estar comprometido con la vida. Eso es Justicia. Ser solidario es ser justo.

“Mañana podemos ser nosotros quienes necesitemos ayuda”
por Media OS | 18, octubre, 2016
Íñigo San Luis Bugallo es uno de los voluntarios que dedican tiempo y conocimientos en favor de los más desfavorecidos en una de nuestras clínicas. Tiene su propio centro dental en Bergondo, pero cada quince días, este odontólogo de 50 años acude a la Clínica Solidaria de A Coruña, donde atiende a personas que, a causa de su situación, no pueden acceder a tratamientos de salud bucodental en condiciones de mercado. Hemos hablado con él sobre las motivaciones y experiencias de este voluntariado.
— Empezaste en la Clínica Solidaria de A Coruña la primavera pasada. Anteriormente, ¿habías colaborado con alguna ONG?
— No, ninguna. Era algo que siempre tenía en mente. Hace años había pensado que estaría bien implicarme en temas de cooperación internacional, en Suramérica o en África, pero fue algo que nunca concreté. Era algo que siempre tenía en mente, pero que no hice hasta que conocí este proyecto de Odontología Solidaria, que me pareció fenomenal.
— ¿Y por qué esta vez decidiste dar el paso?
— En mi consulta privada estaba escuchando dramas familiares continuamente, sobre lo mal que lo está pasando la gente por la situación actual, por la crisis. Poco a poco fui viendo que la gente no puede más. A partir de estas constataciones fui tomando más consciencia del tema, y eso fue lo que me llevó a sacar un poquito de mi tiempo. Actualmente colaboro con Odontología Solidaria yendo a la clínica una tarde cada quince días. Con Odontología Solidaria tengo la oportunidad de ayudar aquí, donde realmente se necesita mucho.
— ¿Qué tal la experiencia hasta el momento?
— Muy bien, muy buena. Muy buenos compañeros. Y en cuanto a los pacientes, ves que son gente que valoran tu trabajo, valoran que estés sacando tu tiempo para esto.
— A veces, te encontrarás con pacientes con situaciones personales especialmente duras…
— Si, por supuesto. Y eso lo veo también en la privada, como te decía antes. La situación es muy dura.
— En lo personal, ¿qué te aporta el trabajo solidario?
— Es muy gratificante poder ayudar a las personas en algo de lo que tienes conocimientos. Pero además, también tenemos que pensar que el futuro de la odontología es incierto, y el de nuestras pensiones también. El día de mañana quizás seamos nosotros los que necesitemos ayuda. Hoy estás arriba y mañana no. Es una forma de solidarizarte con toda la gente que tiene problemas, porque yo también puedo ser uno mañana. Eso también me ha llevado a colaborar, pero por supuesto que es muy gratificante y es muy agradecido poder actuar en un campo en el que sé que puedo ayudar.
— ¿Qué te parecen los protocolos, el método de trabajo de las clínicas?
— Creo que está muy bien. Lógicamente, sobre la marcha nos vamos dando cuenta de cosas que se pueden mejorar. Cuando esto ocurre, se plantea y poco a poco se van solventando todas las cuestiones. Las cosas se ajustan sin mayor problema.
— ¿Qué le dirías a un compañero odontólogo para que se implicara en nuestra organización?
— Que es un campo que conocemos, y qué mejor que ayudar en esto. Este compañero, en su consulta, estará dándose cuenta de la triste realidad social igual que yo. Lo animaría diciéndole que se iba a sentir mucho mejor pudiendo ayudar.

“Ser solidario da felicidad”
por Media OS | 30, septiembre, 2016
Despedimos el mes de septiembre entrevistando a nuestro compañero Javier García Asensio, odontólogo de 38 años de edad que forma parte del equipo de voluntarios de la Clínica Solidaria de Fuengirola. Javier, que tiene su propia clínica dental en la población malagueña de Ronda, nos habla en esta conversación de las motivaciones y valores implícitos en su acción solidaria.
— Fuiste de los primeros voluntarios de la Clínica Solidaria de Fuengirola. ¿Cómo has visto la evolución de la clínica desde que empezó a atender pacientes hasta la fecha?
— Al principio había muchas reticencias por parte de la gente. Como ha habido tantos timos, tantos engaños, a mucha gente no le quedaba claro si esto era una forma de captar pacientes o realmente era algo con un fin social. Pero a medida que han ido viendo lo que estamos haciendo, la situación ha cambiado. Cada vez hay más gente, y cada vez la gente se va más contenta. A nivel de clínica estamos muy bien. Pero yo veo que le falta un poco que haya más voluntarios que se impliquen. La clínica tiene un potencial estupendo, tiene buenos equipos, está en un sitio ideal, y creo que todavía no se aprovecha este potencial todo lo que se podría. Lo importante es que durante este tiempo la clínica se ha ido ganando la confianza de la gente. Tenemos incluso pacientes que vienen de Jaén, que está a hora y media de Fuengirola.
— Dices que debería haber más voluntarios. ¿Cómo convencerías a un colega odontólogo para que se implicara en el proyecto?
— Yo creo que el sentido final de nuestra profesión es muy bueno, ya que consiste en ayudar a la gente. Implicarse en Odontología Solidaria es una forma de poder cumplir con la vocación de nuestra profesión, añadiéndole el hecho de no hacerlo por dinero.
— ¿Y qué te motivó a ti para entrar como voluntario en la clínica? ¿Conocías ya la existencia de Odontología Solidaria?
— Sí, sabía que existía Odontología Solidaria desde hacía años, pero la situaba sobretodo en Madrid y Barcelona, no sabía que se estaban abriendo clínicas en otros sitios. Recibí una carta del Colegio de Odontólogos informando del proyecto de Fuengirola, y la verdad es que al principio no le di más importancia… fue mi mujer la que me animó para que me informara más y me implicara. Nosotros somos cristianos, y pensamos que por encima de todo hay que ayudar a los demás. Y si hay la oportunidad de ayudar a la gente, y encima en el ámbito de nuestra profesión, es ideal. La cuadratura del círculo, vamos…
— Así pues, en tu caso ser solidario es un deber…
— Sí. Creo que cada uno tiene el deber de ayudar a los demás en lo que sepa hacer o en lo que esté preparado para hacer. Además, yo pienso que ser solidario da felicidad. Cuando tú eres capaz de ayudar a los demás, a parte de que los demás se benefician, tú mismo te beneficias porque te sientes mejor, porque eres más feliz. Pero también hay una cuestión de justicia social. ¿Cómo no nos vamos a ayudar entre nosotros? Si al lado tengo una persona con una necesidad y se la puedo resolver y tengo los medios para hacerlo gracias a una ONG como Odontología Solidaria, ¿cómo no lo voy a hacer?
— A nuestras clínicas solidarias acuden pacientes que, en ocasiones, tienen una biografía personal muy dura. ¿Qué te aporta el trato con los pacientes?
— Sobretodo perspectiva. Cuando empiezas a hablar con ellos y te cuentan la situación en la que están, te das cuenta de que eres un privilegiado. Piensas que tu sigues teniendo problemas, porque todos los tenemos, pero en comparación con los de estas personas son muy leves. Eso te lleva a pensar que tienes que estar agradecido y tienes que estar contento.
— Como reflejábamos en nuestro último boletín, este verano has colaborado con la ONG Escuela de Solidaridad de Granada. ¿Has hecho más colaboraciones con otras entidades a nivel odontológico?
— Hace unos años estuve en Perú, en la parte amazónica del país. A través de un misionero que conocía, estuve allí un mes. Había montado un equipo dental en el consultorio médico. Nos movíamos por poblaciones que en unos casos solo tenían electricidad unas pocas horas, y en otras simplemente no tenían. Así que durante el día hacíamos extracciones, y cuando daban la luz aprovechábamos para hacer empastes. Había que aprovechar cada minuto. Fue una experiencia muy interesante, y me han quedado ganas de repetir en algún otro proyecto internacional.

“La solidaridad es un valor implícito en nuestra profesión”
por Media OS | 15, septiembre, 2016
Pasado el período vacacional, conversamos con Enrique Llobell, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Valencia (ICOEV). El colegio valenciano concede los Premio Solidaridad, distinción que Odontología Solidaria recibió en 2014 (junto a la ONG Una Sonrisa Para Centroamérica) y, de modo íntegro, en 2015. Cirujano maxilofacial y estomatólogo de 62 años de edad, el Dr. Llobell preside desde hace 6 años el ICOEV, entidad que agrupa a unos 2.000 colegiados. El presidente del Colegio aboga por la inclusión de los tratamientos odontológicos en el sistema público de salud, y destaca que la profesión sanitaria implica una vocación solidaria.
— ¿Qué les impulsó a instaurar el Premio Solidaridad ICOEV?
— Se presentaron trabajos de colegas que realizaban labores sociales por todo el mundo, y creímos que estas iniciativas merecían una ayuda. Como había varios proyectos que solicitaban nuestro apoyo, decidimos que lo mejor era crear unos premios. Al final, hemos decidido darlo a proyectos que se desarrollen en la Comunidad Valenciana. No es que los otros proyectos no sean interesantes, pero pensamos que una acción en el Amazonas, por decir un lugar del mundo, quedaba muy diluido para el colegio profesional de Valencia, y preferimos potenciar más lo que ayuda a los necesitados de nuestra propia comunidad.
— Quizás esta decisión tiene un sentido más marcado en tiempos de crisis como los actuales…
— Sin duda. Si no tuviéramos necesidades en la Comunidad, pensaríamos que sería interesante dar esta ayuda solidaria a otros lugares del mundo. Pero es que en este momento, con la crisis que hay, mucha gente de aquí lo necesita.
— ¿La instauración del Premio denota una afinidad ideológica, por así decirlo, con las personas que emprenden acciones solidarias?
— La gente que emprende estos proyectos merece ayuda y toda nuestra consideración, ya que realizan una labor social que a veces es muy difícil y muy desagradecida. Tienen todo nuestro apoyo.
— ¿Qué razones impulsan a un profesional a ser solidario?
— La respuesta empieza ya en la propia profesión. Somos profesionales sanitarios, y creo que ser solidario es algo que va implícito con nuestra vocación.
— Sin embargo, habrá excepciones…
— Es verdad que en el mundo de la odontología estamos viendo a gente que, por ejemplo, se dedica a poner implantes porque es donde se gana el dinero, y no hace empastes porque no gana tanto. Eso implica poca solidaridad, y también implica poco amor a la profesión, poco interés por conservar los dientes de los ciudadanos. A algunos se les puede tachar de poco solidarios, pero yo insisto en que en el mundo de la sanidad todo empieza con una intención solidaria, una voluntad de ayuda a los demás.
— ¿El sistema público de salud debería ampliar sus prestaciones en materia odontológica?
— Es algo que llevo pidiendo desde mucho antes de ser presidente del ICOEV. Lo de la Seguridad Social en materia odontológica es absolutamente vergonzoso. No sólo debería ampliar las prestaciones, debería cubrir la salud odontológica. Es indecente que se cubran algunas prestaciones que no necesito nombrar, y que a la gente sin posibilidades que no tenga dientes no se le permita llevar una dentadura.
— ¿Tardaremos mucho en conseguir esta cobertura?
— Yo creo que no lo veré. Creo que no hay absolutamente ningún interés por realizar una labor en pro de las personas que no pueden pagarse una dentadura. Esto siempre dependerá de una decisión política, pero mi impresión es que no interesa que la odontología esté dentro de la Seguridad Social, aunque desde la profesión lo pidamos.
— ¿Cree que este es un anhelo mayoritario en la profesión?
— Yo creo que sí. Creo que cualquier persona de bien quiere que el sistema sanitario español cubra todas las necesidades… y la necesidad de poder comer es bastante importante.
— Usted ha visitado en varias ocasiones la Clínica Solidaria de Valencia. ¿Qué ambiente ha percibido en estas visitas?
— Siempre me han recibido en un ambiente excelente, y también me parecen excelentes las personas que hay allí. Es un ambiente positivo, sonriente, como pienso que debería ser siempre el ambiente cuando se trata a los pacientes. Creo que todos los que están allí dentro van para hacer el bien, y por eso tienen la sonrisa ya puesta.
— En estos y otros contactos habrá conocido los métodos y valores de Odontología Solidaria. ¿Qué les parece nuestra ONG?
— Me parece muy bien, y opino que debería tener más apoyo por parte de los políticos. Creo que deberían implicarse un poco más, apoyar más de lo que ya apoyan en aspectos como la mejora del local o en ayudas económicas.

“La solidaridad es una forma de estar agradecido a la vida”
por Media OS | 14, julio, 2016
En Odontología Solidaria no caminamos solos. Siendo el voluntariado la fuerza motriz de la Fundación, nuestros proyectos son también posibles gracias a la complicidad de otras entidades e instituciones. Sirva de ejemplo el Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Albacete, cuya colaboración fue vital en el caso de la puesta en marcha de la Clínica Solidaria de la ciudad castellanomanchega. Ismael Tárraga, de 56 años, preside desde 2014 este Colegio, que agrupa a unos 230 profesionales.
— El Colegio de Albacete acompañó a Odontología Solidaria en este proyecto desde muy temprana hora. ¿Cómo se produjo el primer contacto?
— Fue a los pocos días de haber tomado yo posesión como presidente del Colegio. Coincidí con Dolores Cuenca en la calle de forma casual, y me habló de su intención de montar una clínica solidaria en Albacete. Yo le dije que contara conmigo, porque esa era también mi idea. Ella fue la que propuso la vinculación con Odontología Solidaria, porque ya conocía el funcionamiento de la clínica solidaria de Valencia. Lo tratamos en la Junta del Colegio, y nos pareció bien desde el primer momento. La decisión fue unánime. De hecho, varias personas de la Junta están colaborando actualmente como voluntarios en la clínica.
— Posteriormente, ¿cómo se fue concretando la colaboración del Colegio?
— Sobretodo, en el ámbito institucional. Hicimos gestiones ante la Diputación para solicitar una ayuda. En principio iban a darnos un local, pero como al final no fue posible, solicitamos una ayuda equivalente al global del alquiler del año. Hablamos también con el Ayuntamiento de Albacete en lo relativo a la colaboración de los Servicios Sociales. A la inauguración de la clínica vinieron tanto el alcalde de la ciudad, como la vicepresidenta de la Diputación, además del el obispo de Albacete. También pusimos el proyecto en conocimiento de todos nuestros colegiados, que estuvieron mayoritariamente a favor, y en muchos casos colaboran en la medida que pueden. Así mismo, hemos hecho gestiones ante otras entidades para intentar que nos concedieran ayudas… El Colegio colabora en todo lo que puede y un poco más. La colaboración permanece porque este es un proyecto que también consideramos nuestro, y con este fin estamos trabajando para su continuidad y su éxito.
— ¿Qué balance hace de los primeros meses de actividad de la clínica?
— Un balance muy positivo. Los voluntarios (ya sean higienistas, auxiliares o dentistas), están contentos con el trabajo que se está haciendo. Los pacientes ya están viendo los resultados, y se nota que también están contentos. Han venido muchos usuarios, se está haciendo un gran número de visitas. Yo creo que estamos en la buena línea. Cada día se van incorporando nuevos voluntarios. La profesión se ha implicado con el proyecto, porque ha venido a cubrir un hueco importante. Anteriormente, todos, en nuestras clínicas, hemos hecho cosas de forma altruista con algunos pacientes, y por suerte ahora tenemos una clínica solidaria en la ciudad que hace precisamente eso.
— Esta implicación de la profesión que menciona, denota que existe un espíritu solidario entre los odontólogos de la zona. En su opinión, ¿por qué hay que ser solidario?
— Hay que serlo simplemente porque los que estamos en una mejor situación tenemos que estar agradecidos a la vida. Hay que ayudar a las personas necesitadas de nuestro entorno, ya que formamos parte de una sociedad de la que no nos podemos abstraer. Tenemos que estar en la realidad social. Nuestro trabajo es cuidar sonrisas, y no se me ocurre nada mejor que ver una sonrisa en la cara de las personas que, por sus condiciones económicas, no han podido acceder a una serie de tratamientos. Todas las actuaciones que se hacen en bien del entorno social, acaban por repercutir en una mejor justicia social. Hay que estar presente para compensar un poquito las desigualdades.
— ¿Qué opinión tiene sobre el modo de trabajar y los protocolos de Odontología Solidaria?
— Me parecen bien. Personalmente, creo que hay algo que podría revisarse. Actualmente no se realizan ortodoncias, y yo pienso que se podrían intentar hacer actuaciones ortodóncicas. Lo digo pensando sobretodo en los niños, que son los más perjudicados cuando una familia tiene una situación social desfavorable. Una corrección ortodóncica va a mejorar su salud y su autoestima. Creo que este es un aspecto a reconsiderar.
— ¿Qué impacto tiene la clínica en la población más desfavorecida de la zona?
— Positivo, sin duda. Todo el mundo tendrá que reconocer, y en realidad ya reconoce, que es una gran labor la que estamos haciendo. Cada vez que comento con alguien cosas del proyecto, recibo opiniones positivas. Eso es a diario. Creo que tiene un impacto importante para la profesión, y para situarnos socialmente en el sitio que nos corresponde. Tenemos que hacer esta labor.
— Habla de la necesidad de hacer esta labor como si fuera una obligación moral…
— Exactamente. Todo el mundo tiene la obligación moral de intentar ayudar a los demás. Y cuando digo todo el mundo hablo de los odontólogos, los médicos, los conductores, los albañiles, los carpinteros… Por ejemplo, cuando estábamos acondicionando la clínica de Albacete vinieron carpinteros a ayudarnos, que trabajaron casi de forma altruista. También hay que destacar la colaboración solidaria del ingeniero técnico en el proyecto. De algún modo, todos necesitamos ser solidarios en algún momento.

“Un poquito de cada uno es mucho para todos”
por Media OS | 30, junio, 2016
Jesús López Espinosa, odontólogo de 34 años, empezó como voluntario en la Clínica Solidaria de Madrid hace dos años y medio. Estudió la carrera en la Universidad Europea de Madrid. En la actualidad tiene su propia clínica en la ciudad, y también colabora como especialista en otros centros. Esta es su experiencia y opinión acerca del trabajo que desarrolla Odontología Solidaria.
— ¿Por qué te enrolaste como voluntario en la clínica de Odontología Solidaria en Madrid?
— En un momento dado empecé a buscar sitios donde hacer voluntariado. Mi primera idea era viajar, pero me encontré con el proyecto de Odontología Solidaria en Madrid. Decidí probar, y hasta hoy. La experiencia está siendo muy positiva. Yo solo hago endodoncia, y como hay muchos pacientes que lo necesitan, procuro aprovechar al máximo todo el tiempo que estoy en la clínica, para hacer cuantas más endodoncias pueda. Voy ligerito, y aunque no ando mucho charlando con la gente, el trato con los pacientes es bueno. Entiendo que si puedo hacer una endodoncia más es mejor para ellos que si estoy ahí preguntándoles por la familia y tal. En mi clínica hablo más con la gente, pero aquí procuro sacar todo el trabajo posible, porque es lo que hace falta. La primera idea era ir a la clínica un día cada dos semanas, pero no es raro que me pidan que vaya algún día más, cosa que hago encantado.
— ¿Qué te motiva para ser voluntario?
— La necesidad de la gente. Entiendo que hace falta, y que no es necesario ir muy lejos para colaborar, ya que en el mismo Madrid hay gente que lo pasa mal y a la que podemos atender. Me parece que un poquito de cada uno es mucho para todos. Si tu aportas un granito de arena, contribuyes a que haya un poquito más de justicia social. Hay gente a la que la vida no le ha ido bien, que no ha tenido tanta suerte como nosotros, y no es justo que esta gente o sus hijos no tengan acceso a los tratamientos odontológicos. Yo quiero dedicar una parte de mi tiempo a intentar paliar esto, porque me parece que es lo más justo. Imagínate que todos los dentistas de España lo hicieran, que fueran media hora cada quince días a ver a uno o dos pacientes: todo el mundo, incluida la gente que no tiene recursos, estaría cubierto.
— Hace unas semanas, participaste en la formación que se dio en Badajoz centrada en el trato a pacientes con discapacidad. ¿Qué tal la experiencia?
— Fue interesante. Fuimos a ver el protocolo del Servicio Extremeño de Salud para los niños con discapacidad, porque trabajaremos con la Asociación Hanan de Tetuán en un proyecto de estas características. Me gustó mucho la experiencia de Badajoz, ver como tienen los protocolos y como funciona el tratamiento de pacientes especiales en el hospital con anestesia. Fue muy interesante tratar con el Dr. Rueda. Yo lo conocí en noviembre en Barcelona cuando recibió el Premio OS. Al final de su charla fui a saludarle, pero no hablamos mucho. Cuando estuve en Extremadura con él se estableció una buena relación muy buena.
— ¿Crees que Odontología Solidaria está en un buen momento?
— La parte organizativa no la conozco muy bien. Pero en el día a día veo que va funcionando bien. Creo que damos un buen servicio a los pacientes, y que es una cosa muy bonita. También te digo que siempre se pueden mejorar las cosas.

“Estamos en el mundo para hacer más fácil la vida a los demás”
por Media OS | 15, junio, 2016
Conversamos con Irene Iglesias Rubio, odontóloga de 41 años residente en Segovia. Irene conoció Odontología Solidaria cuando estaba estudiando en la Universidad Complutense de Madrid, y rápidamente empezó a colaborar en la Fundación, llegando a formar parte del Patronato de nuestra entidad. También es una destacada bloguera en temas de salud bucodental.
— Háblanos de tu trayectoria en Odontología Solidaria. ¿Cómo empezó todo?
— Pues cuando todavía estudiaba la carrera en la Complutense. Un amigo tenía que hacer la tesina sobre un tema de prevención que implicaba ver niños, y fue Odontología Solidaria quien le proporcionó la oportunidad de trabajar con ellos. A partir de ahí empecé a colaborar. Primero iba a la Clínica Solidaria de Madrid a ayudar a este compañero, y luego ya me quedé como voluntaria. Mientras estaba estudiando, iba a ayudar a los dentistas. Limpiaba: era muy feliz limpiando los sillones. Desde que estaba en el instituto había querido ser dentista, y con el mero acercamiento a un sillón dental ya estaba muy contenta. Era feliz limpiando los sillones, limpiando los armarios, ordenando el material… No era ni es política de Odontología Solidaria que los estudiantes trabajen con los pacientes, y yo lo compartía. Un tiempo después, a partir del año 2001, entré a formar parte del Patronato, en el que estuve un par de legislaturas. Actualmente no tengo tanta disponibilidad como en los primeros años, pero sigo vinculada de un modo más puntual. Tengo mi “microproyecto” solidario en la cárcel de Segovia, aunque igual sólo me encuentro cada dos años con un paciente que pueda ser atendido con los criterios que tenemos nosotros. Hace escasas semanas he puesto una prótesis, pero creo que no lo hacía desde hacía unos años.
— ¿Por qué al conocer Odontología Solidaria te implicaste tan rápidamente y con tanto entusiasmo?
— Al principio, por ayudar y por conocer de cerca lo que era una clínica dental. Me hizo sentir útil desde el primer momento, y además había muy buen ambiente de trabajo. Pero sobre todo por ayudar, porque cuando tú ayudas, recibes más de lo que das. Ves mundo a través de los ojos de los pacientes, cosas que no verías si te quedaras encerrada en tu mundo de composites e implantes “megaguais”… También por la prevención. La prevención la he conocido solo y exclusivamente a través de Odontología Solidaria: la no agresión, el tener cuidado para que lo que hagas no sea peor que lo que ya trae el paciente. Eso lo aplico constantemente en mi clínica, y es lo que me recuerda mi vocación. Pero insisto en que la motivación principal es ayudar. La solidaridad es importante porque mañana puedes ser tú quien está al otro lado. ¿Cuanta gente estaba bien situada hace cinco o seis años y ahora son pacientes de Odontología Solidaria? Yo creo que estamos puestos en el mundo para hacerle la vida más fácil a los demás. En este aspecto, la odontología, yo puedo ayudar a que la gente tenga la vida más fácil, y otro me ayudará a mi en otra cosa. Cada uno sabe lo que sabe, y yo creo que tenemos la obligación moral de compartir el conocimiento con el resto de las personas.
— ¿La experiencia en el Patronato, fue positiva?
— Totalmente. Fue una época de aprendizaje muy intenso. Yo no era nada al lado de todo lo que sabían mis compañeros, de todo lo eran capaces de dar. Eran gente que estaba muy por encima de mi, como personas y como dentistas. También me di cuenta de que llevar a cabo toda esta labor requiere un trabajo de oficina tremendo, que muchas veces los voluntarios no pueden valorar porque no lo conocen directamente. Las decisiones que se toman nunca son las de una sola persona, siempre son consensuadas, y a veces hay disparidades de criterio, con lo que tenemos de ponernos de acuerdo para que las cosas sigan adelante. Este proceso es muy bonito también.
— ¿Ves a la Fundación en un buen momento?
— Hemos crecido un montón. Ya somos mayores, hemos dejado atrás la fase adolescente en la que nos encontrábamos cuando entré yo. Creo que estamos caminando sobre seguro y que somos la referencia en temas de salud oral y solidaridad en España y en Europa.
— Hace un par de años, empezaste con tu blog Evidientemente, dedicado a temas de salud oral. ¿Con qué objetivo lo lanzaste?
— Surgió porque creo que la odontología es una profesión que la gente no conoce, simplemente la teme. Y creo que la gente tampoco sabe lo barato, lo fácil y lo eficaz que es tener salud bucodental. Hacer llegar este conocimiento paciente a paciente es muy lento, no eres un agente multiplicador. A través de las redes, te das cuenta de que llegas a mucha más gente y eres capaz de conseguir mejor los objetivos de salud. La gente tiene dudas que son muy fáciles de resolver por parte de los dentistas, pero no se lo preguntan. Y a veces los dentistas solo están centrados en arreglar las caries, o en decidir si te ponen una restauración de una porcelana o de otra. Pero eso no arregla la salud, eso solo son parches. Los sanitarios tenemos de comunicar, sabernos explicar, y esto a través de las redes es muy fácil, muy barato, y creo que no se me da mal. El objetivo es explicarle a la población lo que hacemos los dentistas y como prevenir las enfermedades.
— En tu blog afirmas que en el gremio existen ciertos prejuicios contra la lactancia, un tema del que te has ocupado a menudo…
— Hay un desconocimiento atroz de los temas de lactancia entre los dentistas. Es lo mismo que pasa cuando a un pediatra le preguntas sobre dientes, que no tiene ni idea. A veces, dentistas y pediatras dicen cosas que no tienen ninguna evidencia científica. Lo primero que recomiendan ante un niño que tiene caries y al que han visto mamando en la sala de espera es destetar… sin interesarse por la dieta, por el consumo de azúcares, por las condiciones del cepillado, o por el entorno familiar en el que vive el niño. Me da mucha pena que la lactancia, que es un período tan bonito que pasas con tu hijo –y puede durar lo que quieras tú y lo que quiera el niño–, se deje de lado sin investigar más allá.
— De hecho, tu trabajo como bloguera se centra mucho en la salud oral durante el periodo de cero a tres años. ¿Qué especificidades tiene la odontología en este caso concreto?
— Tiene hechos patológicos muy frecuentes como son las maloclusiones y las caries, y los condicionantes de relación que tienen los niños. Cuando tu estás atendiendo a un niño, en realidad no atiendes a un paciente, atiendes a una familia, como mínimo a la díada madre-bebé. No me vale solo explorar al niño, tengo que explorar la unidad familiar. Tengo que conocer como tienen la boca los padres, tengo que ver como es la relación entre madre e hijo y entre los padres, ya que muchas veces si hay mala relación entre los padres esto puede repercutir directamente en la salud bucodental de los niños. El niño puede tener enfermedades, claro que sí, pero no olvidemos que estamos en dentición de leche, y esto es un ensayo para lo que será la dentición definitiva. Si los factores de riesgo que tenemos de bebé siguen más adelante, vamos a tener un adulto enfermo. Esta edad es muy buena para corregir.

“Aquí he encontrado a gente con mucha calidad humana”
por Media OS | 31, mayo, 2016
Hablamos con Rosa María Tarragó durante una pausa de unas jornadas en Badajoz en las que se imparte formación a los voluntarios de Odontología Solidaria que participarán en el proyecto que la Fundación tiene con la Asociación Hanan de Tetuán (Marruecos). Higienista bucodental de 39 años residente en Zaragoza, Rosa María tiene amplia experiencia en el trato con pacientes discapacitados como los que se atenderán en el mencionado proyecto.
— ¿Cómo te implicaste en este proyecto?
— Fue un poco por casualidad. En mayo de 2015, yo formaba parte de la Junta Directiva de la Asociación Profesional de Higienistas Bucodentales de Aragón, que organizó una carrera solidaria a beneficio de Odontología Solidaria. En una reunión con la gente de la Fundación en Zaragoza, se nos habló del proyecto de Marruecos. En ese momento yo trabajaba en el Servicio Extremeño de Salud con el Doctor Jesús Rueda, en una unidad en la que atendíamos a pacientes discapacitados. Lo comenté, la Fundación se puso en contacto con el Dr. Rueda, y desde Odontología Solidaria sugirieron que colaboráramos en la formación de los voluntarios que irán a Marruecos. Estamos formando a los compañeros que viajarán a Tetuán para tratar a personas con discapacidad.
— ¿Qué características especiales tiene el trabajo con este tipo de pacientes?
— El trabajo con estas personas necesita mucha paciencia y mucha formación específica. A veces es parecido a la odontopediatría, pero mucho más complicado. Son pacientes que ha tienen una patología de base, con lo cual están más polimedicados. Lo hay que tienen la lengua más grande de lo normal, o que no pueden abrir bien la boca. También los hay que no degluten bien, o que tienen movimientos incontrolados. El trabajo con el paciente es muy complejo, y además cada discapacidad tiene una singularidad que debes conocer, porque no es lo mismo tratar a una persona con síndrome de Down que a una con autismo, por ejemplo.
— ¿Qué tipo de equipos humanos exige el tratamiento con personas discapacitadas?
— Equipos multidisciplinares. Ya no estamos hablando solo de lo fundamental, del dentista y el higienista, sino que también hay que hablar mucho con los educadores, los centros, las familias… Es muy importante hacer un buen trabajo en cuanto a prevención, intentar que los cuidadores cepillen muy bien a estos pacientes, ya que por muy buen trabajo que tu puedas hacer técnicamente, luego las mejoras deben mantenerse. El discapacitado depende totalmente del cuidador, por lo que es necesario hacer formación en colegios y centros de día tanto para los profesores como para los logopedas como los cuidadores. Se colabora también con terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales y enfermeras de geriatría. Esto de aporta bastante, aprendes muchísimo.
— ¿Y en cuanto al trato con las familias de los pacientes?
— Es fundamental. Con los padres aprendes mucho en lo relativo al trato con los pacientes. Mientras que en odontopediatría lo recomendable es que los padres no estén presentes mientras trabajamos –aunque a veces les dejamos–, en este caso es al revés. El padre y la madre tienen que estar dentro, porque te van a indicar como es el niño: como podemos actuar para que se distraiga o que colabore. Cada paciente tiene una singularidad muy especial, y aunque ya tengas técnicas y experiencia, es complicado trabajar con él sin esta ayuda.
— ¿Esta colaboración con Odontología Solidaria es tu primera experiencia en una ONG?
— Sí, es la primera vez. Con mi marido, que también es sanitario, siempre habíamos hablado de colaborar con una organización así, de manera que cuando conocí Odontología Solidaria estuve encantada. Estoy dispuesta a ayudar en todo lo que pueda para tratar de hacer un mundo más justo. En la Fundación he conocido a gente estupenda y muy solidaria, con mucha calidad humana. Además de ayudar a la gente, creo que también está muy bien conocer a otros profesionales con los que tienes valores en común.

“Para mi, la solidaridad es una obligación moral”
por Media OS | 17, mayo, 2016
Hay personas que, debido a su vinculación a Odontología Solidaria, conocen nuestra Fundación desde distintos prismas. Es el caso de Mayte García Reguero, que ha ocupado distintas responsabilidades en la entidad, desde el voluntariado cuando aún era estudiante, hasta la presidencia de la organización, pasando por otras etapas también significativas. Odontóloga de 38 años de edad, Mayte trabaja en su propia clínica en Madrid, y ha hablado con nosotros de su experiencia en la Fundación.
— ¿Como supiste de la entidad?
— Todavía estaba estudiando. Era estudiante de tercero de odontología, sería en el año 1999. Supe de la existencia de la Fundación por una odontóloga de una clínica a la que yo iba a hacer prácticas. Ella iba de voluntaria a la clínica de Madrid, había colaborado con Mercè Morató en un proyecto que se hizo en la India, y como sabía que yo hacía de voluntaria en Cruz Roja, me habló de Odontología Solidaria. A través de ella conocí la Fundación, porque por aquel entonces no teníamos página web ni nada.
— A partir de este momento, desarrollas una intensa actividad en Odontología Solidaria…
— Empecé a colaborar en la clínica de Madrid, primero como auxiliar porque todavía era estudiante. Cuando acabé la carrera me quedé como voluntaria. Luego estuve trabajando para OS en un proyecto que teníamos con la Comunidad de Madrid. Hacíamos un programa de rehabilitación de drogodependientes en colaboración con la Agencia Antidroga. Odontología Solidaria ganó el concurso público de este programa, y yo me quedé como odontóloga con otra doctora. Hablamos del año 2001. Estuve unos cuantos años trabajando en este proyecto. Más tarde me invitaron a formar parte del Patronato. Entré como vocal, y ya en 2004 colaboré en el proyecto que teníamos en Angola. Fui con Fede Gerona, y unos años después también estuve en Sierra Leona. En paralelo, mientras José Manuel Díaz era presidente de Odontología Solidaria, yo fui vicepresidenta. Y al dejar él el cargo en 2010, la presidencia recayó en mi. Estuve dos mandatos.
— El voluntariado te interesó desde muy joven. ¿Por qué razón?
— Realmente, más que interesarme, para mi es una obligación moral. Para mi, ayudar a la gente en la medida que uno puede es importante, ha sido y sigue siendo una parte muy importante de mi vida. Las cosas hay que mejorarlas. Está muy bien quejarse, pero además de quejarse hay que implicarse y actuar. Siempre lo he pensado. Antes de conocer Odontología Solidaria ya hacía de voluntaria en otros sitios porque, para mi, es algo vital. Siempre he querido aportar, quizá por un cierto afán de justicia social, y en el caso de la odontología, para reivindicar el derecho a la salud bucodental.
— ¿Qué fue lo mejor y lo peor de ser presidenta de Odontología Solidaria?
— Lo mejor, el bagaje personal y lo que aprendí de mis compañeros. La gente me enseñó muchas cosas. Como voluntario, uno siempre está muy satisfecho y muy lleno por el agradecimiento de las personas a las que ayuda. Como presidenta fue una etapa para mi dura, porque yo soy de estar a pie de trinchera y hacer lo que me gusta. Pero hay otras labores que también son necesarias y que quizá son menos gratificantes, más orientadas a la gestión y otras cuestiones que a lo mejor no son una manera de ayudar al prójimo tan bonita ni tan directa. Aprendí mucho de las personas que estaban conmigo en el Patronato, hubo un enriquecimiento personal al tener contacto con gente tan diferente, con pensamiento a veces distinto al mío, pero interesante de todos modos. Aprendí a ver Odontología Solidaria con otros ojos, y a valorar el trabajo que también hace la gente que no está con la mano en el diente, como digo yo, pero que aporta cosas muy importantes. A veces fue duro porque pasamos una época con muchas dificultades económicas, y porque estaba en peligro la sostenibilidad de la entidad. Afortunadamente, gracias al trabajo de todos y a esos malos ratos, hoy estamos donde estamos, y seguimos creciendo.
— Antes nos hablabas de los proyectos en Angola y Sierra Leona en los que trabajaste. ¿Qué recuerdo tienes de estas experiencias en África?
— Creo que es de lo mejor que he hecho en Odontología Solidaria. Conocía bien la situación aquí, pero siempre había querido colaborar en el exterior. Es una de las experiencias más gratificantes que he tenido, porque te abre los ojos a una realidad que hasta entonces solo ves en el Telediario, pero no la hueles, no la tocas, no la palpas. Cuando estás allí ves directamente situaciones que a veces son muy difíciles, ves a la gente pasar hambre y morir de hambre. Fue positivo porque me enseñó lo que es importante en la vida, por qué cosas hay que preocuparse y por qué cosas no hay que preocuparse. Yo ya sabía que era una privilegiada, pero cuando fui allí lo corroboré, y me impulsó a recalibrar mi escala de valores. Cuando llegas allí, quieres ayudar mucho más de lo que puedes realmente. Nosotros, una ONG pequeñita, fuimos con unas expectativas, pero luego la realidad se impone, y ves otras cosas que hay por encima. Pero creo que eso nos hizo ser más realistas, y nos ayudó a plantearnos los proyectos desde otro nivel, mucho más práctico y efectivo, y en colaboración con gente del territorio.
— ¿Cómo ves Odontología Solidaria en este momento? ¿Qué piensas del futuro de la Fundación?
— Habiendo pasado un poco por todos los escalones, estoy muy contenta. Es como un niño pequeñito al que ves empezando a andar solo. Antes éramos pocas clínicas, y nos conocíamos todos. Ahora estamos implantados prácticamente a nivel nacional, hemos crecido, tenemos un voluntariado muy fuerte, y las perspectivas desde luego son muy buenas. Siempre habrá cosas que mejorar, pero como yo he vivido los momentos difíciles, me hace muy feliz ver el punto en el que estamos.

“Siendo voluntaria me siento mejor conmigo misma”
por Media OS | 27, abril, 2016
La Clínica Solidaria de A Coruña tiene dos Delegadas Sociales: Sandra Rabuñal, a quien entrevistamos hace poco tiempo, y Esther Serrano, con quien conversamos hoy. Odontóloga de 40 años originaria de Murcia, en cuya Universidad realizó sus estudios, Esther compagina su trabajo en una clínica privada de la ciudad gallega con el voluntariado en Odontología Solidaria.
— ¿Desde cuando estás en la Clínica Solidaria de A Coruña?
— Desde antes de su apertura. Yo quería hacer un voluntariado aquí, y mi primera idea fue hacerlo en la Asociación Contra el Cáncer, porque como le ha ocurrido a tanta gente, en mi familia ha habido casos de esta enfermedad. Hice unas primeras gestiones en ese sentido, pero justo en aquel momento me acordé de que existía Odontología Solidaria, aunque en aquella época no conocía muy bien la organización, seguramente había visto alguna cosa en Facebook y poco más. Busqué en internet, mandé un correo, y me dijeron que estaba previsto abrir en A Coruña, aunque entonces aún no se sabía en qué fecha exacta. En paralelo, conocí a Brais Andújar, sin saber yo todavía que él formaba parte de Odontología Solidaria, y le pregunté si sabía algo de la Fundación. ¡Y por supuesto que lo sabía, ya que él y Ana Otero eran quienes impulsaban el proyecto! A partir de este momento me vinculo al proyecto y a la entidad.
— Has dicho que en aquella época habías decidido implicarte como voluntaria en alguna organización. ¿Qué te motivó a dar este paso?
— Hace unos años, mi marido decidió irse a formar a Boston, y yo me fui con él. Como sabes, en Estados Unidos le dan mucha importancia al voluntariado, y yo me metí en una asociación de dentistas hispanos que hacía mucho trabajo con las comunidades hispanas, y también captaba chicos para carreras dentales, ya fuera higiene, auxiliar dental, odontología… Esa experiencia me gustó mucho, y cuando volví a España quise seguir vinculada al mundo del voluntariado. Antes de ir a Estados Unidos nunca había explorado esta faceta, y descubrí que me motiva más que muchas otras cosas. Me resulta muy motivador, porque –y a lo mejor es algo completamente egoísta– me siento mucho mejor conmigo misma. Me parece que el trabajo que hacemos en Odontología Solidaria es un modo de hacer justicia, por decirlo de alguna manera… No todo el mundo tiene la suerte que he tenido yo en la vida, y esto es una manera de devolverla.
— Háblanos de tu experiencia en la clínica de A Coruña.
— Fenomenal, la verdad. Desde el primer día. La clínica funciona muy bien, hay muy buena relación con los compañeros, y va aumentado el número de voluntarios. ¡Fíjate si hay buen ambiente, que incluso tenemos una antigua paciente que se ha involucrado como voluntaria! Es una chica venezolana que estudió Comunicación en su país, y ahora viene de voluntaria administrativa… Hay buen rollo y yo creo que se nota mucho. En cuanto al trato con los pacientes, es también muy bueno. Son gente que a menudo te cuenta cosas de su vida que te hacer pensar en lo bien que estás tú. Te ayudan a ganar perspectiva sobre la vida, y a entender que no te puedes quejar ni de la mitad de lo que te quejas. Son muy buena gente y muy buenos pacientes, muy respetuosos y agradecidos.
— ¿Y qué nos dices de tus responsabilidades como delegada social?
— Yo básicamente lo que intento hacer es captar voluntarios, le hablo a todo el mundo de Odontología Solidaria por si quiere colaborar: compañeros de trabajo de otras clínicas, gente de la universidad, lo intento con todo el mundo. Para tratar de convencerlos, les digo básicamente que vengan a vernos y estén un día en la clínica con nosotros. Y luego, que hagan lo que quieran. Lo que hacemos aquí me parece mucho más motivador que el trabajo en una clínica privada, y como todo el mundo se lleva tan bien… creo que esta es nuestra mejor carta de presentación.

“Debemos centrarnos en atender a la población más desfavorecida de nuestro entorno”
por Media OS | 31, marzo, 2016
Rosa Maria Gutiérrez de Pando trabajó muy intensamente con Odontología Solidaria durante la década pasada, realizando proyectos tanto en América Latina como en nuestro país. Médico estomatólogo de 59 años, actualmente desarrolla su labor profesional en un Centro de Atención Primaria de Mataró (Barcelona), labor que combina con su actividad en el sector privado. Rosa Maria ha charlado con nosotros de todo lo vivido, y del rumbo actual de la Fundación.
— ¿De qué época data tu vinculación más activa a Odontología Solidaria?
— Hablamos del año 2000, aproximadamente. Hice algunos trabajos de campo internacionales, y luego participé en la puesta en marcha de la Clínica Solidaria de Granollers.
— ¿Dónde hiciste acción internacional?
— En Bolivia. Estuve el el sur del país, con el proyecto de Izizog, con los indios guaraníes. Conseguimos que se estableciera un dentista allí, y que el enfermero se formara también como protésico. En este momento, funcionan perfectamente por sí solos, trabajan para la comunidad sin ayuda externa. Eso es lo interesante del proyecto, y creo que es uno de los grandes éxitos que ha tenido Odontología Solidaria en el apartado de cooperación internacional. Recuerdo que el dentista boliviano que te comentaba antes se casó con una chica guaraní, de modo que está totalmente integrado en la comunidad. Realicé varios viajes a Bolivia, y tengo muy buenos recuerdos de aquella época. Había otros centros de salud en comunidades más pequeñas, y recorríamos la zona en ambulancia. Se vacunaba a los niños, se desparasitaba, y aprovechábamos también para sacar dientes cuando era necesario. Nos ayudaron el Colegio de Dentistas de Santa Cruz, y unas monjas que había en el área. Gracias a los promotores de salud pudimos hacer una importante labor de prevención, enseñando a los niños de las escuelas y a los adultos de las comunidades higiene oral.
— Como decías, algo más tarde participas en la puesta en marcha de la clínica de Granollers. ¿Cómo fue?
— Hasta entonces, algunos de nosotros, en la consulta privada, atendíamos a personas económicamente desfavorecidas que nos llegaban mediante asistentes sociales o por otros medios, pero esa manera de trabajar no era eficaz ni adecuada. De ahí que se planteara abrir una clínica solidaria como las que ya funcionaban en Madrid o Valencia. Recuerdo que el Doctor Oriol Montaña nos ayudó mucho en esos inicios, hasta que conseguimos un local y empezamos a montar el centro y a trabajar con muchísima ilusión. Teníamos muy claro que esa clínica respondía a una necesidad, por supuesto, pero que también era una forma de reivindicar ante las instituciones, de señalar que nosotros estábamos haciendo un trabajo que, en realidad, les competía a ellas.
— Estuviste también en el Patronato de la Fundación…
— Sí, dos veces, durante dos legislaturas. Fue una experiencia muy interesante, porque en el ámbito del Patronato había muchas visiones distintas. Éramos gente de todas partes. Entre todos fuimos llegando a la conclusión de que, aunque se pudiera hacer acción internacional, lo más importante era lo que teníamos más cerca. Aquí tenemos una gran demanda, a la que es necesario responder.
— Antes de entrar en Odontología Solidaria, ¿habías formado parte de alguna otra ONG?
— No, anteriormente no. Yo supe de Odontología Solidaria gracias a la información que enviaba Mercè Morató desde Menorca dando a conocer la entidad. Me puse en contacto, y un tiempo después fui conociendo a la gente como Alfred Miranda, un protésico que trabajaba en el proyecto SPOTT, Xavier Maristany, Marta Pulido, Rafa Montaña… gente fantástica, un muy buen equipo con el que empezamos a realizar proyectos.
— ¿Cómo valoras la situación actual de Odontología Solidaria?
— Ahora por motivos laborales estoy un tanto desvinculada. Creo que los fundamentos de la entidad siguen siendo los mismos. Son los que son y así debe ser. Pero también veo que se buscan nuevos caminos, cosa que es necesaria. Pienso que hay que buscar nuevas fórmulas para atender a la población más desfavorecida de nuestro entorno. Podemos hacer asesorías internacionales, colaborar en proyectos, pero creo que los recursos deben destinarse mayoritariamente aquí. Hay que agradecer la ilusión, el esfuerzo y la profesionalidad de nuestros voluntarios, que con su trabajo desinteresado han hecho posible que nuestras clínicas distribuidas por toda España puedan atender a tantas personas El voluntariado es imprescindible para continuar nuestra labor, y desde aquí invito a más personas de nuestra profesión a que se unan a nosotros.

“Todavía veo lejos que la odontología entre en la sanidad pública”
por Media OS | 28, febrero, 2016
La primera clínica de Odontología Solidaria empezó a funcionar en Madrid en 1995. Fue posible gracias a la generosidad de Blanca Gómez de Balugera, que cedió su propia clínica a nuestra entidad para tal fin. Blanca, odontóloga de 58 años, actualmente reside ente Ávila y Górliz (Vizcaya). En esta entrevista, nos habla de las circunstancias vividas en aquellos primeros años de andadura de Odontología Solidaria, de la que fue presidenta durante un par de años.
— Procedes de Odontología sin Fronteras, la entidad que en su día se fusionó con Odontología Solidaria. ¿Cómo recuerdas el momento de la fusión de ambas organizaciones? ¿Por qué tomasteis esta decisión?
— Nos pareció que era algo lógico. Supimos de la existencia de Odontología Solidaria y de otra entidad que se dedicaba a lo mismo que nosotros. Nos reunimos en Menorca con esta finalidad, pero esa tercera entidad se salió, no quería saber nada con el resto. Las otras dos decidimos que, como te decía, fusionarnos era lo más lógico. ¡Cómo íbamos a ir separados si lo que queríamos hacer era lo mismo! Se trataba de aunar esfuerzos.
— Previamente a la fusión, ¿cómo te habías implicado en Odontología Sin Fronteras?
— En mi consulta privada había empezado a tratar niños de la Fundación Anar. Conocí a una monja que trabajaba con estos niños, muchachos que estaban acogidos en casas, y les dije que si querían venir a la clínica yo les haría el tratamiento que necesitaran de modo gratuito, para que tuvieran una atención odontológica todos los años. Ese fue el principio. Eran niños que, o bien la Comunidad de Madrid los tutelaba, o bien eran niños sin padres, que vivían en casas con estas monjas, o con psicólogas… Luego fui a Médicos del Mundo para preguntarles si sabían de algún sitio para hacer voluntariado en odontología, y me hablaron de Chema Renilla, de Odontología Sin Fronteras. Entonces me puse en contacto con él y empezamos a trabajar juntos.
— Más tarde, desempeñas un papel muy importante para que se pueda establecer la primera Clínica Solidaria de Madrid, ya que la cedes tu…
— Sí, en 1995. Esa era mi clínica. Yo la dejé porque el tema privado no me gustaba nada, de manera que cedí la clínica.
— Sin embargo, aunque dejaras la actividad, podrías haberla vendido a otro dentista. Pero preferiste cederla a la organización antes que hacer negocio…
— Bueno, sí. Pero como yo tenía ingresos por otro lado, lo pude hacer. La cosa surgió así. Necesitábamos una clínica, y ya está.
— ¿Por qué dices que la odontología privada no te gusta nada?
— Porque a mi me parece que la medicina no debería ser privada. A mi realmente lo que me gusta es la medicina. Veo la odontología como una rama de la medicina, y reivindico que la odontología entre en la sanidad pública. Pero mi sensación es que todavía queda lejos…
— También fuiste presidenta de Odontología Solidaria un tiempo. ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?
— Sí, algo así como un par de años. Yo estaba en Madrid, y a la hora de hacer papeles era más fácil que fuese yo la presidenta. Era por una razón práctica. Tengo un recuerdo muy bueno de esa primera época de Odontología Solidaria. En la clínica de Madrid la gente era muy maja, hicimos un grupo con gente muy agradable y muy solidaria. De primeras estuve como voluntaria. Luego, al establecer los primeros contactos con universidades, y al entrar gente joven, me centré en los temas más institucionales.
— Volvamos al presente. ¿Qué te parece el actual rumbo de la Fundación?
— Pues la verdad es que cuando estuve en la reunión del veinte aniversario, vi que estaba fenomenal, que funcionaba fenomenal. Tuvimos una época de crisis en la que estábamos muy asfixiados, pero con lo que he visto últimamente estoy encantada. Veo que se ha incorporado gente joven y que las cosas funcionan muy bien. Me quedé agradablemente sorprendida.

“Hay una importante actividad solidaria en la odontología”
por Media OS | 27, enero, 2016
José Ramón Frutos, odontólogo valenciano de 39 años, es, pese a su juventud, uno de los miembros más veteranos de nuestra familia, ya que se vinculó a Odontología Solidaria siendo todavía estudiante, y llegó a ostentar cargos de gran responsabilidad en la entidad. Hoy en día, dirige su propia clínica privada, y se mantiene como socio de la Fundación.
— Te implicaste en Odontología Solidaria cuando todavía estabas en la Facultad. ¿Cómo fue?
— Sí, estaba estudiando tercero de Odontología. Hablamos de 1997. Fue porque unas compañeras de clase acudieron a una reunión con un dentista de aquí de Valencia, que era Modesto Revert Bravo. Yo acudí con ellas a esa reunión en la Facultad de Odontología, y allí empezamos a fraguar el proyecto.
— ¿Qué te motivó a acudir a aquella primera reunión y a vincularte al proyecto?
— Siempre he estado vinculado a temas sociales y demás. Y como estaba estudiando, me pareció una buena idea.
— ¿Cómo se consiguió abrir la Clínica Solidaria de Valencia?
— Estuvimos unos años en los que solamente nos reuníamos. Íbamos recaudando dinero, hasta que por fin conseguimos un local, y el mobiliario de la clínica, que nos cedió un dentista de Alicante que se jubiló. Con este material y el dinero recaudado, montamos la Clínica Solidaria donde todavía está hoy día, en la calle Balmes de Valencia. Abrimos en el año 1999.
— ¿Y qué tal esos inicios?
— Fueron muy bonitos, pero también muy duros. Hubo que trabajar muchísimo. Modesto estuvo de delegado el primero, y luego lo fui yo. Dedicábamos muchas horas, tanto de trabajo en clínica como de papeleo, porque teníamos que pedir subvenciones y ayudas, recaudar dinero, hacer socios, dar a conocer Odontología Solidaria. Hicimos un montón de charlas que daban los compañeros. Enseguida se corrió la voz y empezaron a colaborar muchos dentistas, la verdad es que tuvimos bastante ayuda.
— Por lo tanto, ¿consideras que este es un sector solidario?
— A partir de mi experiencia creo que sí. Hombre, no todo el mundo está motivado, pero creo que hay gente que es solidaria de muchas maneras. No se trata solo de ir a colaborar a la clínica, hay personas que no podían pero nos daban aportaciones, o colaboraban puntualmente… Yo me he encontré con muchísima gente, con profesionales muy buenos que colaboraron con nosotros. Es cierto que eso son etapas de la vida, porque a la larga puede hacerse pesado y la gente puede acabar abandonando, pero yo sí creo que hay una importante actividad solidaria en la odontología.
— Estuviste también un tiempo en el Patronato. Háblanos un poco de tu experiencia.
— La verdad es que estuvo muy bien. Conocí a gente de toda España bastante interesante. Al principio estábamos un poco encajonados en Valencia, pero al entrar en el Patronato hacíamos reuniones con gente de todas partes. Ya no era solo por la actividad solidaria, sino por formar parte de un equipo que funcionaba bastante bien.
— Por lo que dices, se deduce que había un aspecto de “familia”, por así decirlo.
— Exacto, sí. Había esta parte de familia, porque había a gente que tenías las sensación de conocer como si fueran amigos tuyos desde hacía muchísimo tiempo. Me acuerdo mucho de José Manuel Díaz López-Dóriga, de Burgos, una persona fantástica que me alegro de haber encontrado.
— ¿Cuanto tiempo estuviste implicado tan activamente a la clínica de Valencia?
— Unos ocho años. El proyecto fue creciendo luego muchísimo, porque teníamos ya algunos trabajadores contratados. Entonces, tenías que dedicar un montón de horas a hacer tu labor como odontólogo, pero también a reuniones, al papeleo, a dirigir algunos aspectos como si fuese ya una empresa… creció muchísimo y llegó un momento en que yo me sentí un poco saturado, pero la verdad es que todo el esfuerzo mereció la pena. Por supuesto que mereció la pena.
— ¿Qué fue lo mejor de esos años?
— Lo mejor, sin duda, fueron los pacientes. De eso no cabe duda. Ver a un paciente satisfecho, ver a una persona que necesitaba un tratamiento y que se lo has podido realizar sin que ella tuviera que costearlo, es una gratificación importante. El agradecimiento de los pacientes ya merece la pena.
— Para acabar, ¿aconsejarías a un estudiante de Odontología, como lo eras tu cuando nos conociste, que se acercara a la Fundación? ¿Qué argumentos le darías?
— Sí. Le diría que va a aprender varias cosas. Primero, el trato con los compañeros. Pasa mucha gente, y captas conocimiento de todo el mundo. Y segundo, va a aprender a tratar con las personas, con unos pacientes muy determinados que a veces tienen muchos problemas, y necesitan que alguien les escuche. No se trata solamente de hacer tratamientos odontológicos, a veces hay que aplicar un poco de psicología. Van aprender a tratar pacientes del mundo real, lo que les va a venir muy bien.

“Trabajando desinteresadamente, siento lo que es ser odontólogo”
por Media OS | 21, diciembre, 2015
Antes de finalizar el año, hemos querido charlar con nuestro compañero Brais Andújar, impulsor de la Clínica Solidaria de A Coruña, que empezó a atender a los primeros usuarios el pasado mes de abril. Brais, odontólogo de 35 años, trabaja en su propia clínica privada en la ciudad gallega, y destina su tiempo libre al voluntariado. Forma parte del Patronato deOdontología Solidaria en calidad de Tesorero. En esta conversación, nos revela los valores que sustentan su trabajo solidario.
— ¿Cómo descubriste Odontología Solidaria?
— En 2009, mi mujer Ana y yo, decidimos montar una clínica dental solidaria, pero no sabíamos de la existencia de Odontología Solidaria. Buscando por internet clínicas parecidas a la que queríamos abrir, dimos con la Fundación. Llamamos, nos invitaron a conocer la clínica de OS en Madrid, y empezamos a establecer lazos.
— ¿Por qué habías decidido montar una clínica dental solidaria? ¿Qué te impulsó a ello?
— Al acabar la carrera, yo había trabajado en Guatemala durante un par de años en una clínica dental solidaria de una fundación norteamericana. Al regresar, quería continuar con este trabajo, quería hacer algo parecido aquí.
— ¿Qué te aportó esta experiencia previa en Guatemala que luego quisiste repetir aquí?
— Cuando trabajas como profesional de la salud sin que el paciente te tenga que remunerar, sientes lo que es verdaderamente la odontología, cual es verdaderamente tu valor como profesional. Sin embargo, cuando hay un intercambio económico, se desvirtúa un poco esta relación con los pacientes. Trabajando desinteresadamente, siento lo que es ser un odontólogo, encuento, por así decirlo, la parte más pura de mi profesión.
— Regresemos a tu primer contacto con Odontología Solidaria. ¿Cómo fue?
— Nos recibieron genial, nos comentaron un poco de qué iba, y un tiempo después conocimos aRafa Montaña, que había venido a Galicia a dar unas charlas en el Colegio de Higienistas. Y poco a poco me fui implicando. Me pareció que Odontología Solidaria era una Fundación sencilla, abarcable y trasparente, de la que inmediatamente quise formar parte. No es como esas ONGs de tamaño enorme, que a veces no sabes muy bien de qué van ni por donde entrar. Odontología Solidaria tiene una función muy clara, está todo muy estructurado.
— ¿En qué momento entras a formar parte del Patronato?
— En 2010, justo cuando la Diputación de A Coruña nos cedió el local. En ese momento se consideró que debíamos tener representación en el Patronato.
— Desde las primeras gestiones hasta que la Clínica Solidaria de A Coruña se puso en marcha pasó bastante tiempo. ¿Cómo fue el proceso? ¿Resultó angustioso en algún momento?
— Pasaron casi seis años, sí. Hubo momentos algo angustiosos, en efecto, porque pasaron lapsos de tiempo de inactividad absoluta y de falta de noticias, episodios de bloqueo institucional y burocrático. Pero es cierto que también contamos con complicidades. La Diputación tiene unos trabajadores sociales magníficos, que siempre han estado ahí, y ellos se encargaron de transmitir nuestro proyecto al político de turno. Gracias a estos trabajadores sociales y al Jefe de Patrimonio, conseguimos que a pesar de los tres cambios de gobierno que hubo durante todo este tiempo, el proyecto siguiera vivo y se consiguiera sacarlo adelante. El papel de estas personas fue fundamental.
— ¿Cómo están las cosas en la Clínica Solidaria de A Coruña en este momento? ¿Se respira buen ambiente de trabajo?
— Actualmente la clínica abre cuatro mañanas a la semana, y tiene un equipo de 35 voluntarios entre higienistas, auxiliares y odontólogos. Hace unos días hemos visto al paciente número 100. En cuanto al ambiente, es muy positivo. De todos los voluntarios que han venido, se han debido de ir un par, porque han cambiado de ciudad. La sensación que da el proyecto es de estabilidad, de crecimiento estable. Cada vez hay más voluntarios, la gente que viene pide trabajar más días, y cada vez nos vienen más pacientes. La gente está comprometida con el proyecto.
— Para acabar, y tras la reciente experiencia de la Asamblea Anual celebrada en noviembre, dinos como ves el presente de la Fundación.
— Creo que esta es una Fundación que da un servicio muy necesario. Y que nunca haremos lo suficiente. Por eso creo que debemos esforzarnos en hacer ver al Gobierno, la necesidad que hay de incorporar al sistema público de sanidad los tratamientos que hacemos. Creo que a través de nuestra Fundación tenemos de trabajar para convencer a las administraciones de que es posible que la sanidad pública asuma estos tratamientos. Estamos creciendo y somos un ejemplo de como se puede gestionar la atención dental a toda la población de una manera viable económicamente.

“Pensaba que los dentistas eran poco solidarios, y descubrí que no”
por Media OS | 31, octubre, 2015
Hoy hablamos con Mercè Morató, médico estomatólogo que 62 años, que fue la principal impulsora y primera presidenta de Odontología Solidaria. Barcelonesa afincada en la isla de Menorca desde hace más de tres décadas, Morató tiene su popia clínica en Es Mercadal. En esta entrevista, explica las circunstancias que culminaron con la fundación de nuestra entidad, así como los primeros pasos de Odontología Solidaria.
– La “prehistoria” de Odontología Solidaria, por así decirlo, tiene que ver con un iniciativa personal tuya, dirigida a captar recursos para mejorar la salud bucodental en los campos de refugiados saharauis.
– Cierto. En 1992, viajé junto a un grupo de médicos de Menorca a los campos, donde no había ningún dentista, aunque sí técnicos que se habían formado en Cuba como ayudantes dentales, y que asumían esta labor. Éramos gente de diversas especialidades, pero la que más trabajo tuvo era yo. Allí conocí al Ministro de Sanidad de la RASD, que me dijo que lo que necesitaban con más urgencia eran dentaduras postizas. De vuelta a Menorca, cogí la Guía Puntex y escribí a todos los odontólogos de España pidiendo ayuda económica para enviar prótesis a los campamentos.
– ¿Cuántos dentistas debía haber en España en aquel momento?
– Unos 20.000. Diseñé un díptico explicando la situación, y pensé que para que las cartas no parecieran publicidad y fueran directamente a la basura, lo mejor era escribir los sobres a mano. Para hacer estos sobres, conté con ayuda de mucha gente: escuelas, asociaciones de vecinos, incluso los militares del cuartel. Entre dípticos, sobres y franqueo, me gasté 85.000 pesetas, que en aquella época era mucho dinero. De los 20.000 dentistas a los que había escrito, me contestaron unos 150, que está muy bien. Yo siempre había pensado que la gente de nuestra profesión no era muy solidaria, pero la verdad es que me respondió gente de toda España. Algunos me decían que no podían aportar dinero, pero ofrecían material. La campaña fue creciendo, me entrevistaron en Gaceta Dental, y entonces fueron los laboratorios los que también ofrecían ayuda.
– A partir de aquí, se forma Odontología Solidaria.
– Sí. Empecé a conocer gente de todas partes interesada en el proyecto. Con Rafa Montaña y August Bruguera, nos fuimos al Sahara a llevar el material que habíamos recogido, y fundamos Odontología Solidaria como asociación en 1994. Poco después, en unas jornadas de salud que se organizan cada año en Menorca, nos reunimos las tres ONGs de nuestro sector que había en aquel momento: estaban Antonio Bascones de Denistas Sin Fronteras, Chema Renilla de Odontología sin Fronteras, y nosotros, además de representantes de diversas entidades como Médicos Sin Fronteras, gente de la Universidad… La intención era juntarnos las tres organizaciones, pero Dentistas Sin Fronteras no quiso sumarse a la iniciativa. Al final, Odontología sin Fronteras y nosotros nos fusionamos bajo el nombre de Odontología Solidaria.
– ¿Qué supuso la unión de ambas entidades?
– Se incrementó el campo de acción. Odontología Sin Fronteras hacían más trabajo en el interior, tenían un “dentobus” con el que atendían a gente en España, y nosotros tocábamos más el ámbito internacional. Con la unión de las dos ONGs, se agruparon dos líneas de trabajo interesantes.
– Háblanos un poco de los proyectos internacionales en los que trabajaste…
– Hicimos un par de proyectos en Cuba, continuamos con proyectos en el Sahara, donde convertimos dos vehículos en clínicas móviles que creo que aún están en funcionamiento y también trabajamos con grupos de mujeres y escuelas. Desde Menorca, y con el apoyo de instituciones como el Govern Balear y el Fons Menorquí de Cooperació, pudimos acometer más proyectos. Fui dos años a India en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, además de trabajar en Ghana, Tailandia…
– ¿Tu motivación personal para implicarte en estos proyectos?
– Es una mezcla del afán por colaborar a que el mundo sea un poco más justo, lo que hace mucha falta, con una necesidad de viajar y conocer a otra gente. Hay una parte egoísta, de enriquecimiento personal en el terreno vital. La gente de los países donde trabajábamos me decía que les daba mucho, y yo pensaba que era al revés. Cuando trabajas con los promotores de salud de los países a los que vas, entras en casa de la gente, ves como viven de verdad, comprendes como están, y eso a mi me motivaba mucho.
– Para finalizar, cuéntanos qué te parece el trabajo de Odontología Solidaria en la actualidad.
– En este momento estoy algo desconectada, pero veo como se trabaja y me gusta mucho. Me parece estupendo que se vayan abriendo clínicas, y que se trabaje sobretodo en España. Respecto a los proyectos internacionales, por mi experiencia creo que solo funcionan cuando la contraparte es la verdadera responsable del proyecto. Hay que trabajar con organizaciones potentes que lleven el peso del proyecto desde allí.

“Si no te implicas, la realidad no cambiará”
por Media OS | 14, octubre, 2015
Marisa Fernández es una de las dos Delegadas Sociales de la clínica de Odontología Solidaria en Madrid. Odontóloga de 32 años, trabaja en dos clínicas privadas de la capital, y saca horas de su vida personal para el voluntariado. Se implicó en la Fundación al poco de acabar sus estudios en la Universidad Alfonso X el Sabio de la capital, aunque ya tenía experiencia previa en el voluntariado desde muy joven, como nos cuenta en esa entrevista.
– Llegaste a la Fundación gracias a internet, ¿verdad?
– Así es. En mi Universidad no sabíamos mucho de Odontología Solidaria, esa es la verdad. Al acabar la carrera, no me salía trabajo, y pensé que al menos podría ayudar a los demás de alguna manera. Así que me puse a buscar por internet alguna ONG relacionada con la materia, y al final contacté con Odontología Solidaria. Años antes ya había colaborado con otras entidades. Siendo adolescente, con la Asociación Española Contra el Cáncer, y cuando fui un poquito más mayor con la Cruz Roja.
– ¿Qué te motivó, siendo todavía adolescente, a implicarte en una entidad de este tipo?
– Eso es como una necesidad de ayudar. Si todos nos quedamos cómodos en nuestro pequeño mundo, sin intentar ayudar a alguien más, tampoco podremos ver más allá… A la Asociación Española Contra el Cáncer empecé a ir con doce o trece años, participando en talleres y, algunos días, compartiendo juegos con niños que estaban en tratamiento. Mi madre me inculcó desde pequeña que hay que intentar ayudar a los demás, y a mi siempre me ha gustado y he seguido haciéndolo todo lo que he podido. Mientras mi situación me lo permita, seguiré con ello. Yo creo que hay que intentar cambiar la realidad, al menos la que tienes más cerca, porque si no te implicas, al final todo queda igual. Si permaneces en tu zona de confort, no cambia nada.
– En Odontología Solidaria se atiende a usuarios que, en algunos casos, pasan por situaciones personales muy complicadas. ¿Cómo es el trato con ellos?
– Sí, la gente que llega a la clínica lo hace a través de los trabajadores sociales. Son personas que no se pueden permitir un tratamiento odontológico por su alto coste. A veces acarrean otros problemas como la depresión, y en en ocasiones también tratamos a personas que, anteriormente, habían tenido problemas de drogodependencia. Pero en el momento en el que una persona acude a nosotros, ya intenta cambiar algo en su vida, la intenta mejorar al menos. Los que han tenido problemas con las drogas, deben llevar ya un tiempo fuera de ellas, querer mejorar… Mi experiencia con los pacientes es que son muy agradecidos. Es verdad que algunos llegan muy nerviosos, porque han estado esperando mucho tiempo, ya que según las épocas la lista de espera puede ser más o menos larga. Nerviosos pero también ilusionados, porque al fin van a tener un tratamiento al que, de otro modo, no podrían acceder.
– Tratamiento que, en un mundo ideal, debería cubrir la Seguridad Social, ¿no crees?
— Por supuesto. Estaría bien que la odontología llegara a la sanidad pública, aunque es muy complicado, ya que los costes son bastante altos. Pero sí, lo ideal sería que todos los problemas sanitarios estuviesen cubiertos por la Seguridad Social.
– Para acabar, háblanos de tu experiencia de trabajo junto al resto de voluntarios de la clínica.
– El ambiente es excelente, y no sólo entre los voluntarios, ya que las dos trabajadoras que hay siempre intentan ayudar en todo lo que pueden, facilitarte las cosas. Entre los voluntarios, yo veo mucho compañerismo. Igual que yo he tenido dudas y algún compañero me las ha aclarado, intento hacer lo mismo con los que están empezando y les doy mi opinión para ayudar. De esta monera, por un lado crece la profesión, y por el otro siempre se da al paciente el mejor tratamiento del que podemos disponer. En el trato con el equipo odontológico, veo que entre todos vamos a mejor, porque siempre estás curioseando, comentando los casos con los compañeros, y eso te ayuda a crecer un poco profesionalmente.

“Hay que aportar al bien común, devolver de algún modo lo recibido”
por Media OS | 30, septiembre, 2015
Marisa Fernández es una de las dos Delegadas Sociales de la clínica de Odontología Solidaria en Madrid. Odontóloga de 32 años, trabaja en dos clínicas privadas de la capital, y saca horas de su vida personal para el voluntariado. Se implicó en la Fundación al poco de acabar sus estudios en la Universidad Alfonso X el Sabio de la capital, aunque ya tenía experiencia previa en el voluntariado desde muy joven, como nos cuenta en esa entrevista.
Si Odontología Solidaria lleva más de dos décadas trabajando, es gracias a muchas personas que, a lo largo del tiempo, han destinado tiempo y conocimientos a esta misión. Entre ellas, el grupo de profesionales del sector que, a mediados de los noventa, impulsaron el nacimiento y primeros pasos de nuestra entidad, compensando con horas de dedicación y toneladas de ilusión los siempre difíciles inicios de una organización como la nuestra. Hoy hablamos con una de las personas que protagonizaron aquellos primeros tiempos de Odontología Solidaria: la odontóloga Adriana Meynet, que trabajó 25 años en una clínica en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), hasta su regreso a su Argentina natal. Desde la ciudad de Paraná, donde reside desde hace ocho años, Adriana recuerda con ilusión aquellos tiempos:
– ¿Cómo llegaste a Odontología Solidaria? ¿Por qué te decidiste a colaborar?
– Estoy tratando de hacer memoria, algo nada fácil para mi, de aquella época de mi vida, hermosa por cierto. Supe de Odontología Solidaria un verano que había viajado a Menorca a visitar a unos amigos. En una charla me contaron que allí vivía una dentista que trabajaba en los campos de refugiados saharauis, que según creían vivía en Es Mercadal y que me averiguarían el nombre…. Así, a los días llegue a casa de Mercè Morató. Por cierto, no había nadie, y la casa estaba abierta de par en par. Creo que dejé un mensaje bajo el parral que luego tantas veces nos cobijó… En ese momento existía por un lado Odontología Solidaria, y por otro Odontología sin Fronteras, y comenzaban las charlas, reuniones, talleres de aprendizaje, la lluvia de ideas y sueños que culminaron en lo que hoy es Odontología Solidaria. Fue un momento mágico, ya que conocí gente maravillosa, de una gran sensibilidad y deseosa de dar, de aportar algo en beneficio de los demás. ¡Cómo me gustaría tener las palabras para trasmitir lo sentido y vivido! La razón por la que me impliqué no la tengo clara. Creo que era más una necesidad, la necesidad de devolver de algún modo algo, todo lo recibido, de aportar algo al bien común. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de conocer otras culturas, de enriquecerme con otras experiencias. Esas creo, fueron las motivaciones principales.
– Más adelante, formas parte del primer equipo de Odontología Solidaria en Can Banús en Badalona. ¿Qué tal fue la experiencia? ¿Qué cosas te aportó?
– Sí, formé parte del primer equipo que trabajo en Can Banús. Ellos habían construido y equipado un consultorio ondontológico, pero no tenían quien llevase a cabo la atención. En ese contexto, se inició la colaboración con Odontología Solidaria, y yo fui la encargada de la atención a los residentes en un principio. Luego se abrió a grupos provenientes de otros centros. Fue muy enriquecedor el tiempo que compartí en el centro. Fue hermoso conocer al padre Josep Costa y a todo su equipo, como así también a los residentes, con sus duras realidades, y al mismo tiempo con la fuerza, la entereza para continuar, agradecidos, ya que habían encontrado un verdadero hogar. Y pude ver el cambio que se producía en muchos de ellos a partir del amor, el respeto y los cuidados que se les brindaban. Sin duda, fue una experiencia única.
– Por último, háblanos de tus experiencias viajando con Odontología Solidaria al Sahara y a Chiapas.
– Tanto los viajes al Sahara como a Chiapas, fueron experiencias inolvidables a nivel personal. Pero me dejaron mucha impotencia, ya que, desde mi modo de ver, fue poco lo que se pudo aportar. Son tan grandes las problemáticas, tantas las carencias, que nuestro aporte no llegaba a ser ni un bálsamo. Indudablemente aprendimos mucho a nivel de organización. Y siempre el saldo más significativo fue conocer personas maravillosas, que luchaban, se arriesgaban por un mundo más justo, más equitativo.

“Aquí aprendo a valorar la vida”
por Media OS | 15, septiembre, 2015
Miguel Artajona, odontólogo de 24 años, ha asumido, pese a su juventud, importantes responsabilidades en la Fundación, ya que en la actualidad es el Delegado Social de la clínica de Odontología Solidaria en Zaragoza. En esta entrevista, nos cuenta como llegó a la Fundación, el camino que ha recorrido, y lo que le aporta en el plano personal su trabajo en Odontología Solidaria.
– Tu primer contacto con Odontología Solidaria se produjo cuando aún estudiabas…
– Eso es. Yo hice la carrera en Huesca, y en la Facultad habían pegado carteles dando a conocer Odontología Solidaria. Con algunos compañeros nos fuimos a informar, pero en ese momento no nos implicamos porque estábamos lejos de Zaragoza. Al acabar la carrera, me acordé, y en octubre de 2013 fui a la clínica, que llevaba muy poquito tiempo abierta.
– ¿Por qué te decidiste a dar el paso?
– Bueno, al principio de todo yo no tenía trabajo, y pensé que colaborando con la Fundación por lo menos haría algo relacionado con lo mío. Luego, atendiendo a los pacientes y conociendo sus historias, me emocioné. Entonces decidí que cuando tuviera trabajo seguiría vinculado a la Fundación de alguna manera.
– ¿Ahora tienes trabajo?
– No me puedo quejar, trabajo para dos clínicas privadas, y cuando puedo me acerco a Odontología Solidaria porque es lo que más me gusta. Cuanto más voy, más me gusta. Y el trato con los pacientes me sigue emocionando. Cuando yo era adolescente, no tuve una vida fácil, y aunque ahora las cosas me van bien, me acuerdo de esa situación. Por eso tratar con los pacientes es algo que, como te decía, me emociona y me llena mucho.
– ¿Qué tal tu experiencia como Delegado? ¿En qué consiste exactamente tu trabajo?
– Muy positiva. Llevo algo más de un año. Al principio me daba apuro, pensaba que quizá era una cargo demasiado grande para mi, pero la verdad es que siempre me he sentido muy apoyado y estoy muy contento. Mi labor aquí consiste en organizar las cosas con antelación para que un mismo día no se junten demasiados doctores y otros días no haya ninguno, y procurar que las relaciones con otras instituciones sean buenas. Hace un tiempo, quizá venía gente más interesada en “hacer mano” que en la parte social, y entonces había que hablar con esa persona y hacerle comprender en qué sitio estamos.
– Como dices, no se trata de “hacer mano” y basta…
– Claro que no. No es de lo que se trata. Aquí procuramos corregir las cosas, dar salida a algo que a mi me parece básico. Ojalá Odontología Solidaria no tuviera que existir, y que la atención que aquí damos estuviera al alcance de todas las personas, pero desgraciadamente me parece que el tema bucal está todavía muy apartado de la sanidad pública.
– ¿Podrías poner algún ejemplo concreto?
– Siempre me acuerdo del caso de una chica muy joven, de 20 años, a la que le dolían los dientes de delante. En la Seguridad Social solo le ofrecieron quitárselos, sin ninguna otra opción. Y ella, lógicamente, prefería aguantarse el dolor. Luego vino a Odontología Solidaria, la tratamos, y aún conserva los dientes. Si en la Seguridad Social se los hubieran quitado, le habrían amargado la vida para siempre. Si con veinte años y toda la vida por delante no tienes dientes delanteros –y en su caso, era evidente que ella no podía pagarse un dentista privado– llevas camino de caer en la marginalidad más absoluta. Nadie te va a dar trabajo, nadie te va a contratar.
– Para acabar, cuéntanos lo mejor y lo peor de tu experiencia con Odontología Solidaria.
– Lo mejor es, sin duda, el trato con los pacientes. Te cuentan sus experiencias, y eso te hace comprender cosas. Te hacen ver que aunque en este momento la vida te vaya bien, nada ni nadie te puede asegurar que las cosas sigan así. Muchos de nuestros pacientes, hasta hace seis o siete años, podían pagarse un dentista. Ahora no. Esto te hace valorar la vida, y ser consciente de las vueltas que puede dar.
– ¿Y lo peor?
– Es que no encuentro nada que decir, porqué es algo que me apasiona tanto, que no podría. Mi experiencia es positiva en todos los sentidos: con los pacientes, con los compañeros… No podría decir nada malo. Yo aquí he encontrado una enseñanza de vida, y eso es algo que valoro muchísimo.

“Acudir a Odontología Solidaria supone un nuevo comienzo para los usuarios”
por Media OS | 29, julio, 2015
Detrás de cada voluntario hay una historia vital. Hoy queremos presentaros a Ana Chaparro, auxiliar de enfermería de 35 años. Ana es la delegada social de la clínica solidaria de de Fuengirola (Málaga), y de su experiencia en la consulta destaca la importancia del trato con los usuarios, así como la buena sintonía con los compañeros.
– Te implicaste en la clínica solidaria de Fuengirola en febrero, cuando empezó a atender pacientes. ¿Cómo supiste del proyecto?
– Pues por un enlace en Facebook que colgó una amiga. Me impliqué desde el primer momento. Necesitaba encontrar una actividad que me ilusionara, y al llegar aquí pensé que esto era justamente lo que me hacía falta.
– ¿Qué tal el trato con los compañeros?
– Aquí me he encontrado con gente fantástica, personas con mucha calidad humana, que saben tratar a las personas. A menudo vemos a usuarios que llegan a la clínica con miedo, o reacios, pero justamente por el trato que reciben, siempre se van contentos y sonriendo. Esta manera de tratar a las personas no se aprende estudiando, sino que sale de dentro. Estoy muy contenta. Hay un ambiente de trabajo excelente porque, en el fondo, no es un ambiente de trabajo. Lo de digo en el sentido de que aquí se viene voluntariamente, sin esa sensación de “me levanto por la mañana para ir a trabajar”. La gente viene porque le gusta estar aquí, y somos como una pequeña familia.
– Como has dicho, algunos usuarios vienen reacios. ¿Cómo suele ser el primer contacto con ellos?
– Intentamos explicarles que esto es un nuevo comienzo para ellos. Que los odontólogos no son personas que les vayan a regañar por como traen la boca, sino que entre todos vamos a ponernos manos a la obra para que tengan una boca sana. A medida que vas tratando con los usuarios, estos van cambiando. Ves como día a día se abren más a nosotros cuando vienen a la consulta, y eso es gracias a los voluntarios. Me encanta ver la evolución de las personas que acuden a nosotros, como se van transformando. Cuando las personas nos apoyamos las unas a las otras y nos tratamos bien, cambiamos el chip: ya vemos las cosas de otra manera, y ese nuevo punto de vista hace que avances en más cosas.
– ¿Recuerdas algún caso concreto?
– Mira, hace pocos días vino a visitarnos un muchacho que empezamos a tratar en febrero, y que traía la boca bastante mal. Vino a darnos las gracias. Completó su tratamiento, le ha salido trabajo, se ha podido independizar… y vino a contárnoslo. Cuando llegó en febrero estaba avergonzado, no quería abrir la boca. Ahora sonríe de nuevo, y eso es muy importante. Cuando no puedes sonreír, te vas encerrando en ti mismo, te aíslas del resto del mundo. Para dar un paso y superar esta situación, es importante tener gente alrededor que te apoye

“Siempre que ayudas, aprendes”
por Media OS | 15, julio, 2015
Durante cinco años, y en una ejemplar muestra de constancia, nuestra compañera Chelo Tutor batalló en diversos frentes con el fin de abrir una clínica solidaria en Zaragoza, objetivo que se alcanzó en 2013. Ella fue, también, la primera delegada del centro, al que actualmente sigue vinculada como voluntaria. Médico estomatólogo de 58 años, Chelo nos habla en esta entrevista del complicado proceso que desembocó en la apertura de la clínica, de sus motivaciones, y de la realidad de la Fundación en este momento.
– ¿Cuándo y por qué empieza tu vínculo con Odontología Solidaria?
– Yo formaba parte de un grupo de dentistas de Zaragoza que estábamos intentando montar algo para atender a la gente necesitada de la ciudad. Entonces conocí a José Manuel Díaz, que entonces era presidente de Odontología Solidaria, quién me comentó que la entidad tenía un protocolo para estos casos. Eso era justamente lo que necesitábamos, porque hasta entonces solo teníamos una idea, pero no teníamos claro como realizarla. En 2005 acudí a la Asamblea que se celebró en Jerez, y ahí ya empezó mi vinculación con OS.
– Sin embargo, pasaron unos cuantos años antes de que el servicio en Zaragoza fuera una realidad.
– Unos cinco años, sí. Tuvimos tres posibles locales que al final no cuajaron… Cuando ya estaba claro que podíamos abrir, la gente se había dispersado, por lo que fuimos convocando de nuevo a todo el mundo para informar de dónde estaba la clínica y el procedimiento que seguiríamos. Recuerdo que abrimos en abril, y hasta junio no pudimos atender a los primeros pacientes. Había que resolver cuestiones burocráticas, establecer vínculos con las instituciones, ponerlo todo al día… Estuvimos un montón de tiempo trabajando en la puesta en marcha, pero al final lo conseguimos.
– En tanto tiempo, ¿nunca te desalentaste?
– Bueno, la verdad es que tuve mis desalientos, pero luego me recuperé. Y fui recuperando al resto de gente. De vez en cuando nos daba un bajón, pero enseguida recuperábamos fuerzas. Lo importante es que al final el proyecto se puso en marcha.
– Tanta constancia requiere motivación.
– Sin duda. Junto con otra gente vinculada al Colegio de Dentistas de Aragón, yo siempre había procurado atender a gente en situaciones complicadeas en mi clínica. Eso es prestar ayuda a nivel personal, pero llega un momento en el que hay que dar un paso más: implicar a otra gente, trabajar de modo organizado, y dar a conocer el servicio a la población que lo necesita.
– Detrás de esta motivación, ¿hay un anhelo de mayor justicia social?
– Bueno, pues sí, pero sobretodo es un afán de ayuda. Siempre que ayudas, aquí o en cualquier otro ámbito, aprendes, te hace sentir mejor y te relacionas con todo tipo de gente, que es lo que a mi me gusta. Claro que anhelo más justicia social, pero tal como veo el país y las cosas que hay a mi alrededor, pienso que lo importante es centrarse en lo más inmediato para que los que lo pasan mal puedan tener un día a día más decente. Y si además se puede reivindicar, pues se reivindica. Yo espero que las cosas cambien y que haya más igualdad, pero eso no pasará de un día para otro. Hacen falta iniciativas y, sobretodo, cambios personales que contribuyan a un cambio más general. Son las actitudes de cada uno las que van haciendo los cambios.
– ¿Como ves Odontología Solidaria en la actualidad?
– Mira, yo veo que es un proyecto muy bonito. Se está trabajando mucho para que se conozca a todos los niveles, y creo que eso es algo muy importante. Y sobretodo creo que nuestros fines y nuestra manera de trabajar están muy claros y nos diferencian. Creo que el trabajo que estamos realizando en España es fantástico en este momento. Estamos atrayendo al voluntariado a gente joven, lo que es esencial. Aunque por razones personales no puedo dedicar tanto tiempo a Odontología Solidaria como en otras épocas, estoy contenta de formar parte de la organización.

“La solidaridad contribuye a una mayor justicia social”
por Media OS | 15, mayo, 2015
Fernando de La Puente, médico estomatólogo de 59 años, ejerce en su propia clínica de Jarandilla de la Vera, municipio de la provincia de Cáceres con cerca de 3000 habitantes y un importante patrimonio histórico. En esta entrevista, hablamos con Fernando de los primeros tiempos de Odontología Solidaria, el actual momento de la Fundación, y el sentido que para él tiene la acción solidaria.
– Tu relación con Odontología Solidaria empieza al poco de fundarse la entidad.
– Así es. Supe de su existencia y enseguida me interesó. Al principio contribuí económicamente, pero poco tiempo después la primera presidenta, Mercè Morató, me propuso trabajar en un proyecto en los campamentos saharahuis, donde viajé un par de veces, además de Guinea Ecuatorial y Cuba.
– Viajes aparte, te implicaste en el ámbito de tu comunidad, Extremadura…
– Fue también a mediados de los noventa, sí. Puse en marcha un programa destinado a dar asistencia bucodental a discapacitados psíquicos y físicos. Durante cinco años, iba al CAMP de Plascencia, que está a unos 50 kilómetros de donde yo vivo, donde enseñaba a las cuidadoras a tratar con los pacientes, hacía extracciones… todo lo que podía, vaya. Los índices CAO bajaron significativamente. Poco tiempo después contacté con Federico Gerona, también compañero en Odontología Solidaria, que empezó a hacer lo mismo en Don Benito (Badajoz). Con este proyecto, además de atender a personas, se denunciaba lo que no se hacía por parte de la administración. Finalmente, y tras constatar los buenos resultados de la experiencia, la Junta de Extremadura puso en marcha un proyecto para discapacitados pionero en España.
– ¿Denunciar y presionar mediante la acción es, en tu opinión, algo que deben hacer organizaciones como la nuestra?
– Creo que sí, que es un poco una obliogación para las ONG. En la medida de las posibilidades de cada uno, hay que trabajar para que disminuyan las desigualdades entre la gente que no tiene nada y la que tiene más. Veo a diario que hay mucha gente que lo está pasando mal. La solidaridad es una manera de hacer algo por ellos, de contribuir a que haya un poco más de justicia social. Conseguir una igualdad plena es muy difícil en este momento, pero al menos atendamos a la población más defavorecida. Hay que hacer acción solidaria, pero no para ponerse una medallita, sino para evitar que persistan estas desigualdades tan grandes.
– ¿Cómo ves el actual momento de Odontología Solidaria? ¿Qué le dirías a los jóvenes del mundo odontológico para que se implicaran?
— Veo bien el momento, puesto que se están abriendo nuevas clínicas, y las que ya estaban abiertas van funcionando. Creo que este es el camino. Hay que dar continuidad a los proyectos, y no dejar de lado a la población más próxima a nosotros, siempre en contacto con los servicios sociales. Eso es lo que siempre hemos propugnado en Odontología Solidaria. A la gente joven, la invitaría a hacer algo para los demás sin recibir nada a cambio, pero obteniendo la satisfacción de contribuir desde su campo profesional a un mundo con más equidad.

“En Odontología Solidaria atiendo amigos, no clientes”
por Media OS | 30, abril, 2015
Josep Oliva es el Delegado Social de la clínica solidaria de Granollers. Médico estomatólogo de 67 años, Josep tuvo su propia clínica privada durante más de tres décadas. Actualmente, colabora en gabinetes de otros odontólogos, además de desarrollar una importante labor como voluntario en el seno de la Fundación.
– ¿Cuando conociste la existencia de Odontología Solidaria?
– Cuando la entidad se estableció en Granollers, por mi entorno profesional. Pero no me acerqué a la Fundación hasta hace poco más de un año, cuando me ofrecí para trabajar como voluntario.
– ¿Por qué motivo?
– A lo largo de la vida uno va cambiando de actitudes. Llegué a un momento de mi vida en el que pensé que esto es lo que quería y necesitaba hacer para llenar algunos huecos vitales que antes no había percibido. Noté que me faltaba algo, y resolví implicarme en el mundo de la solidaridad. Al principio pensé en hacer acción solidaria en general, pero luego pensé que, al ser dentista, lo más conveniente era trabajar en el ámbito de la odontología. Es lo que sé hacer, y lo que me gusta hacer.
– ¿Habías colaborado anteriormente con alguna ONG?
– No, en una organización, no. Solamente había hecho acción solidaria a nivel particular. Cuando en mi vida profesional me encontraba con personas que no podían pagar el tratamiento, se lo pagaba yo. Lo he hecho toda la vida. Pero entiendo que para hacer las cosas bien hechas, hay que trabajar en el ámbito de una organización bien estructurada. Actuando de otra forma, uno puede creer que hace lo correcto, pero a la postre no es tan efectivo a nivel social.
– ¿ Y qué tal la experiencia hasta el momento?
– Muy bien, perfecta. Si tratando a los clientes en una clínica convencional ya notas su agradecimiento, en el caso de las personas que acuden a Odontología Solidaria ese agradecimiento tiene una intensidad mayor. Y eso a mi me llena, me hace sentir muy bien. No tiene nada que ver con la clínica al uso. Yo vengo a Odontología Solidaria a tratar amigos, no clientes. El punto de vista es totalmente diferente, y aunque lógicamente actuamos con agilidad para atender al máximo número de personas posibles, el método de trabajo es totalmente diferente, sin cariz “industrial”.
– Dices que el trabajo en Odontología Solidaria “te llena”…
– Sí, sí, y mucho. Esta es una aspiración que yo tenía y que no he podido colmar hasta ahora, o que colmaba de manera esporádica. Si te limitas a dar dinero a una organización, haces algo sin duda positivo, pero no notas directamente el provecho que la gente con necesidades saca de ello. En cambio, aquí lo ves directamente. Eso es lo que me llena, y más en un momento como el actual, con tanta gente que lo está pasando mal, como notamos en el día a día. Creo que vamos en la buena dirección. Ahora acaba de abrir una nueva clínica en A Coruña, y eso es motivo de alegría para todos, ya que de este modo hay aún más gente que puede optar a tener tratamiento dental.

“Para mi, la solidaridad es una obligación”
por Media OS | 31, marzo, 2015
Hoy hablamos con Carmen Durán, médico odontólogo de 59 años de Málaga. Carmen empezó a trabajar con Odontología Solidaria a mediados de los años noventa, y durante las últimas dos décadas ha realizado una intensa labor en diversos países. En su día también impulsó el proyecto de establecer una clínica solidaria en su ciudad, iniciativa que desafortunadamente no prosperó. Actualmente, colabora con la clínica de Odontología Solidaria en la localidad de Fuengirola.
– ¿Cuando empieza tu relación con Odontología Solidaria?
– A mediados de los noventa, cuando participé en un proyecto de la entidad en Guinea Ecuatorial. Posteriormente, he trabajado en proyectos en Sierra Leona, varias veces en India, Perú y México, siempre como miembro de Odontología Solidaria. Después de mi primera experiencia en Guinea, montamos un grupo con odontólogos, enfermeras, educadores, obteniendo por nuestra cuenta la financiación y el material, en lo que contamos con la ayuda de entidades como el Colegio de Odontólogos de Málaga. Estuvimos casi veinte años con estos proyectos.
– ¿Qué te motiva para implicarte en una causa solidaria como la nuestra?
– Mira, yo hago esto porque me gusta, lógicamente, pero fundamentalmente porque entiendo que ser solidaria es mi obligación. En este mundo hay unos que tienen más suerte, como nosotros los occidentales, y otros que tienen menos. Yo me siento una persona privilegiada. He tenido mucha suerte, porque tengo de todo: tengo una buena familia, tengo trabajo, tengo dinero… y yo creo que mi obligación es ceder parte de esta suerte a las personas que no han tenido tanta como yo. Pienso que en este mundo hay que compartir. Por eso te digo que si lo que hago no fuera gratificante, creo que también lo haría. Pienso que entre todos tenemos que colaborar a construir un mundo mejor, sin tantas diferencias sociales.
– Hace unos años, se intentó abrir una clínica solidaria en Málaga pero no se consiguió. ¿Por qué?
– Teníamos hasta un local cedido, pero al no encontrar la financiación suficiente para acondicionarlo, lo perdimos. Creo que necesitábamos cinco millones de las antiguas pesetas, pero no conseguimos reunir esa cantidad. Llamamos a muchas puertas, pero solo el Colegio de Odontólogos respondió. No así los bancos, las cajas de ahorros, o la Mútua de Andalucía. El Ayuntamiento de Málaga tampoco quiso subvencionarnos, tal vez porque en aquella época quien ostentaba el poder daba prioridad para las subvenciones a organizaciones de corte religioso, o al menos esa era la predisposición que yo noté…
– Años más tarde, acompañarías el proceso que recientemente ha desembocado en la apertura de la Clínica Solidaria de Fuengirola
– No tanto. Cuando me han necesitado han contado conmigo, pero yo solo me limité a hacer algunas gestiones ante el Colegio, donde tengo buenos amigos. Decir más sería injusto. Se desbloquearon algunas cosas, pero eso no tiene mucho mérito comparado con lo que han hecho Ana Campi y otras personas.
– En todo caso, ¿cómo ves a la gente joven que tenemos ahora mismo en la Fundación?
– ¡Me encanta! Veo a gente comprometida, que se preocupa por los demás. Es cierto que en nuestra sociedad hay muchos jóvenes que ‘pasan’, pero también lo es que contamos con una juventud activa que es solidaria, trabajadora, leal. Esto me hace ser optimista, lo que buena falta nos hace ahora mismo en España, con tanta gente que no tiene trabajo o casa. Es muy necesario que nos impliquemos, que la gente esté a pie de calle, ayudando como vecino y como amigo a quienes lo pasan mal. Yo siempre he inculcado estos valores a mis niños, y ahora mi hija está como voluntaria en la clínica de Fuengirola, de lo que estoy muy orgullosa.

“La solidaridad me ha dado un aprendizaje de vida tremendo”
por Media OS | 27, febrero, 2015
En 1994, José María Renilla formaba parte de Odontología Sin Fronteras, organización que ese mismo año se integró en la recién creada Odontología Solidaria, lo que consolidó el arranque de nuestra entidad. Médico estomatólogo de 56 años en Talavera de la Reina (Toledo), Renilla ha ocupado diversos cargos de responsabilidad en Odontología Solidaria, siendo presidente de la Fundación desde mediados los noventa hasta 2001. Implicado en iniciativas como el “Dentobus” (servicio que durante varios años atendió a escolares de Castilla-La Mancha), y compositor del Rap del cepillo, Chema nos habla del pasado y presente de Odontología Solidaria en esta conversación:
– Fuiste uno de los fundadores de Odontología Sin Fronteras, entidad que rápidamente se integró en Odontología Solidaria. ¿Qué motivó esta fusión?
– Las ideas y objetivos comunes. Ambas entidades nos reunimos varias veces, y tras constatar la coincidencia de planteamiento, decidimos trabajar juntos, lo que también nos daba más fuerza para optar a las subvenciones oficiales. Como la primera entidad que se había creado era Odontología Solidaria (con dos meses de antelación respecto a Odontología Sin Fronteras), decidimos que lo adecuado era continuar juntos bajo ese primer nombre. También se lo propusimos a Dentistas Sin Fronteras, pero en este caso la integración no fue posible.
– ¿Qué experiencia te llevaste de tu etapa como presidente?
— Yo en Odontología Solidaria aprendí mucho. La Fundación me ha dado y me sigue dando mucho, aunque la parte pública del cargo reconozco que me gustaba poco. Si hay que estar en un acto público se está, por supuesto, pero no es lo mío. Yo soy más persona de acción, y por eso he participado en muchos proyectos. He estado trabajando en el Amazonas, en Cuba, en la cordillera de los Andes, en los campos de refugiados de la RASD en el Sahara… a mi me llenan estas experiencias y, por supuesto, el trabajo que se hace aquí. Pero es verdad que a veces toca liderar. El trabajo de liderazgo y organización me gusta, pero como te decía, la parte pública no tanto.
– Dices que has aprendido mucho. ¿En qué aspectos?
— Primero en cuanto a formación, ya que hice unos masters en gestión de ONG donde aprendí toda la parte teórica de dirección y gestión de este tipo de organizaciones. Pero el día a día también te enseña muchísimo. A manejar un proyecto. A integrarte en él. Aprendes como al llegar a una comunidad, tienes de conocer sus necesidades, como son sus gentes, cual es su idiosincrasia, y el modo de adaptarse a lo que ellos son y viven. Todo esto es un aprendizaje de vida tremendo. Uno se acerca al mundo de la solidaridad por el impulso de querer ayudar a los demás, cuando mi experiencia es que, al final, he recibido mucho más de lo que he podido ser capaz de aportar. Recuerdo caras y situaciones. Recuerdo sonrisas de niños en mitad de unos campamentos de refugiados donde no hay nada; en mitad de la selva, donde viven en comunión total con la naturaleza; en Chiapas, donde pese a estar viviendo en una guerra de baja intensidad, la vida era una placer, y participé en una baile en medio de la noche…
– La ganancia, por así decirlo, es humana….
– Hombre, desde luego monetaria no es, ¡ja, ja, ja! Creo que todas estas experiencias han hecho que, como ser humano, haya crecido una barbaridad. Me han hecho más tolerante, más abierto, me han permitido darme cuenta de que hay muchas realidades en el mundo. Me han cambiado el punto de vista. Tanto es así, que el día que me jubile parte de mi actividad va a estar dedicada a la solidaridad. Y me gustaría transmitir esta experiencia a mis hijos. Si alguno de ellos quisiera acompañarme a alguno de los proyectos en los que yo participe en el futuro, estaré feliz y contento, porque sé que les va a enriquecer.
– ¿Queda mucho para que el Derecho Universal a la Salud Oral sea una realidad? ¿Qué debería pasar para que esto sucediera?
– Lo fundamental es que existan más recursos, y eso implica que esté reflejado en la ley. Se empezó a trabajar son la salud bucodental infantil en el sistema público cuando algunas comunidades creyeron que este era un objetivo importante, pero sobre todo cuando algunos líderes sanitarios, entre ellos los del País Vasco, consiguieron que los políticos lo hicieran ley. Al final, a quien hay que trabajarse es a quien legisla. Quizás cada año deberíamos hablar como mínimo con dos o tres responsables de sanidad de partidos políticos para que, poco a poco, vaya calando la idea de que esto es necesario. Si no, difícilmente cambiarán las cosas, ya que los recursos solo vienen si existe una ley que los garantiza.

“Ayudar a los más necesitados me da la vida”
por Media OS | 27, enero, 2015
Federico Gerona, odontólogo de 58 años, es uno de las personas con más recorrido en nuestra Fundación. Odontólogo con clínica propia en Badajoz, ha trabajado como voluntario en varios países de África, continente que ocupa un lugar muy especial en su vida. En esta entrevista, nos habla de su acción solidaria y de los valores que la motivan.
– Entras en Odontología Solidaria poco después de la fundación de la entidad.
– Hablamos de 1996, sí. Yo siempre he tenido bastante inquietud social, y creía que desde mi posición como odontólogo debía hacer algo. Al principio me impliqué solamente como socio. Al cabo de año y medio, Fernando de La Puente, un compañero odontólogo de la zona de Cáceres, me propuso ir a Guinea Ecuatorial con un proyecto de atención odontológica. Fue mi primera labor en África. De regreso, y durante dos años más, con otro odontólogo de Badajoz vinculado a OS trabajamos aquí en Extremadura con un servicio de disminuidos psíquicos, que en aquel entonces no tenían ningún tipo de atención odontológica. Al final conseguimos que se creara una unidad para estas personas en un hospital de referencia en Badajoz, donde hay una unidad que les hace los tratamientos odontológicos que requieren.
– A partir de ese momento, y al no existir una clínica de Odontología Solidaria en Extremadura, trabajas especialmente en África.
– Sí. Además de los dos años en los que estuve viajando a Guinea Ecuatorial, he trabajado en proyectos en Angola durante tres años. En 2005 comencé a ir a Sierra Leona, a donde he viajado desde entonces al menos una vez al año. También he estado en en la República Centroafricana, donde queríamos iniciar un proyecto que, desafortunadamente, no se pudo poner en marcha por la problemática que se ha creado entorno a Boko Haram. Ahora mismo no es viable, pero lo tengo en mente, y creo que retomaremos este proyecto cuando sea posible.
– En Sierra Leona estableciste una gran relación con Manuel García Viejo, el misionero que falleció en septiembre tras contagiarse de ébola.
– Muchísima relación, no solo yo, sino los otros compañeros de Odontología Solidaria que estuvimos trabajando allí. Atendíamos a los pacientes por las mañanas, y por la tardes dábamos grandes paseos con él. Teníamos conversaciones muy profundas con Manuel García Viejo: es una persona que te llena, te marca, te enseña muchas cosas no solo de medicina, sino de la vida. Te hablo de valores, de saber distinguir las cosas de la vida que son importantes de verdad. Manuel ha sido para mí una guía, desde que lo conocí hasta ahora.
– Hablas de él en presente, como si no hubiera muerto…
– Sí, porque lo tengo muy en cuenta. Mi planteamiento de vida desde que él murió es distinto. He decidido prejubilarme lo más pronto posible para poder ir más allí y aportar lo que pueda, que será muy poco comparado con lo que él hacía. Dentro de un tiempo, pienso pasar muchos meses al año en Sierra Leona. Mis hijos mayores están trabajando ya, y desde hace seis años tengo conmigo a Momo, un niño sierraleonés, en régimen de acogimiento. Todos los años –menos éste a causa del ébola– he viajado allí con él, para que no pierda sus raíces.
– ¿Qué tal se porta Occidente con África?
– Se porta en función de los intereses de Occidente. Lo único que le interesa de África a Occidente son los recursos naturales. No le importan para nada las personas, como se ha visto y se sigue viendo con la cuestión del ébola. Se siguen sacando minerales a barullo, y sin embargo se está invirtiendo poquísimo en ayuda a las personas con la enfermedad. En Sierra Leona, la gente se está muriendo al lado de la vía del ferrocarril que lleva el mineral del interior hasta el puerto.
– Llevas casi dos décadas vinculado a Odontología Solidaria. ¿Cómo has visto la evolución de nuestra entidad en todo este tiempo?
— Creo que en los primeros tiempos éramos pocos, gente con muchas ganas de trabajar, por supuesto, pero casi siempre los mismos. Eso duró bastante tiempo, pero ha ido cambiando. En la última Asamblea de Odontología Solidaria en Barcelona, vi muchas ganas, mucha fuerza, mucha gente nueva, altruista, que piensa en los demás. Estoy muy contento. Tras la Asamblea, regresé a casa muy animado, porque vi que hay mucha savia nueva.
– Por tanto, ¿auguras que tenemos un buen futuro?
– Sí, yo creo que pinta bien. Pinta bien, siempre y cuando no olvidemos que esto es un voluntariado. Hay que trabajar con los voluntarios, son ellos los que se tienen que implicar. No podemos ir a golpe de subvención, el “material humano” es lo importante. No cabe pensar en otra cosa. Hacemos esto porque realmente lo sentimos. Y nos aporta cosas, claro. Yo tengo amigos que a veces me dicen que lo que hago tiene mucho mérito, y la verdad es que no es ningún mérito. Para mi, ayudar a “los nadies”, como decía Eduardo Galeano, es un placer. Eso me da la vida.

“El futuro de África es de los africanos”
por Media OS | 01, diciembre, 2014
Fernando Aguiló, Hermano Superior de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Barcelona, recibió el IX Premio Odontología Solidaria el pasado viernes 28 de noviembre en Barcelona. La entrega del galardón tuvo lugar al término de la primera jornada de la Asamblea General de nuestra entidad, en la sede del Col·legi Oficial d’Odontòlegs i Estomatòlegs de Catalunya, a la que el hermano Aguiló acudió acompañado por la Dra. Vicky Fumadó, investigadora del CRESIB y consultora en materia de salud internacional del Hospital Sant Joan de Déu de la capital catalana.
La Fundación Odontología Solidaria ha concedido su premio anual a la Orden de San Juan de Dios por su labor en pro de la odontología en Sierra Leona, país donde tan solo existen dos dentistas. La relación de trabajo y amistad entre la Orden de San Juan de Dios y Odontología Solidaria es estrecha, gracias al trabajo conjunto realizado por ambas entidades en el hospital de Mabessenneh (Sierra Leona) entre 2011 y 2013. Fernando Aguiló enfatizó la labor de la Fundación en el país africano, destinada “a estimular y reconocer el trabajo del personal local, para que ellos mismos sean capaces de trabajar en esta materia”. Esta es, indicó, la línea de trabajo correcta, ya que “el futuro de África es de los africanos”.
En su intervención tras recibir el Premio OS, Fernando Aguiló tuvo también un recuerdo muy especial para el hermano Manuel García Viejo, fallecido el pasado mes de septiembre en Madrid, tras contraer el ébola en Sierra Leona. “Nuestra más sincera gratitud por todo lo que estáis haciendo, no solamente en África, sino también en el cuarto mundo, con los excluidos, con la gente de la calle que atendéis. Creo que esta es una misión admirable, y por eso os doy las gracias por vuestra labor”, señaló el hermano Aguiló al término de su alocución ante medio centenar de asistentes.
Por su parte, Vicky Fumadó puso en valor la coincidencia de valores entre el trabajo de la Orden de San Juan y Odontología Solidaria en África, reiterando que ”la formación del personal local es la clave. Como ha dicho Fernando, África es para los africanos. Son ellos los que tienen que trabajar por África, pero necesitan herramientas que por desgracia no tienen. Tenemos que darles formación, inducir la investigación, inducir el interés y que se cuestionen cosas”. Nuestra sociedad, prosiguió, “debe darse cuenta de que este es un mundo global y las enfermedades también lo son: las enfermedades viajan”.

“La odontología es una profesión de servicio”
por Media OS | 19, noviembre, 2014
Ana Campi es la responsable de la nueva clínica de Odontología Solidaria en Fuengirola. Odontóloga de 36 años, en este momento trabaja en una clínica privada. Empezó a colaborar con nuestra entidad hace diez años, y en la actualidad forma parte del Patronato de la Fundación. En esta entrevista nos habla de su experiencia con Odontología Solidaria, y del proceso que ha culminado con la puesta en marcha de la clínica de la ciudad malagueña.
– ¿Cuando supiste de la existencia de Odontología Solidaria?
– Cuando todavía estaba estudiando la carrera, en Granada. En aquella época, yo ya defendía que la Seguridad Social debería cubrir tratamientos bucodentales, y un profesor me habló de Odontología Solidaria. Pero la cosa quedó ahí, no fue a más…
– ¿Y en qué momento entras en contacto con la Fundación?
– En 2004, cuando me instalé en Barcelona para cursar un posgrado. Empecé como voluntaria en la clínica de Granollers, donde más tarde estuve contratada algunos meses. Luego me fui de viaje, y cuando regresé a Barcelona empecé a trabajar en SOPS, la clínica de la Fundación que trata a pacientes con VIH en Badalona. Estuve allí cuatro años, hasta 2011.
– Cuatro años es mucho tiempo. ¿Cómo fue tu experiencia en SOPS?
– Para mi fue una experiencia preciosa. SOPS es un sitio relativamente complicado, no solo porque los pacientes tienen VIH, sino porque muchos lo han contraído a través del consumo de drogas. Había gente con una historia personal muy dura, casos que nos tocaban mucho, pero que intentábamos afrontar con sentido del humor y dando cariño a los pacientes. Recuerdo que comíamos con ellos en la casa de acogida de Can Banús, y enseguida te acababas involucrando con la gente. Cuando dejé SOPS me fui llorando, porque esa era mi familia en aquel momento.
– ¿En qué momento empieza a fraguarse el proyecto en Fuengirola?
– En enero de 2013, cuando Graciela Gallarreta y yo misma empezamos a visitar diversas instituciones de Málaga para buscar apoyos. Al principio no tuvimos mucho éxito, hasta que una amiga periodista nos sugirió que tal vez la idea podría interesar al Ayuntamiento de Fuengirola, como así fue. Nos entrevistamos con ellos, y a los pocos meses nos enseñaron el local que pensaban cedernos. Luego pasamos otros ocho o nueve meses de incertidumbre por diversas causas (cuestiones técnicas, papeles…), hasta que firmamos el convenio que nos permitió inaugurar la nueva clínica en septiembre.
– ¿Qué te motiva a trabajar como voluntaria?
– La convicción de que todos deberían tener derecho a la salud oral. Vivimos en un país que debería permitirse incluir la odontología dentro de la Seguridad Social. Yo creo que la odontología, como también sucede con la medicina y la enfermería, es una profesión de servicio. Nuestro trabajo consiste en mejorar la salud de la gente. Lo que ocurre es que, actualmente, la odontología se ha mercantilizado tanto, que parece que es un negocio. Es evidente que los profesionales tienen que ganarse la vida, pero sin olvidar que los tratamientos que hacemos son muy importantes para las personas, y que hay gente que no puede acceder a ellos por cuestiones económicas.

“En el trabajo solidario, recibes más de lo que aportas”
por Media OS | 27, octubre, 2014
Entre los muchos amigos que nos acompañaron el pasado mes de septiembre en la inauguración de la nueva clínica solidaria de Fuengirola, tuvimos la suerte de contar con el odontólogo burgalés José Manuel Díaz López-Dóriga. La vinculación de José Manuel con nuestra Fundación viene de antiguo: empezó a implicarse en las actividades de Odontología Solidaria hace cerca de dos décadas, y presidió la entidad durante ocho años. En esta entrevista, nos habla de su etapa al frente de la Fundación, y de los viajes solidarios a Guatemala que realiza desde 1997.
– ¿Cuando contactas por primera vez con Odontología Solidaria?
– En 1995, cuando conozco a los compañeros de la clínica solidaria de Madrid. Tras ese primer contacto, en 1996 viajé al Sahara junto a otros odontólogos bajo el paraguas de Odontología Solidaria, y el mismo año realicé mi primer viaje a Guatemala con la ONG Arenys Solidari. Desde entonces, no he dejado de viajar a Guatemala: entre 1997 y 2002 con proyectos de salud oral financiados por Odontología Solidaria. A partir de esa fecha, he buscado por mi cuenta recursos privados destinados a financiar los proyectos odontológicos que allí se desarrollan.
– Fuiste presidente de Odontología Solidaria bastantes años…
– Sí, dos legislaturas. Entré en el Patronato de la Fundación en 1999, y en 2002 me eligieron presidente, cargo que ocupé hasta 2010.
– ¿Qué fue lo mejor esta etapa?
– Lo mejor… ¡tantas cosas! Odontología Solidaria te da la oportunidad de conocer a mucha gente, de viajar y trabajar en proyectos tanto aquí en España como en el exterior, en los que recibes muchas satisfacciones. Y también es cierto que, en el mundo de la odontología, obtienes cierta consideración como una persona que se preocupa por los demás, una persona de algún modo distinta…
– ¿Y lo peor?
– Bueno, siempre hay problemas, naturalmente. En la época que en que yo fui presidente, la Fundación tenía unos quince trabajadores. En el día a día, esto creaba preocupaciones que, de otro lado, son normales en cualquier entidad o empresa. Esa fue quizás la parte más difícil de llevar.
– Actualmente sigues vinculado a la Fundación como socio…
– Eso es. Vivo y trabajo en Burgos, donde actualmente Odontología Solidaria no desarrolla ningún proyecto. El más cercano está en Madrid. Pero sigo siendo socio, y Odontología Solidaria sigue siendo una parte muy importante de mi vida. De alguna manera, estoy ahí para lo que se pueda necesitar.
– Háblanos un poco más de tus viajes solidarios a Guatemala. Son ya muchos años yendo a trabajar voluntariamente a ese país. ¿Qué te aporta?
– Sigo volviendo cada año porque no lo puedo evitar. Es una forma de cargar pilas y reposicionarme. De averiguar quién soy, qué es lo que tengo, qué es lo que hago, cómo vivo… Es una experiencia enriquecedora al cien por cien. Quizás suene a tópico, pero en estos viajes te acabas llevando más de lo que aportas, porque te dan una perspectiva vital: hacen que te sientas en tu sitio, que valores lo que tienes y, de alguna forma, te sientes más humilde. He visto muchas cosas que hacen que me sienta muy afortunado en la vida. En este mundo de la solidaridad, uno encuentra su propia espiritualidad. Es algo que me realiza, que me hace sentir activo dedicando buena parte de mis vacaciones a estos proyectos.
– ¿Qué le dirías a un joven con inquietudes sociales que estuviera acabando la carrera de odontología? ¿Le aconsejarías que se implicara en las actividades de la Fundación?
– Afortunadamente, en nuestra sociedad hay muchas personas buenas que tienen consciencia social. Más que recomendar, le diría a este hipotético joven que existen organizaciones como la nuestra que, de alguna manera, pueden proyectar sus inquietudes. Cierto es que estamos en momentos muy malos en esta profesión, porque el acceso al mundo laboral en odontología es muy difícil. Puede ocurrir que este joven tenga el deseo de incorporarse a Odontología Solidaria inmediatamente después de acabar la carrera, o que no crea que sea el momento. En este último caso, le diría que estamos ahí. Que la vida es muy larga, y puede que llegue el momento que sí pueda trabajar con nosotros.

“Solo la sonrisa de un niño compensa el esfuerzo realizado”
por Media OS | 01, septiembre, 2013
El burgalés José Manuel Díaz López Dóriga se licenciaba en Medicina por la Universidad de Valladolid en 1981 y en Odontología en Santo Domingo (República Dominicana) en 1987. Su trayectoria profesional pasa básicamente por la Odontología General de forma privada. Durante 11 años (de 1999 a 2010) fue miembro del patronato de la Fundación Odontología Solidaria, los ocho últimos como presidente de la misma.
– Su trayectoria profesional está íntimamente relacionada con objetivos solidarios, ¿cómo se iniciaba esta unión?
– La profesión de Odontología, dentro de las especialidades sanitarias, apenas está cubierta por la Sanidad Pública. Por lo que da pie a la actuación en ayuda a personas con escasos recursos, que desgraciadamente van en aumento en nuestro entorno. Mis primeras inquietudes solidarias se fraguaron durante los estudios de Medicina en Valladolid, colaborando con la ONG Medicus Mundi. Posteriormente durante mi estancia en la República Dominicana durante dos años me hice consciente de la tremenda desigualdad entre el mundo occidental desarrollado y los países subdesarrollados. En la República Dominicana tuve ocasión de contactar con distintas comunidades de religiosos españoles que se esforzaban para ayudar a los dominicanos más pobres.
– Ha participado usted en proyectos de voluntariado dentro y fuera de España, concretamente en Guatemala. ¿Qué le movió a irse tan lejos a desarrollar su trabajo? ¿Cómo fue la experiencia? ¿Qué realidad ha encontrado en sus viajes?
– Desde 1995 he colaborado en proyectos tanto a nivel local en Burgos: atención a los niños saharauis en vacaciones, asesoramiento a entidades locales que trabajan con personas con discapacidad como Autismo Burgos o el CAMP Nuestra Señora de las Mercedes, y entidades que trabajan con inmigrantes como Burgos Acoge y Cruz Roja. A nivel nacional como miembro del patronato y presidente de la Fundación Odontología Solidaria en labores de representación y gestión de los proyectos que se desarrollan en nuestras comunidades. Desde 1996 y durante todos los veranos colaboro y apoyo varios proyectos en el suroccidente de Guatemala, siendo el más importante el Centro de Capacitación San Antonio de Padua (Cecypsa) en la ciudad de Retalhuleu. Es un proyecto para el desarrollo iniciado por el misionero burgalés P. Javier Martínez Moradillo. Entre los distintos aspectos del proyecto hemos impulsado una Clínica Dental en un entorno deprimido económicamente y colaborado con odontólogos locales en la mejora de la salud bucodental de la población infantil. Personalmente el trabajo aportado se ha recompensado con creces con el cariño, agradecimiento, amistad… de muchas personas tanto en España como en otros países. Muchas veces, y aunque parezca un tópico, sólo ver la sonrisa de un niño compensa el haber realizado un importante esfuerzo.También me ha dado la oportunidad de viajar por España y otros países, conocer y colaborar con muchas y maravillosas personas que trabajan unas profesionalmente y otras voluntariamente en nuestra Fundación y que hacen que Odontología Solidaria vaya creciendo y consolidándose para tratar de hacer un mundo un poco más justo.
En definitiva, al final recibes mucho más de lo que entregas.
– Ha sido usted durante muchos años presidente de la Asociación Odontología Solidaria, ¿en qué consiste este proyecto?, ¿cómo se gestaba?, ¿qué logros se han conseguido estos años?
– Odontología Solidaria es una ONG cuyo origen se remonta a 1992, surgiendo desde la inquietud de un grupo de odontólogos y estomatólogos que, individualmente y por separado, habían estado trabajando con distintas organizaciones solidarias en proyectos de desarrollo de países del denominado tercer mundo, y también del cuarto mundo: situaciones de pobreza, exclusión y marginación en el seno de nuestra sociedad. A partir de los conocimientos adquiridos, surgió el deseo de crear una organización específica que permitiese colaborar, desde la parcela del conocimiento en salud bucodental, en la labor de reducir distancias y deshacer diferencias entre el mundo desarrollado y el que sueña con serlo. En la actualidad Odontología Solidaria ha evolucionado fundamentalmente en el desarrollo de proyectos en nuestro entorno o cuarto mundo en donde desgraciadamente las necesidades son cada vez mayores. Los proyectos más importantes consisten en distintas Clínicas Dentales donde la mayoría de las veces odontólogos voluntarios atienden a personas de escasos recursos. Hay Clínicas en Madrid, Valencia, Granollers, La Coruña, San Sebastián y Zaragoza. Por último agradecer a todas las
personas, instituciones, empresas… que aportan su ayuda a nuestra Fundación y desde aquí quiero hacer mención al Colegio de Dentistas de la VIII Región que siempre ha sido muy sensible y dispuesto a colaborar en temas sociales.
Fuente: Gaceta Dental

