Israel Carvajal tiene 28 años y trabaja como director de clínica dental en un centro privado de la ciudad de Madrid. Es voluntario en la Clínica Solidaria de la capital, a la que había acudido anteriormente como usuario. En fechas recientes, ha formado parte de la tercera brigada de voluntarios de la Fundación en Tetuán, en el marco del proyecto conjunto de la Fundación con la Asociación Hanan de la ciudad marroquí.

– ¿Desde cuando eres voluntario en la Clínica Solidaria de Madrid?

– Desde el año 2012. Es mi primera experiencia en una ONG. Yo antes era instrumentista de quirófano, y me quedé sin trabajo. No tenia casi ni para comer, y conocí Odontología Solidaria como usuario. No podía arreglarme la boca por mis medios, y los Servicios Sociales me derivaron a la Clínica de Madrid. Vi el ambiente, y les dije que si les podía echar una mano, ya que por mi profesión conocía los protocolos de enfermería y creía que mi colaboración podría ser útil. Empecé con ellos y enseguida me gustó mucho, y me empecé a formar y a trabajar en el mundo odontológico.

– ¿Por qué este paso?

– Como te decía, empecé como usuario en 2011, y pienso que siempre es importante recordar de donde viene uno. Me gustó el trato, la relación entre los profesionales y los pacientes, la manera de trabajar. Lo que vi allí me gustó más que el trabajo en quirófano que había hecho anteriormente en un servicio cardiológico, donde muchas veces los pacientes fallecían, y eso me superaba. Me motivaba colaborar en la medida de mis posibilidades a construir un mundo más justo, pero también el trabajo en sí. Siempre digo que yo no busqué la odontología, que la odontología me encontró a mi. Fue una estupenda casualidad de la vida.

–   ¿Qué balance haces de estos seis años de voluntariado en la Fundación?

– Muy positivo. Tratar con la gente que no puede pagarse sus tratamientos realmente te gratifica. Me siento bien cuando veo que he podido ayudarlos, quizá porque yo también he estado en esa misma situación y sé todo lo que conlleva. Me siento bien. La relación con los pacientes es muy buena en la inmensa mayoría de los casos. Es verdad que a veces te encuentras con personas que pasan por unas situaciones personales muy duras, y en estos casos no puedes cambiar esas situaciones, sólo puedes ayudarle con la boca. Se llega donde se puede.

– El pasado mes de marzo viajaste a Marruecos con otros voluntarios. ¿Qué tal la experiencia en Hanan?

– Muy buena. Fue muy gratificante, pero también me dio mucha penita ver a tantos niños con tantas necesidades en cuanto a tratamiento dental. Trabajamos muy duro, pero disponíamos de un tiempo limitado, y fue imposible hacer más. Hicimos cuanto pudimos, pero todavía queda mucho trabajo por hacer, ya que la situación que hay allí en Marruecos es complicada. Me gustaría poder regresar pronto con otros compañeros para continuar.

– ¿Piensas seguir mucho tiempo vinculado a Odontología Solidaria?

– Si las circunstancias me lo permiten, toda la vida. Estoy muy satisfecho, te vas contento de la clínica cuando ves que has podido ayudar a esas personas. Ser solidario es algo que sale del corazón.

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